Columnistas | 21-02-2011 | Ernesto De La Jara
La Comisión de la Verdad y Reconciliación reconoció que durante el conflicto armado interno la violación sexual fue sistemática, generalizada y constituyó un crimen de lesa humanidad. Los testimonios hablan de las diversas modalidades que tomó esta práctica atroz: los secuestros, las “retiradas”, la esclavitud sexual a que se sometió a miles de mujeres. Más de quinientos veintiocho aberrantes casos de violencia y violación sexual fueron identificados por la CVR durante la etapa de investigación; actualmente esta cifra se encuentra cercana a los 1,400 casos, según datos del Registro Único de Víctimas.
Existen cientos de casos que aún no han salido a la luz por la dificultad de llegar a todos los lugares por donde pasaron senderistas y militares sembrando el terror entre las mujeres, y porque existen aún impedimentos sociales e institucionales que generan que las mujeres no se atreven a denunciar estos hechos. Por otro lado, de los casos documentados solo 13 se encuentran en investigación fiscal, mientras que únicamente en 4 casos el juez ha abierto instrucción.
En materia de violencia en la pareja, las cifras son alarmantes también. El Ministerio Público a través de El Observatorio de Criminalidad, en Noviembre de 2010, dio a conocer el primer registro oficial de feminicidios ocurridos en el país. Entre enero y octubre del año pasado 82 mujeres fueron asesinadas.
La problemática de la violencia contra la mujer es un problema de la mayor complejidad que, sin embargo, como la mayoría de los asuntos que afectan a las mujeres es considerado de segundo orden. No existen políticas públicas o voluntades políticas que contribuyan eficazmente a la prevención y erradicación de este fenómeno que afecta a miles de mujeres en el mundo.
Tanto la violencia política como la violencia en el ámbito doméstico tienen su base en la situación de subordinación de las mujeres y en un conjunto de prácticas sociales destinadas a justificar y mantener lugares de desventaja y discriminación para las mujeres.
Nos encontramos en un año electoral y, a pesar de ser un tema fundamental para nuestra sociedad y el desarrollo de esta en términos de igualdad, respeto y tolerancia, ninguno de los candidatos ha presentado propuestas serias sobre el particular. Al parecer, tiene más réditos políticos ocuparse de quién consume qué sustancias, quién tiene el mejor asesor en guerra sucia o qué candidato es el que mejor baila frente a la audiencia ocasional.
Ernesto
De La Jara