La semana pasada el presidente Humala estuvo en Europa, realizando un trabajo de promoción, en un esfuerzo por incrementar el volumen de inversiones en nuestro país, siguiendo así el buen ejemplo que iniciara Toledo durante su gobierno y que discontinuara García en el suyo. El momento elegido es muy apropiado, ya que en Europa, y en especial en España, existen importantes problemas económicos que posibilitan un flujo de inversiones hacia nuestro país, el cual ofrece mayores seguridades económicas pero que a cambio requiere que estas inversiones no sean especulativas, paguen sus impuestos y respeten el medio ambiente.
El presidente Humala en su discurso puntualizó muy apropiadamente estos conceptos y señaló que más que inversiones en extracción de materias primas o en compra de activos nacionales, que siempre son bienvenidas, el país requiere de inversiones directas de capital que traigan tecnologías que produzcan mayor valor agregado y nos permitan alcanzar un nuevo estadio de desarrollo. El discurso, aunque importante, no es suficiente para que los empresarios europeos realicen inversiones como las reclamadas por el presidente. Para ello se requiere establecer un paquete de incentivos y de políticas que promuevan la llegada de este tipo de inversiones. Sin embargo, aquí es donde el MEF y Proinversión fallan y no están acompañando la buena iniciativa presidencial que daría principio al cumplimiento de una de las promesas más importantes de la hoja de ruta.
Confirma, en ese sentido, la necesidad de establecer estas políticas de promoción de la inversión productiva el anuncio del ministro de economía sobre la existencia de proyectos de inversión por 50 mil millones de dólares para los próximos tres años, de los cuales la mitad corresponden a la minería y el resto son concesiones de infraestructura: Es decir, casi nada para la prioridad de la inversión que impulsa el presidente Humala.
Lo que sí es importante destacar, y que no contribuye al afianzamiento de este propósito, es la inoperancia del Gobierno en todo lo relacionado a la reforma e institucionalización del Estado, el lento despegue de la revolución educativa -hoy enfrascada en la edad del inicio escolar- y los escasos resultados del Ministerio de Inclusión Social.
Tampoco, claro está, sirven mucho las declaraciones políticas del Presidente, que han causado gran impacto en el ambiente político al, prácticamente, rechazar a sus aliados de izquierda que fiel y abnegadamente lo acompañaron cuando su candidatura era casi inviable y combatida por quienes hoy son sus nuevos aliados. El pueblo peruano, creemos, percibe como desleal este tipo de comportamiento en sus líderes, que ilustra tan bien aquel viejo adagio aprista de “en el dolor: hermanos y en el reparto: disciplina, compañeros”. Se avizora pronto un realineamiento de las fuerzas políticas en el Congreso, y creemos que no tan solo en la bancada oficialista. Por ello, consideramos necesario que a su regreso el Presidente Humala se reúna con los líderes de su bancada y con las fuerzas políticas que hasta ahora lo apoyan, para consolidar la gobernabilidad, darle un clima de tranquilidad al país y un nuevo impulso a sus propuestas de cambio. Claro está que, para esta tarea, la inexperiencia gubernamental y política del controversial Premier lo ayuda muy poco.
Luis
Thais