Frente a lo que está sucediendo con la naturaleza, nada tiene importancia. Solidaridad con las víctimas. Pero como la vida continúa, solo nos queda regresar a las nimiedades de la vida diaria, como el tener que contestar una nueva bajeza de Mariátegui (M).
Su obsesión con el IDL y con su director (Ernie; de ahí lo de Mari) constituye una patología para diagnóstico psiquiátrico. Y su última agresión demuestra que por ella es capaz de todo.
A través de una serie de mentiras y omisiones pretende hacer creer que el IDL tuvo el poder para que, irregularmente, se indultara a alguien por razones humanitarias, a quien después contrató. El ladrón cree que todos son de su condición.
M. se refiere al patrocinio legal por el IDL de “condenados por terrorismo”, tratando de hacer creer que defendemos a terroristas, cuando él sabe perfectamente que solo hemos patrocinado públicamente a inocentes acusados injustamente de terrorismo. Qué más prueba de que estos inocentes existieron, que Fujimori indultó a más de 500. Si no fueran inocentes, querría decir que Fujimori liberó a más de 500 terroristas.
Dice que la comisión que integré, “indultó”, cuando hasta él sabe que dicha comisión solo podía “recomendar” casos, ya que es el Presidente el único que puede indultar. Oculta con la misma mala fe, que no solo yo me pronuncié a favor del indulto que él cuestiona (diez años después de haberse otorgado), sino que fue recomendado por unanimidad, con el voto a favor del padre Lanssiers y de un representante de la Defensoría del Pueblo. ¿Toda una poderosa y compleja colusión conseguida por el IDL? Alucinaciones o solo ganas de atacar a cualquier precio.
Dice que dicha comisión la integraban dos miembros del IDL. Falso. Lo desafío a que lo demuestre.
Sostiene que la grave diabetes que la persona en cuestión adquirió en la cárcel no justificaba el indulto. Afirmación que se basa –no en los diagnósticos médicos oficiales y privados del expediente– sino solo en la opinión de un médico, a quien para su artículo se limitó a preguntarle por los resultados que puede arrojar un tipo de análisis en relación a dicha enfermedad. Es obvio que dicho médico fue utilizado para un fin ruin que desconocía, porque no le dio ningún elemento de contexto, como el que –hecho determinante– la persona por la que se le preguntaba estaba en la cárcel, bajo un régimen que no le permitía recibir ningún tratamiento.
Por lo demás, si con un mínimo de ética, M. hubiera recogido la versión personal de quien publicó fotos, calificándolo de terrorista (cuando por mandato de Ley ya no registra ni antecedentes), podría haber constatado que aun en libertad, su estado de salud sigue siendo, lamentablemente, precario. Seguro M. quería que la familia pidiera el indulto póstumamente.
También omite decir que él había pedido su indulto invocando inocencia, puesto que su condena se había basado en las declaraciones de una sola persona, en base a unas características físicas que había dado, las que visiblemente no eran las suyas.
Qué tontos seríamos, además, si teniendo algo que ocultar, la persona a la que agravia M. entra a trabajar al IDL, institución siempre bajo reflectores, y aparece siempre con su nombre.
Pero esta vez, a M. también “se le vio el fustán” frente a otro de sus objetivos: la posibilidad de un indulto humanitario para Fujimori. Haciéndose el tonto, dice que si procedió el indulto en este caso, también procedería para Fujimori. Cómo no, si come de la mano de quien puso la línea editorial de un periódico al servicio de la re-reelección de Fujimori a cambio de favores.
Veamos algunas pequeñas diferencias que M. se hace el que no ve. No se puede comparar el caso de alguien que fue Presidente durante 11 años, con un joven que cuando fue acusado de algo mínimo tenía 19 años. El joven fue brutalmente torturado y condenado por un tribunal sin rostro, a diferencia de lo que pasó con el ex dictador.
Al joven se le indultó después de haber estado en la cárcel casi 10 años, de una condena de 12. Una condena cumplida en un infierno, gracias a las condiciones carcelarias dispuestas por Fujimori y Montesinos. En cambio, el ex Presidente vive cómodamente en una especie de fundo, donde recibe ilimitadamente a sus amigos, dirige la campaña política de su hija y venía siendo cuidado por una guapa enfermera, además de ser llevado al hospital permanentemente.
M. ha investigado (¿o recibió la información?) sobre nuestro editor, pero no dice nada acerca de sus últimas denuncias sobre algunas empresas. ¿Le habrán pagado su viajecito, como en el caso de otras empresas que lo hicieron y luego elogió?
A diferencia de otros, nada tenemos que esconder, y por eso hemos salido a dar la cara inmediatamente, comenzando por la persona atacada, a pesar de que se encontraba en reposo total, por tener el brazo partido en tres, producto de un intento de robo.
Ernesto
De La Jara