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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 04-07-2011 | Ernesto De La Jara

El pisco es peruano, ¿pero la buena educación pública?

 

Prueba de la poca importancia que en el Perú se da a la educación es que la  noticia sobre la reciente movilización de unos 200,000 chilenos  exigiendo una educación pública de calidad, ha pasado casi desapercibida.   

 

Pese a que  las reivindicaciones por las que vienen saliendo a las calles estudiantes y docentes  chilenos   son las mismas que podrían ( deberían ) plantearse  en  el Perú :  acceso equitativo a la educación superior, regulación estatal del lucro con la educación, aumento del gasto público en educación,  mejor financiamiento de las carreras .  

 

Estoy seguro de que, como en todo, luego de escarbar en el cajón de cifras, el Gobierno encontrará algunas para poder decir que en esto también el país avanza. Pero lo cierto es que no es así, en lo fundamental. 

 

La XII política del Acuerdo Nacional estableció que debe asignarse a educación no menos del 6 % del PBI. Y así lo ofrecieron Toledo y Alan García, pero ninguno cumplió. Seguimos en alrededor del 3 %, más o menos igual que en el 2001.

 

Se suele decir que solo en los  países muy desarrollados,  como Dinamarca o Suecia, se  supera el 6 %,  pero tampoco es cierto.  También pasa en países como Bolivia, Honduras, Cuba y Argentina, entre muchos otros.

 

Según el Informe Global de Competitividad (Davos, Suiza), la  calidad de la educación primaria en el Perú está en el puesto 133, de 139. ¿Y si es pésima  la enseñanza en primaria,  qué se puede esperar del rendimiento  en secundaria  y en la universidad?

Sin ánimo de meter cizaña: en el convulsionado Puno solo el 44 % de su población termina el colegio.

 

Pero, lamentablemente, no hay que recurrir a cifras para darse cuenta de que la educación pública, y también la mayor parte de la educación privada, está  bajo cero.   Sin ánimo de ofender, basta solo una vueltita por nuestras principales universidades de Lima y el interior.

 

De otro lado, hace años que se viene alertando sobre la proliferación en todo el país de universidades que visiblemente son una estafa, pero que son una mina de oro para sus dueños, generalmente ligados a  importantes políticos o empresarios, por lo que el control estatal es nulo.

 

Y en este ámbito de la educación, como en muchos otros, no se trata de falta de diagnósticos o de propuestas: existe el Foro Educativo,  que sabe perfectamente lo que hay que hacer,  por lo menos para comenzar.

 

Ya podemos imaginar cuál será respuesta desde el otro lado : el que puede, puede;  quién ha dicho que todos tienen la capacidad para estudiar;  es el SUTEP , los ultras y los malos  profesores  los culpables de todo; bala para los que se movilizan ; y  algo que – algunos -  piensan , pero que no dicen, aunque ahora tal vez se atrevan: ¿para qué gastar plata en educar mejor a “esa gente” que nos cuestiona  ?

 

Una de las responsabilidades más graves de los últimos gobiernos, - y que por lo menos a mí me causa mucha ira - es que, de nuevo,  como ha sucedido históricamente, no se han  utilizado los años de bonanza  económica para comenzar  a superar carencias básicas, como es la educación, pese a la avidez que la gente sigue teniendo por acceder a lo que es un derecho humano y una de las pocas obligaciones indiscutibles del Estado. 

 
Ernesto
De La Jara

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