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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 03-01-2012 | Javier Torres

“Disparen sobre el terrorista”

Cada cierto tiempo, la derecha peruana nos recuerda con bombos y platillos, que somos una sociedad de postguerra, en la cual hay seres “miserables” que no tienen ningún derecho. Para nuestra derecha, esos “seres” a quienes se les niega la condición de humanidad, deberían estar muertos y si no lo están deberían pasar el resto de sus vidas en celdas de castigo. Poco importa si fueron jefes, cuadros, militantes o simpatizantes de Sendero Luminoso y del MRTA, y si sus delitos tuvieron distinta magnitud. Para nuestra derecha más recalcitrante y conservadora no hay distingo que valga. El “terrorista” no es un ser humano y punto.

 

En esta lógica, como el “terrorista” no es humano, sus familiares tampoco lo son. Y entonces padres, madres, hermanas, hermanos, esposas y esposos, hijos e hijas que atravesaron ese proceso de deshumanización, deben volver a vivirlo cada vez que surge un nuevo debate sobre el tema. Como si el escarnio sufrido no hubiera sido suficiente, éste debe ser revivido, como en aquellas tragedias griegas, en las que el personaje y sus descendientes, no pueden escapar del destino que para él han trazado los Dioses del Olimpo.

 

Nadie puede negar la magnitud de los horrendos crímenes de Sendero Luminoso, ni la barbarie que significaron la sistemática práctica del secuestro y asesinatos selectivos cometidos por el MRTA. Nadie puede negar que dichas violaciones a los derechos humanos de millones de peruanos y peruanas, contribuyeron a generar no sólo muerte, sino más pobreza y atraso, así como una profunda marca en nuestra sociedad. Y como consecuencia de sus crímenes, los jefes de las cúpulas de ambos grupos –así como muchos de sus miembros- fueron condenados a largos años en prisión.

 

Pero el tiempo pasa, y poco a poco, los miembros de ambos grupos, han ido dejando las cárceles e intentando rehacer sus vidas. De muchos de ellos nada se sabe, y es probable que no quieran volver a saber nada con la violencia de la que fueron parte; otros vienen intentando dedicarse a la acción política o al activismo social, en algunos casos con agendas y discursos radicales. Cuando esto ocurre es legítimo reclamarles que su radicalidad no salga de la esfera de la democracia, como bien hizo hace un mes el Jurado Nacional de Elecciones al denegarle la inscripción como partido político al senderista MOVADEF porque “dicha organización adopta un principio (marxismo-leninismo-maoísmo- pensamiento Gonzalo) cuyo seguimiento implica actos violentos contrarios a la Constitución Política del Estado”.

 

Quizás el día en que “nuestros Dioses del Olimpo” dejen de pedir, como en los años ochenta, que “Disparen sobre el terrorista” - sin importar que muchos de los muertos y desaparecidos fueran inocentes, y aprendan a defender a la sociedad con la Constitución y la Ley, como lo ha hecho el JNE - podremos afirmar que la postguerra ha terminado. Mientras esto no ocurra, seguiremos atrapados en nuestro trágico pasado reciente.

 
Javier
Torres

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