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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 23-02-2012 | Rosario Sasieta

¿MÁS CÁRCELES O CELERIDAD JUDICIAL?

“Donde hay poca Justicia es peligroso tener la razón”

(Quevedo)

 

Hemos sido testigos recientemente de un extraño y alarmante caso, donde un menor víctima de violación termina siendo recluido en el Centro Juvenil de Rehabilitación y Diagnóstico, también conocido como Maranguita, por ser acusado previamente del mismo delito.

 

Trae a colación el caso anterior en que un joven universitario por defender su vida en un frustrado intento de asalto y ejerciendo su derecho a la legítima defensa, termina encarcelado por una jueza acusado injusta y erróneamente de homicidio.

 

Entonces no son casos aislados o meras coincidencias periodísticas que generan espanto en la ciudadanía. En verdad estamos ante situaciones que ponen en peligro a cualquier persona que se encuentre bajo la lupa de la Justicia.

 

A raíz de la reciente fuga de 17 reos del penal de Challapalca todos los expertos, entendidos y peritos, han coincidido en que falta un promedio de diez centros penitenciarios en todo el país. Existe un hacinamiento del 80% y la única manera de resolverlo es a través de más cárceles que puedan albergar a los reclusos de forma decente y en estricto respeto de los derechos humanos.

 

Pero cosa extraña, es una cifra similar de los reos que no tienen sentencia y están privados de su libertad sin que se les haya juzgado. ¿No sería lícito preguntar si lo que falta, aparte de más cárceles es mayor celeridad, infraestructura, ganas, tiempo, recursos, preparación y esfuerzo por parte de los encargados de administrar justicia?

 

Las denuncias periodísticas son reales. No son supuestos o dramatizaciones los casos de confusiones, sentencias erradas, excesos de carcelería, y prevaricato. Todo sumado a esa sensación justificada de falta de seguridad ciudadana nos pone en alerta sin tener certeza real que podemos tener una efectiva y verdadera justicia en el Perú.

 

Los casos antes mencionados se han ido resolviendo por la exposición pública y por una pronta reacción de los encargados directos. Pero, ¿es necesario que la prensa intervenga y denuncie estos atropellos para que no tengamos que presenciar estos casos tan emblemáticos y que no vuelvan a ocurrir?

 

A veces me queda esa extraña sensación de los opinólogos profesionales que siempre terminan sus intervenciones televisivas con el ceño fruncido y exclamando airadamente sin ninguna solución: ¿Hasta cuándo? ¿Cómo puede ser posible? ¡Que alguien haga algo!

 

Hasta el próximo jueves

www.rosariosasieta.org

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