Columnistas | 12-12-2011 | Ernesto De La Jara
Calmemos nuestra preocupación. Podría haber sido peor: Daniel Mora nombrado como nuevo Premier y no expulsado del gabinete. ¿Qué significaba Lerner como Premier? La conducción del consejo de ministros por un civil. Una persona que claramente estaba tratando de cumplir con la promesa de crecimiento económico con inclusión social y que durante el conflicto de Conga había estado activamente a favor del diálogo.
En cambio, el nuevo Premier es un exmilitar muy cercano a Humala (fue su instructoren los ‘90), quien durante muchos años ha desempeñado altos cargos de representación en las Cámaras de Comercio del sur del país (lo que no tendría nada de malo si no fuera por los numerosos conflictos que actualmente hay entre las empresas y la población local). Según testigos directos, él habría acudido a las negociaciones de aquel domingo para impedir que se llegara al acuerdo que Lerner quería y casi logra . No cabe duda, entonces, que estamos ante una clara militarización del régimen y un alejamiento de sus promesas sociales.
Otra prueba de ello es que alguien como Lerner, un empresario que no tiene nada de radical y que siempre acompañó a Humala, haya pasado a ser visto como una amenaza. Además, ya se había dado pasos en esa dirección: estado de emergencia en Cajamarca, peligroso reglamento sobre la ley de consulta, detenciones ilegales, discursos desafortunados, retención de recursos presupuestados para el gobierno regional de Cajamarca, entre otros. El presidente Humala ha querido dar la apariencia de que sigue con el juego de “un beneficio para acá, otro para allá ”, al dejar o integrar en el nuevo gabinete a personas de buen nivel y que representan la línea original. Pero se trata más bien de un premio consuelo.
De hecho, podríamos estar ante un cambio definitivo de rumbo. Uno autoritario de derecha. Pero también podría ser –ojalá – una salida del camino transitoria, que se explicaría por la falta de experiencia en el arte de gobernar, por presiones poderosas que no se han sabido parar por miedo a quedarse sin recursos, por temor a que el país se le vaya de las manos, ante tanto conflicto social, por no haber medido bien las consecuencias, etc.
De lo primero que dependerá el desenlace final es, obviamente, de las verdaderas convicciones del Presidente. Tal vez descubramos a un Humala que no se manifestó ni en el 2006 ni en el 2001. Pero hay dos reacciones, también, muy importantes. La primera corresponde a los sectores más progresistas al interior del régimen. Ellos deberán concertar una estrategia frente a los más conservadores. La inmediata movilización ciudadana también será esencial. Si fue decisiva para el triunfo de Humala, tambiénlo puede ser para neutralizar a quienes lo pueden haber convencido de la conveniencia de dejar sus posiciones, o para detenerlo a él mismo.
Quienes ven la política mirándose el ombligo, disfrutan con la posibilidad de que Humala haya engañado a sus votantes. Pero no se dan cuenta de que ellos también se equivocaron .Tratándose de civiles militarizados y mineralizados, si hubieran vislumbrado a un Humala autoritario, al servicio incondicional de todo proyecto extractivo, habrían votado por él y no por Fujimori.
- Sobre el indulto a Fujimori: nadie que crea en los derechos humanos puede oponerse al indulto humanitario de una persona que esté al borde de la muerte o que por la imposibilidad de recibir un tratamiento adecuado pase a estar en ese estado. Cuando esta fuera la situación de Fujimori procedería entonces el indulto, o que pase a cumplir su condena en su domicilio. Por más que él fue el responsable de que miles murieran en la cárcel o luego de ser torturados o ejecutados. Además, sería la oportunidad para dar el mismo tratamiento a quienes se encuentren en la misma situación en los distintos penales. Lo que sí sería una burla para el país es que se trate de una maniobra para sacarlo ilegalmente de la cárcel.
Ernesto
De La Jara