Como ha venido ocurriendo en los últimos años la principal trinchera de oposición a los gobiernos de turno son algunos medios de comunicación. Son ellos los que proveen de argumento, discurso y de buena o mala información a quienes en el Congreso no hacen más que repetir aquello que los medios propalan, lo que sin duda es legítimo, pero que expresa el pobre nivel de nuestra clase política.
Del lado del oficialismo, la cosa no va mucho mejor y parece mucho más desorientado que la oposición, ya que no hay quien los provea de mayores argumentos para el debate, ni tampoco de orientaciones políticas muy claras. Así las cosas, el debate no gira sobre políticas –que no terminan de plantearse- sino sobre actitudes, estilos y gestos. Cosa que hay que reconocer que es algo común en estos tiempos en que la imagen es mucho más importante que las palabras y los discursos.
Con todo ello, el problema del nuevo gobierno es que no se sabe si se van a realizar o no los cambios que planteó o cuanto están avanzando en el diseño de los mismos. Esto se explica en parte por la poca experiencia en gestión pública de la nueva burocracia, que no termina de asentarse, pero también por la falta de definición en materias claves como las políticas de inclusión social, el manejo de los conflictos socio ambientales, la lucha contra el narcotráfico, entre otros.
Por ello, buena parte del debate político en el Congreso o fuera de él gira en torno a temas menudos o accesorios, que en otros contextos serían irrelevantes, como la opinión de la Ministra de Cultura sobre el tamaño de las minifaldas de algunas danzas populares. O por asuntos de estilo, como en el caso de la ministra García Naranjo, donde el debate sobre la intoxicación y muerte de los niños en Redondo, terminó girando sobre su insensibilidad y su poca diplomacia para afrontar el poco pensado pliego interpelatorio que se le planteó en el Congreso.
Mientras tanto, la crisis internacional se acerca a nuestras costas, y el gobierno no es capaz de explicarnos –salvo el intento de que la inversión pública aumente, en un país donde ésta avanza a paso de tortuga- cómo va a afrontar una situación que pondrá en riesgo los avances económicos logrados en los últimos años. Quizá por ello mientras el presidente Humala se toma una foto con MickJagger, el Ministro Castilla reza para que “China no se nos caiga”, y la oposición parlamentaria y mediática se mantiene absolutamente indiferente al asunto.
P.d. Esta columna cumple un año, y por dicha razón quiero darles las gracias a ustedes, que me leen cada semana.
Javier
Torres