Mi opinión es que tras el intento de linchamiento de Rospigliosi por ciertos sectores políticos y mediáticos, hay motivaciones que trascienden a las conversaciones que tuvo con funcionarios norteamericanos el 2005.
Qué más prueba de ello que el poco ruido que han generado las visitas que hicieron a la embajada de Estados Unidos, nada menos, quienes hoy son los principales candidatos a la presidencia de la República: Toledo, Castañeda, Keiko y Humala.
Este último está tratando de usar lo ocurrido a su favor, como lo habría hecho cualquiera (parte del ‘esgrima político’, en épocas electorales ).
De otro lado, a Rospigliosi muchos no le perdonan tres cosas, muy distintas entre sí, pero que confluyen contra él: 1) Su cambio radical en cuanto a convicciones políticas. 2) El importantísimo papel que desempeñó en la caída de Fujimori-Montesinos (punto a su favor , que es justo tenga mucho peso a la hora de hacer un balance sobre su trayectoria política . 3) Su estilo de “tacle en la cara“ a la hora de decir las cosas, el que debe gustar a algunos, pero que en el camino debe haber dejado muertos y heridos.
Quizás este estilo fue el que, cuando por primera vez se le preguntó sobre la solicitud de intervención, mencionada en el wikileaks, lo llevara a responder equivocadamente: “sí, y qué, lo volvería a hacer”; sin pensar bien en lo que se decía que dijo.
Posteriormente, seguro ya más tranquilo, ha podido reconstruir algunos hechos que de manera objetiva desmienten la versión difundida (por ejemplo, que la reunión no fue en la embajada sino en un café, y que no estuvo el embajador sino funcionarios).
Ha asegurado también que no fue a pedir una intervención contra Humala sino a dar una opinión tal cual la venía expresando públicamente. Ya no se puede decir, entonces, que él mismo reconoce y defiende el hecho al que se refiere el wikileaks.
Si fuera lo segundo, no tendría nada de malo, ya que es verdad que las embajadas suelen convocar a políticos y analistas para que den su punto de vista. En cambio, si fuera lo primero, sería criticable e indefendible, por ser las elecciones un asunto estrictamente interno. Ahora, lo que defina cuál de las dos versiones es cierta no pueden ser los wikileaks, por estar ya demostrado que sus contenidos son muchas veces falsos.
Lo que, sí, Rospigliosi debe aclarar es su vínculo con NAS. El tener o no una relación con esta oficina de asuntos antinarcóticos norteamericana es una opción legítima, pero en el caso de que se tenga, debería ser un dato público, en nombre de la independencia y la transparencia.
Igualmente, no se debe mezclar todo este debate con las circunstancias en las que se acude a la comunidad internacional – incluido el gobierno de Estados Unidos- frente a golpes de Estado o violaciones de derechos humanos, ya que en estos casos existen convenios internacionales que explícitamente lo permiten y lo promueven. Tema para otra ocasión.
Ernesto
De La Jara