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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 25-10-2010 | Ernesto De La Jara

PERU –VICTIMAS 2010

 

Por  razones laborales  acabo de estar en contacto  con personas pertenecientes a las  zonas que llevaron la peor parte  durante los años de violencia: comunidades indígenas ashaninkas  de la selva central, y andinas de Huancavelica.

 

Fragmentación. Si la hay en Lima entre los  diversos sectores que convivimos,   con estos compatriotas  casi no hay puntos en común: no solo nadie sabe lo que está sucediendo con  el triunfo de Susana, sino que ni siquiera conocen los  nombres del Presidente del Congreso, del  Poder Judicial  y menos el del Ministro del Ambiente. Para bien o para mal, no  pueden mencionar ningún medio de comunicación. Hablan castellano, pero apenas  la conversación se complica, automáticamente pasan a su  lengua original.

 

Eso sí, todos  tienen mil historias  de lo que les hizo Sendero Luminoso  o el MRTA,  y también miembros de las  Fuerzas Armadas y la Policía, que harían  palidecer a las peores películas de terror.  

 

Y por ello, sus nombres están  en alguna lista de víctimas de su  comunidad, del censo por la paz, de la CVR,  del Consejo de reparaciones o de alguna ONG. Un  estatus que ha pasado a ser como un título.

 

 Dado que el ser personas, ciudadanos o peruanos no ha sido suficiente para obtener  condiciones de vida mínimamente dignas,  por más que siempre han trabajado de sol a sol, el hecho  de haber sido víctimas puede que funcione mejor.   Y así, paradójicamente, la tragedia pasa a ser  una  especie de privilegio y fuente de esperanza. Y tienen razón,  porque el Estado tiene la obligación legal de reparar, pero no deja de ser trágico. 

 

Y a partir de allí se abre todo un abanico de posibles reparaciones económicas y simbólicas, colectivas e individuales,  que se les viene prometiendo desde hace una década, pero sin que se les cumpla mínimamente. Una vez más, la sensación de engaño se comienza a expresar, y con mucha ira. 

 

De sus historias queda claro que, en cada lugar, el horror se valió de elementos particulares de la zona.   Pero en la comprensión de lo que realmente  sucedió tampoco se puede avanzar,  ya que cada vez que se  da un paso en esa dirección,  sale la gritería  histérica que acusa de terroristas  a quienes no  están dispuestos  solo a insultar,  por considerar que, más allá de la condena  que merece toda violencia ,  hay procesos que conviene  entender.

 

¿Quién representa políticamente a esta gente? Muy pocos tienen  una respuesta sobre por quién votaron y votarán. Las autoridades  invitadas no acudieron  por estar  supuestamente en Lima.

 

A los que trabajamos en torno a derechos humanos, este tipo de contacto permanente nos debe servir  para nunca perder de vista cuál es el  último eslabón de la cadena, por encima de toda esa parafernalia que a veces  genera este tipo de trabajo.

 

En las capitales de distrito, por el contrario, el cambio generalmente salta  a la vista: muchos establecimientos relacionados con celulares y electrodomésticos, cabinas de internet  y restaurantes de pollos a la brasa. ¿A qué tipo de progreso nos estará conduciendo estas únicas señales de una nueva forma de vida? Otro tema para analizar, sin histerismos  o fundamentalismos.   

 
Ernesto
De La Jara

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