El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 21-12-2011 | Javier Torres

Una predicadora en el MIMDES

Las recientes declaraciones de la ministra de la Mujer, Ana Jara, al periodista Beto Ortiz, vuelven a poner en duda nuestra condición de Estado laico, pero además nos muestra la enorme confusión que puede existir en alguien que además es Congresista de la República, sobre cuáles son los límites de sus creencias religiosas en el ejercicio del cargo que ostenta.

 

En primer lugar, la Ministra Jara olvida que por encima de su credo religioso, ella es una alta funcionaria de Estado y que, por tanto, sus lealtades y su comportamiento deben estar en el marco de nuestro orden constitucional y no guiados por una suerte de revelación o inspiración divina, o peor aún, por aquello que digan “las escrituras o las lecturas bíblicas”, que, sin duda, pueden ser un camino legítimo para un creyente en su vida privada, pero no en la conducción de un sector que tiene como misión ser “rector de políticas públicas en materia de equidad de género, protección y desarrollo social de poblaciones vulnerables y que sufren exclusión, garantizando el ejercicio de sus derechos a fin de ampliar sus oportunidades, mejorar su calidad de vida y promover su realización personal y social”.

 

La ministra Jara, además, tiene otras ideas que la alejan de su mandato. Una de ellas es que el Ministerio de la Mujer debe proteger “al núcleo básico de la sociedad, que es la familia”, y por tanto, convertirse en el Ministerio de la Familia, olvidando justamente la ya citada misión de su sector y la importancia que tiene para nuestra sociedad el desarrollo de políticas públicas afirmativas que permitan que sectores tradicionalmente excluidos, como las mujeres, tengan las mismas oportunidades que los varones. Para eso, a las mujeres hay que verlas como ciudadanas y no solo como parte de un núcleo familiar donde tradicionalmente han tenido un rol subordinado. Ello sin contar que casi la cuarta parte de los hogares del país son conducidos por mujeres, muchas veces con escasos recursos.

 

Pero lo más grave es que la ministra, mostrando una enorme falta de respeto por las miles de mujeres violadas de nuestro país que han resultado embarazadas, hace afirmaciones ligeras y sin sustento alguno como “que en la mayoría de los casos de violación, finalmente cuando la madre tiene contacto con su hijo se da una relación sobrenatural que hace que adquiera amor a su hijo”.

 

Sin duda, el nombramiento de la ministra Ana Jara ha sido un grave error del Gobierno y una pésima noticia para las mujeres del Perú. Por ello, haría bien el presidente Humala en pedirle la renuncia y nombrar a una persona capacitada para ejercer el cargo. P.d. ¡Este columnista les desea una Feliz Navidad!

 
Javier
Torres

Mis otra columnas
Galería Fotográfica
Galería Fotográfica
Encuesta

¿Está de acuerdo con el desempeño del Gobierno en el caso Conga?





Diviértete