Este año que se inicia, nuestro país enfrentará desafíos importantes y que son cruciales para su historia. El discurrir político será fundamental en la manera como los enfrentaremos y esto se inicia en esta primera semana con la presentación del Primer Ministro al Congreso sobre los objetivos, metas y camino que tomará el ejecutivo durante este año.
La excusa de que el gobierno recién comienza ya no es más válida y, por lo tanto, la propuesta tiene que ser sólida y contundente. Desde el cambio del paradigma productivo privilegiando con medidas de política económica, a la producción de mayor valor agregado sobre la producción extractiva y primaria y las nuevas bases sobre las que deben desarrollarse las actividades extractivas. Hoy, a diferencia de 1990 donde tuvimos que dar condiciones excepcionales para que viniera la inversión, somos una de las pocas economías con fuerte crecimiento, y estamos en el vecindario correcto a diferencia de Europa o Estados Unidos, quienes atravesarán largos periodos de incertidumbre en su devenir económico. Quizá este sea el momento de dar muchas facilidades a las inversiones directas de capital y a las empresas que funcionan en esos países, para que se asienten en nuestro país y podamos transformarnos así en un polo de atracción para la producción de bienes de consumo y de tecnología.
Sin embargo esto está supeditado a la forma como podremos resolver los conflictos sociales que hoy nos aquejan y que hacen de nuestro país uno que aún no es muy confiable. El tema no es quién gana, si el ejecutivo de turno o los líderes sociales de turno. El tema es cómo logramos todos que sea el Perú el que gane. El reto no es si Conga va o no va, el desafío es cómo logramos que se haga sin deteriorar nuestro medio ambiente y cómo apoyamos a las autoridades locales a entregar resultados tangibles de progreso a la población.
Donde exista actividad minera, la región, los municipios, el gobierno nacional y las empresas mineras que allí operan, deben establecer una alianza plasmada en un plan de desarrollo y un fondo común que asegure el financiamiento de este plan con metas de corto plazo, de claro beneficio a la población, y metas de mediano y largo plazo que construya la infraestructura física y social que se requiera, así como su crecimiento económico. Esto sería clave para el desarrollo sin problemas de la minería en el país, y aquellas mineras que no quieran aceptar estas condiciones para trabajar en paz y en el largo plazo, pues no debieran ser bienvenidas.
El 2012 también debe ser el año del inicio de los nuevos proyectos de infraestructura, pero, sobre todo, del inicio del cambio cualitativo de la educación. No podemos realizar el gran salto si no generamos peruanos bien educados en la escuela, la universidad y en lo tecnológico. Las empresas que producen valor agregado requieren de recursos humanos bien capacitados.
¿Pero todo esto puede hacerse con una polarización como la que tenemos donde reina la antropofagia política? Quizá el gobierno debiera buscar un acuerdo político que garantice la cooperación de todas las fuerzas políticas en pos de este gran salto que el Perú debe dar este 2012 para pretender convertirse en un país desarrollado y dejar de ser tan solo un país subdesarrollado sentado en un banco de oro.
Luis
Thais