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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 28-02-2011 | Ernesto De La Jara

HAY CONVERSACIONES Y CONVERSACIONES

 

Mi opinión es que tras el intento de linchamiento de Rospigliosi por ciertos sectores políticos y mediáticos, hay motivaciones que   trascienden  a las conversaciones que   tuvo con funcionarios norteamericanos  el  2005.

 

Qué más prueba de ello que el  poco ruido que han generado las visitas que hicieron a la embajada de Estados Unidos, nada menos, quienes hoy son los principales candidatos a la presidencia de la República: Toledo, Castañeda, Keiko  y Humala.

 

Este último está tratando de usar lo ocurrido  a su favor, como lo habría hecho cualquiera (parte del ‘esgrima político’, en épocas  electorales ).

 

De otro lado, a Rospigliosi muchos no le perdonan tres cosas, muy distintas entre sí, pero que confluyen contra él: 1) Su cambio radical en cuanto a convicciones políticas. 2) El importantísimo  papel que desempeñó  en la caída de Fujimori-Montesinos (punto  a su favor , que es justo tenga  mucho peso a la hora de hacer un balance sobre su trayectoria política . 3) Su estilo de “tacle en la cara“ a la hora de decir las cosas,  el que  debe gustar  a algunos, pero que en el camino debe haber dejado  muertos y  heridos. 

 

Quizás este estilo fue el que, cuando por primera vez se le preguntó sobre la solicitud de intervención, mencionada en el wikileaks, lo llevara a responder  equivocadamente: “sí,   y qué, lo volvería a hacer”; sin pensar  bien en lo que se decía que dijo. 

 

Posteriormente, seguro ya más  tranquilo,  ha podido reconstruir algunos hechos que de manera objetiva desmienten la versión difundida (por ejemplo, que la reunión no fue en la embajada sino en un café, y que no estuvo el embajador sino funcionarios). 

 

Ha asegurado  también  que no fue a pedir una intervención contra Humala sino a dar  una opinión tal cual la venía expresando  públicamente.  Ya no se puede decir, entonces, que  él mismo reconoce y defiende el hecho al que se refiere el wikileaks.

 

Si fuera  lo segundo, no tendría nada de malo, ya que es verdad que las embajadas suelen convocar a  políticos y analistas para que den su punto de vista. En cambio, si fuera  lo primero, sería criticable e indefendible, por ser las elecciones un asunto estrictamente interno.  Ahora, lo que defina cuál de las dos versiones es cierta no pueden ser los  wikileaks, por estar ya  demostrado que  sus contenidos son muchas veces falsos.   

 

Lo  que, sí, Rospigliosi debe aclarar es  su vínculo con  NAS. El  tener o no una relación con esta oficina de asuntos antinarcóticos norteamericana es una opción legítima, pero en el caso de que se tenga, debería ser un dato público, en nombre de la independencia y la transparencia.

 

Igualmente, no se debe mezclar todo este debate con las circunstancias en las que se acude a la comunidad internacional – incluido el gobierno  de Estados Unidos- frente a golpes de Estado o violaciones de derechos humanos, ya que en estos casos existen convenios internacionales que explícitamente lo permiten y lo  promueven. Tema para otra ocasión.   

 
Ernesto
De La Jara

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