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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 26-09-2011 | Ernesto De La Jara

LOS OLVIDADOS DEL 5 DE JUNIO

18 efectivos de la DINOES cruelmente asesinados y más de 20 policías heridos. 10 indígenas muertos (todavía no se sabe cuántos asesinados) y más de 80 heridos. 3 colonos muertos y más de 15 heridos. El cuerpo del mayor PN Felipe Bazán sigue sin aparecer y entre los indígenas se sigue hablando de desaparecidos pertenecientes a las comunidades más alejadas (muchos dicen haber visto el cadáver de una mujer cuyo nombre no está en la lista de víctimas).

 

¿No debería haberse establecido ya las responsabilidades frente a tan graves crímenes? Lamentablemente, se está muy lejos de ello y puede ser que nunca se logre. Los hechos han dado origen a tres procesos penales: Curva del Diablo, Estación 6 y Bagua. Aparte, hay una demanda de los familiares de las víctimas policiales contra las más altas autoridades relacionadas con el operativo que desencadenó los hechos.

 

Cada caso, como es lógico, ha generado voluminosos expedientes (cerca de 15 tomos por cada uno). Pero el contenido con que uno se va encontrando es de horror.

 

Para resumir: es realmente alucinante el curso que han tomado las investigaciones ¿Cuál es dicho curso? Ninguno. Más allá de la buena voluntad de algunas de las autoridades que ahora impulsan los procesos, lo cierto es que cada expediente está plagado de cientos de declaraciones, afirmaciones y conclusiones que se han hecho sin ninguna prueba y sin la menor racionalidad. Alguien podría haber declarado que los muertos y heridos fueron causados por marcianos, y dicha afirmación sería hoy parte del expediente y lo más probable es que alguna autoridad hubiera decidido que sea tomada en cuenta al momento de resolver.

 

Y no es exageración. Una perla: uno de los fiscales acusó a determinados dirigentes, diciendo que en la cultura awajun hay una comunicación mental (sic) entre ellos y la masa. De la lectura de los expedientes, durante varias horas, se puede concluir que no hay ninguna posibilidad de distinguir lo que es verdad de lo que es mentira. Sin embargo, como la etapa de indagaciones está a punto de concluir, estas deficientes investigaciones serán la base de los juicios a iniciarse.

 

En el extremo opuesto, sorprende la poca importancia que se le da a insumos valiosísimos. Por ejemplo, pareciera que no se conocen los rigurosos informes hechos sobre los sucesos del 5 de junio por la hermana Mari Carmen Gómez Calleja y el congresista Güido Lombardi.

 

A la declaración del ingeniero de PETROPERU que presenció lo ocurrido en la Estación 6, tampoco se le da la relevancia debida. Prueba de ello es que los dirigentes que él exculpa con nombre propio, porque los conoce, siguen con orden de detención.

 

¿Cuál es el final que hasta ahora se avizora, de estos procesos? La condena de algunos “chivos expiatorios”, es decir, dirigentes locales, conocidos y respetados en sus comunidades, pero, por ser NN en Lima, constituyen la parte más delgada de la pita.

 

Si ello ocurriera (estamos a tiempo de evitarlo), podría provocarse una sensación de justicia para las tribunas, pero al mismo tiempo se estaría incurriendo en una gran injusticia. Los crímenes del 5 de junio quedarían impunes y tal vez se estaría nuevamente prendiendo la mecha en Bagua.

 

Pregunta que cae por su propio peso: ¿por qué tanta indiferencia por establecer la verdad frente a ese fatídico 5 de junio? La respuesta también sigue la ley de la gravedad.

 
Ernesto
De La Jara

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