Columnistas | 14-02-2011 | Ernesto De La Jara
Los candidatos elegidos por los partidos para sus listas al Congreso siguen cayendo como palitroques.
Quiere decir que existe una mayor capacidad de fiscalización, por más que este control de calidad no lo hayan hecho las instituciones sino los medios y la sociedad civil.
Los dirigentes se resisten en un primer momento, pero después los dejan caer, no exactamente por un arrebato ético, sino por el costo político que les significaría mantenerlos.
Ahora, cabe otra lectura: Muchos piensan que, si personas peores lo logran, por qué no ellas. Sobre todo porque es más fácil que se pase piola. Efectivamente, cuántos sinvergüenzas, incapaces o- lo peor- personas vinculadas al narcotráfico se convertirán en padres y madres de la patria.
Qué mejor lugar para hacer buenos negocios que el Congreso, y encima protegidos por la inmunidad parlamentaria.
Hay muchos caídos del paltoque creen que cuando se saca a alguien de una lista es porque el líder que lo escogió fue sorprendido, cuando es al revés: lo eligieron, precisamente, por tener esa parte que, descubierta, es criticada. ¿O acaso Keiko no sabía de la pésima trayectoria en derechos humanos de Tapia?
Cómo puede ser posible que, después de que los partidos intentan meter al Congreso a gente de lo peor, con los daños que, de lograrlo, significaría para el país, todo quede en nada ¿En qué quedó, por ejemplo, la grave denuncia contra la vicepresidenta de Castañeda que habría comprado su lugar en la plancha?
Habría que buscar algunas formas de sanción para quienes con premeditación o alevosía, o por negligencia, eligen a personas terribles para el Congreso: multas para los partidos, difusión pagada de los hechos en los medios, inhabilitación permanente para el postulante, sanción de los entes controladores, entre otros.
-Por el prestigio que tiene Caretas, es impostergable que esclarezcan por qué, a través de denuncias flojas, trataron de hacer creer que Toledo y sus colaboradores están vinculados con personas relacionadas con el narcotráfico.
-César Campos me acusa con Correo de haberme visto almorzando en un determinado restaurante, lo que ha originado una nueva ‘chiquita’ sobre mí .Yo voy donde me da la gana, ¿o es que ese derecho solo es para los incondicionales del oficialismo y de quienes les pagan sus cuentas? Que Campos, en lugar de preocuparse de nimiedades, se preocupe por esclarecer sus vínculos con personas nada santas.
Ernesto
De La Jara