Nunca entenderé por qué se le ha pasado tan fácilmente a Keiko Fujimori el hecho de ser una candidata antisistema, cuando es evidente que lo es.
La calificación de antisistema responde al hecho de que un candidato plantea posiciones que van contra lo esencial de la vigencia del sistema democrático. Lo puede ser por sus postulados o porque su sola trayectoria demuestra que es un peligro para el cumplimiento de ese núcleo de reglas que todos debemos respetar.
Cómo entonces Keiko no va a ser antisistema. Ella participó activamente de un régimen al que justificadamente se le llama dictadura.
Aceptó ser la primera dama durante muchos años. Y es absurdo e interesado exculparla apelando a su juventud (si tenía madurez para el cargo, se supone que la tenía también para darse cuenta de lo que ocurría en su entorno), ni porque se haya peleado al final de los 90 con Montesinos.
Pero no solo por su pasado debería ser considera antisistema sino también por su presente. La mayoría de sus planteamientos de campaña, si se llegaran a concretar, significarían una clara vulneración del sistema democrático.
Indultar a su padre, punto central de su programa, implica abusar de una gracia presidencia que en los tiempos de los príncipes respondía a la sola voluntad de ellos, pero que en un Estado de Derecho no se puede usar como mecanismo de impunidad frente a violaciones de derechos humanos, sino que debe responder a una racionalidad.
Cuando se le pregunta por el Golpe de Estado del 5 de abril, no fija una clara posición de principio en contra, sino que dice que respondió a determinadas circunstancias, lo que implica creer que si esas circunstancias se repitieran, estaría bien interrumpir el orden constitucional.
También usa como caballo de batalla el combate de su padre contra el terrorismo. Reivindicación que supone estar de acuerdo con la creación de un grupo asesino como el Colina, la promulgación de una legislación antiterrorista contraria a la legalidad interna e internacional, el abuso de los estados de emergencia y de la justicia militar. Y así plantea estar a favor de la pena de muerte , cuando la Constitución lo prohíbe, la salida por la puerta falsa de la competencia de la Corte Interamericana y muchas otras cosas que también hizo su padre, el dictador. ¿Por qué a ningún otro candidato se le perdonaría un pasado y un programa de gobierno tan antisistema y a ella sí?
Ernesto
De La Jara