18 de Abril del 2014 - Lima PE

HERRADURA Y LITORAL, RETOS Y MITOS

El mar tuvo una crecida estos días en La Herradura y dañó el muro que está allí hace unos 60 años, separando el edificio Las Gaviotas y la playa. Cuya obra se hizo, evidentemente, sin imaginar que los 80 metros de arena que allí había antes del mar se convertirían después, algunos días, en nada. Desde hace ya 30 años.

 

Son distintos un muro para resolver una bajada y un muro para recibir embates frontales del mar. Las fotos evidencian un muro sin armadura y con piedras ya desunidas. Muro separador, no de contención.

 

Este es el hecho, que sin duda requiere encaminar soluciones y reflexiones más allá del episodio, porque además podría repetirse, habiendo ahora este cambio climático que conlleva mares movidos y con un aumento de su nivel.

 

Lo primero que se debe hacer, si lo que interesa es informar y resolver, es entender por qué eso es así hoy. Por qué cambió tanto y tan mal un muy antiguo equilibrio que ofrecía en La Herradura la mayor playa de arena de Lima, cobijada por el morro de las corrientes que allí llegan oblicuas, y que secularmente dejaban la arena que hoy ya no dejan y a veces se llevan. Y lo siguiente es encaminar una respuesta que debe proteger La Herradura y todo el litoral, en el cual se ha improvisado tanto y tan caóticamente tanto tiempo. Y que ahora se recupera. Y será el gran espacio público de la ciudad, para todos.

 

Allí donde, por ejemplo, Mistura hará su convocatoria este año.

 

En setiembre, medio millón de personas estaremos allí abajo paseando y disfrutando lo que la ciudad ha ignorado durante siglos: su litoral.

 

El otro objetivo ante valorar este hecho puede ser, y al parecer es, sumar mala leche. Esa que sabemos de quién y contra quién viene y va.

 

Titulares y algunos comentaristas fáciles han dicho más o menos que, como la Municipalidad de Lima rescató del abandono esa playa y su malecón, que hoy recuperados lo disfrutan la ciudad y se prodiga allí una vida animada, recreativa, gastronómica y cultural, entonces también le toca controlar el mar.

 

La alcaldesa tendría entre sus competencias lo que la mitología griega asignó a Poseidón, Eolo o Zeus, la biblia judía a Moisés (véase Charlton Heston) y la mitología católica a San Cristóbal, ese del llaverito de nuestras abuelas para no chocar, en que cargaba un globo terráqueo de juguete. Hasta que el Vaticano lo suprimió del santoral. Para no insistir en incómodos errores y excomuniones anteriores (véase Copérnico, Galileo, eso de que la tierra es plana, Darwin...).

 

Hay cuentos, quien los cuenta y quien se los cree.

 

No, los decretos de alcaldía no resuelven este tema y en todo caso el mar no obedece papeles. Pero el problema sigue.

 

En La Herradura ya se ha explicado a quien quiera entender. Al crearse ese camino a La Chira en los años 80 se dinamitó el cerro y esa roca se botó al mar, generando así una barrera y un cambio de las olas, que se arremolinan y se aceleran. Dejan en esas enormes rocas rugosas echadas al mar la arena que traen. Y como se aceleran, ganan fuerza y entonces jalan hacia adentro una arena que ya no traen. Acción y reacción le dice a eso un físico sospechoso de protestante, pero parece que bien informado: Newton.

 

La línea de mar estuvo a 80 metros, luego a 70, 60, 50...

 

Y la celebrada ola de La Herradura es por tanto también dañina y no natural.

 

Debe frenarse hacia el final. Y debe removerse ese montón de roca que fue dinamitada y artificialmente fondeada. Debe reequilibrarse ese escenario.

 

Estudios oceanográficos serios han propuesto además formas de agregar arena, mucha arena, para reequilibrar pronto ese escenario, y no tener que esperar 50 años a que la arena llegue, peor aún, en años ahora perturbados por los cambios climáticos.

 

Esa recuperación costará más dinero que el que la MML tiene, pero debe hacerse.

 

Y además de lo que debe corregirse en La Herradura, se debe corregir ese proceso poco responsable con que cada municipio costero acepta y promueve camiones que van echando lo que quieren al borde del mar. De esos rellenos cualesquiera el mar también se va llevando más de la mitad. Y por tanto se necesita crear una defensa del borde, para poder consolidar y aprovechar esos suelos creados.

 

Ese proyecto de mejor ciudad y ciudadanía debe sumar aportes. Y sería deseable restarle la manipulación de información y el cálculo político oportunista, penosamente mediocre.

 

Lima es, a fin de cuentas, la única capital sudamericana ante el mar. Su proyecto tiene que ver con el mar. Con sumar los litorales de Lima y el Callao, y ofrecer playas a lo largo de más de 100 kilómetros. Con que eso sea parte de la identidad y la vida de la ciudad. De una ciudad a la que queramos. Y no de una que usemos para manejar broncas bajas.

 

Feliz Día del Padre.