Columnistas | 06-02-2012 | Ernesto De La Jara
El poder del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) es enorme. Nombra, ratifica y puede destituir a todos los jueces y fiscales del país. En estos días debe decidir si ratifica o no a varios jueces con muy serios cuestionamientos.
Hemos conocido el caso, por ejemplo, de un candidato que no ha podido explicar adecuadamente con qué ingresos se ha podido comprar una serie de carros y bienes. De dónde pacata mía, si los jueces se quejan de lo mal que ganan. En otros casos se trata de candidatos que nadie los podría acusar de falta de "coherencia": sus fallos siempre han sido a favor del narcotráfico y la corrupción.
Se trata además de cuestionamientos que han dado origen a investigaciones en la OCMA y el Ministerio Público, que si bien no han terminado en destitución o en un proceso penal, ha sido fundamentalmente por razones de forma. Y ha habido ocasiones en que el Tribunal Constitucional les ha enmendado la plana. Si el CNM termina ratificando a magistrados que tienen este tipo de denuncias, los que votaron a favor están obligados a explicar abiertamente sus fundamentos. Y si no son jurídicamente sólidos, ellos deben pasar a ser los investigados. Es al Congreso que le toca hacerlo por mandato de la Constitución y tiene la facultad de separarlos.
Otro aspecto que debería mirarse con especial atención es el conflicto de intereses que puede haber entre los miembros del CNM y determinados nombramientos y ratificaciones. Si un miembro del CNM ha estado vinculado a un candidato a partir de un caso judicial, debe inhibirse. Y si opta por comprarse el pleito por no hacerlo, da para sospechar. Debe hacerse una especial fiscalización de los miembros del CNM que en el pasado han tenido también cuestionamientos. Recordemos que la principal debilidad del CNM como institución es que el sistema de elección de sus miembros permite que entren a formar parte de él personas con pésima reputación.
¿Y Cómo explicar que haya casos en los que cuatro consejeros están absolutamente a favor de la ratificación, mientras que los otros tres votan por la no ratificación? Hay que tener, igualmente, mucho cuidado con el acostumbrado uso y abuso de las acciones de amparo. Hay quienes a través de ellas están logrando ingresar o volver al Poder Judicial, cuando no han podido conseguirlo por la vía regular. Haciendo una lista de quienes están siendo beneficiados podremos hacernos una idea de por dónde va el plan.
Lo más grave es que si esto sucede cuando están de por medio ratificaciones de jueces o fiscales que por tener una actuación conocida en Lima sabemos quién es quién, qué puede estar pasando con los nombramientos y ratificaciones de candidatos muy poco conocidos, frente a los que nadie ejerce una labor de fiscalización La actuación del CNM no debe medirse en función del número de magistrados nombrados o ratificados, sino por la calidad de dichos nombramientos. Nos referimos a transparencia, consenso y capacidad de sustentar el sentido de cada voto, sobre todo de quienes dejaron de lado cuestionamientos como los señalados.
No estaría mal que hubiese un sistema de seguimiento de los magistrados nombrados por cada CNM, para tener criterios más objetivos de evaluación. Ello permitiría, además, que ante cada escándalo con un juez no solo culpemos al Poder Judicial sino señalemos también a los consejeros que lo nombraron o ratificaron. Ahora, en nombre de la justicia siempre hay que reconocer que hay " jueces y jueces " y "consejeros y consejeros".
Nos toca a nosotros tomar precauciones para evitar que a través de diferentes mecanismos nos estemos llenando de más jueces y fiscales en los que no se puede confiar ni en lo más mínimo. Es inexplicable tanta indiferencia social, si de ellos depende la defensa de derechos fundamentales (la libertad de prensa, por ejemplo), así como la persecución del delito (narcotráfico, corrupción, violaciones de derechos humanos o delincuencia común). Para meter más miedo: nuestras vidas están en sus manos.
Ernesto
De La Jara