El juramento que hizo hace unos días Ollanta Humala es muy importante en fondo y forma. Está claro que en cada punto ha querido comunicar dos mensajes: 1) Que no hará lo que los fujimoristas (incluida su actual candidata) ya hicieron en los 90 y que es lo que tratarían de volver a hacer si ganaran. 2) Que él no adoptará las medidas por las que algunos le siguen temiendo, sentimiento surgido de los puntos objetivamente criticables de su trayectoria, así como de la feroz guerra sucia contra él.
Cuando dice que no se quedará ni un minuto más de los 5 años, está diciendo que no intentará permanecer 15 años como los fujimoristas, ni como muchos otros presidentes que lo han hecho o intentado hacer.
Comprometiéndose a respetar los otros poderes y la libertad de prensa está expresando que “ni en circunstancias especiales” (palabras utilizadas por la candidata fujimorista) recurrirá al “disolver”o a comprar medios y periodistas como en los 90, o como lo han hecho Chávez y otros dictadores de su misma o diferente ideología.
Del pronunciamiento queda claro que no está dispuesto a tratar de ganar puntos con los empresarios de las bolsas de plata contra él, a costa de sacrificar los cambios ofrecidos, lo central de su propuesta. No, ratifica que los habrá para una mayor justicia social, pero que los realizará respetando el Estado de Derecho y sin descuidar el crecimiento económico.
Sus promesas en derechos humanos quieren decir que no creará un grupo Colina, pero también que se seguirá con la judicialización de violaciones de derechos humanos, entre ellas la del asesinato de los 4 policías de Andahuaylas, o las denuncias de desapariciones en Madre Mía (caso que sigue abierto por el cambio de versión de los testigos).
Al prometer una política exterior de buena vecindad con todos los países y que siempre recurrirá a la vía diplomática, busca enfatizar que sus vínculos internacionales no se limitarán a uno o dos países de la región, y que es absolutamente falso que esté pensando en una guerra con Chile, cuya preparación comenzaría con la “expropiación de los hijos”, mentira con la que se viene causando terror en la gente, a través de ‘radio bemba’, también alquilada.
¿Por qué no puso que Chávez es un dictador o que no hará determinados acuerdos con Brasil? Por la misma razón que García o cualquier otro Presidente o candidato no lo pueden decir.
Al prometer de manera inédita que los ministros de Defensa y del Interior serán civiles busca remarcar que, aun siendo él un ex militar, habrá un control civil democrático sobre las Fuerzas Armadas, incluida su promoción militar, de la que se habla como el medio que usaría para hacer un cogobierno con los militares, tal como - de nuevo- existió con el fujimorismo.
Es enfático en declarar que garantizará la inversión y la explotación de recursos naturales, negando uno de los rumores que más se usa para decir que se viene “el cuco”. Pero precisa que, con el mismo énfasis, respetará los derechos de la población local e indígena y el medio ambiente, ignorados por el fujimorismo.
Cómo negar que las palabras se las pueda llevar el vientoo o que se pueda prometer ‘A’ y hacer ‘Z’, como ocurrió con Fujimori y el famoso shock. Sin embargo, el hacer un juramento tan concreto y solemne es como ponerse “la soga al cuello”, para una fiscalización posterior.
Decir que se trata de una medida que expresa la desesperación del candidato es solo una forma torpe de responder a un golpe dado en buena lid. ¿Desesperación, cuando las encuestas dicen que se mantiene el empate técnico, pese al apanado que solo él viene soportando?
También es bueno haber hecho el juramento con la mano sobre la biblia. El hecho de que el cardenal Cipriani estuviera en los 90 con Fujimori, igual que ahora, no quiere decir que a Dios solo le guste el color naranja.
Humala mismo se ha puesto la valla muy alta al hacer el juramento no solo frente al país, sino también ante un grupo de personas representativas e independientes, quienes aceptaron hacer de testigos. Hay miembros de diversos partidos políticos, de las iglesias, de grupos de víctimas uniformadas o civiles, organizaciones sociales y civiles, intelectuales, artistas y periodistas. El elemento común de los testigos es que no pertenecen al humalismo o al grupo de apoyo técnico, y –como es lógico – que no tienen un voto inamovible a favor del fujimorismo. Ellos podrían ser los primeros en tomar cuentas si el juramento no se cumple; y en el grupo hay un premio nobel muy exigente e influyente.
Ollanta está dando las garantías que muchos le exigían para un voto condicionado al respeto de ellas. Buena señal.
Carlos Iván Degregori: “Muévete, tumba /que mis gemidos son /viento de otoño “(Basho).
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De La Jara