Martes 18 de Junio del 2013

Columnistas | 04-03-2013 | Ernesto De La Jara

LA REBELIÓN DE LOS JUECES

El presidente del Poder Judicial acudió ante el Legislativo para pedirle la aprobación del proyecto de ley que había presentado sobre seguridad en octubre del año pasado.

 

Explicó que contiene reformas sobre reiteración, reincidencia, habitualidad, delitos de marcaje, reglaje, redes de delincuencia, intervenciones telefónicas, allanamientos y nuevas formas delictivas que “impiden aplicar una justicia más drástica”. “Todo esto –dijo– tiene que ser ajustado para que guarde la legalidad que corresponde, y permita a los jueces sancionar con la mayor rigurosidad, que es la política del Poder Judicial. Crímenes o delitos de alta peligrosidad deben ser sancionados con la mayor drasticidad”. Es decir, en lo fundamental, más mano dura judicial.

 

Pero, tal vez, lo que más le convendría a los jueces es cambiar de rollo y seguir el ejemplo de algunos directores de penales que han comenzado a rebelarse. Varios de ellos se han cuadrado y han dicho ni un preso más ante la tugurización inhumana de las cárceles.

 

Los jueces podrían decir que es absurdo que se les siga exigiendo más condenas cuando estas ya salen como cancha.

 

Veamos cifras oficiales: “Poder Judicial condenó a 15 000 por delitos contra el patrimonio en 2012…”. “La cifra representa el 32%. Asimismo, por delitos contra la seguridad pública, este poder del Estado sentenció a 8 167 (17%), por delitos contra la familia a 8 186 personas (17%), y 5 634 personas por delitos contra la vida, el cuerpo y la salud (12%). Además, por delitos contra la fe pública, condenó a un total de 2 854 personas (6%), a 2 695 por delitos contra la administración pública (6%), y por delitos contra la libertad a 2 310 (5%)”. Total anual, según el portal del PJ: 43 841 condenados.

 

Los beneficios penitenciarios se vienen reduciendo ostensiblemente. Ya están prohibidos en más de 15 delitos y, de 800 que se otorgaban mensualmente, han pasado a unos 100.

 

La lista de delitos de nuestro código debe de ser una de las más largas y casi todos tienen condenas altísimas: el mínimo ya es alto, pero con los agravantes previstos superan fácilmente los 25 años y llegan a cadena perpetua (fueron 48 los condenados de por vida el año pasado, como parte de una tendencia en crecimiento).

 

Hay muchos jueces que vienen siendo sancionados solo por haber concedido medidas alternativas a la prisión preventiva o beneficios penitenciarios.

 

La rebelión de los jueces se podría igualmente sustentar en el tipo de cárceles a las que deben mandar a los que ellos condenan. La sobrepoblación es de 2 a 1. Los procesados conviven con los ya condenados, los primarios con los reincidentes, los jóvenes con los adultos, los que cometieron un delito menor de manera individual con los que asesinaron como parte de una banda. Por algo es que los organismos de protección de Derechos Humanos ya han calificado a ese tipo de condiciones carcelarias como tortura.

 

Totalmente de acuerdo en que hay que evitar que se pueda entrar y salir fácilmente de las cárceles (la llamada puerta giratoria), pero tampoco se les puede convertir en jaulas pestilentes para meter a sospechosos y delincuentes de por vida.

 

¿En qué cifras, además, nos basamos? ¿Cuántos de los que siguen el juicio en libertad se han escapado o cometido un delito? ¿Cuántos son los reincidentes después de un beneficio penitenciario? ¿Cuántos de los procesados presos terminan condenados? No se sabe. Solo se ven los casos mediáticos y en base a ellos se toman medidas que afectan a miles.

 

Tampoco hay datos sobre costos. ¿Y si fuera mejor gastar la gran cantidad de recursos involucrados en otro tipo de medidas de seguridad?

 

Hay igualmente una serie de factores extralegales que hacen todo más peligroso: la corrupción, las presiones extralegales, la baja calidad de muchos magistrados y abogados o las desventajas por el nivel socioeconómico.

 

La sanción penal es un componente de las políticas de seguridad, ya que la impunidad fomenta el delito, pero no es ni de lejos el principal. Quien lo plantea así, es por ignorancia y conveniencia política.

 

En otro ámbito, hay una muy buena noticia: una semana más que sigue subiendo el NO contra los corruptos.

 
Ernesto
De La Jara

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