Miércoles 19 de Junio del 2013

Columnistas | 29-01-2012 | Wilfredo Ardito Vega

RITUALES ÉTNICOS DE APAREAMIENTO

 

A algunas personas les puede sorprender que, pese a la atmósfera pluriétnica que existe en el Perú, puedan funcionar en el balneario de Asia locales racistas, donde solo se permite el ingreso a clientes blancos.

 

Según la lógica de mercado, fría y neoliberal, en que supuestamente el poder adquisitivo determina dónde se come, se bebe o se baila, dichos locales no podrían funcionar. De hecho, un vendedor de celulares, electrodomésticos o paquetes turísticos que seleccionara a sus clientes de manera racial se expondría a perder mucho dinero. 

 

Sin embargo, en los locales racistas no estamos ante la lógica de mercado, sino la de atender a un nicho de mercado cargado de prejuicios, normalmente reforzados dentro del hogar.  A pesar de los cambios económicos, sociales y culturales que ha vivido el Perú, persisten muchos estereotipos raciales en los procesos de socialización, especialmente la selección de pareja, asumiéndose que las personas blancas son más guapas. Para muchos jóvenes de rasgos europeos, la sola idea de que su enamorado o enamorada tenga rasgos andinos, mestizos o negros implicaría  enfrentar un terrible conflicto con su familia o sus amigos.

 

Empleando categorías antropológicas, los locales racistas sirven, entonces, de espacio para un ritual étnico de apareamiento, un lugar seguro donde se impide que lleguen a buscar pareja o a exhibirse aquellos que tienen los rasgos no deseables.

 

La propia migración estacional a los balnearios del sur tiene también este carácter estético: a diferencia de otros espacios públicos, en la playa las personas muestran su cuerpo y, por lo tanto, la idea es retirarse a un lugar donde no lleguen aquellos compatriotas considerados feos.    Paradójicamente, quienes migran no podrían vivir sin sus trabajadoras del hogar, pero menosprecian tanto sus rasgos físicos que buscan impedir que se muestren en traje de baño. 

 

Esta desesperada ansiedad por vivir en una sociedad segregada es insostenible en un país como el Perú, donde en las últimas décadas se ha manifestado una creciente movilidad social.   En años anteriores, INDECOPI aplicó severas sanciones a varios locales racistas en Miraflores, llegando a clausurar por dos meses al Café del Mar. De esta forma se envió un mensaje contundente a muchos establecimientos de este distrito, que suspendieron sus prácticas racistas.   

 

Se puede apreciar, sin embargo, que el balneario de Asia, pese a la capacidad económica de sus concurrentes, o quizás por eso mismo, continúa siendo un espacio donde las leyes peruanas no tienen mayor cumplimiento.  Para que esto termine, la intervención de INDECOPI y del Ministerio Público es urgente en Asia y en cualquier otro lugar donde la discriminación se practique. 

 
Wilfredo
Ardito Vega

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