Luego de las elecciones diversos analistas han expresado su preocupación sobre la descentralización y el surgimiento de un nuevo caudillismo regional. Los resultados nos dicen que los presidentes electos y reelectos y quienes competirán en las segundas vueltas son políticos y empresarios que no tienen mayor vínculo con los partidos nacionales, o que en el caso de tenerlo es estrictamente coyuntural y termina el mismo día de la elección.
Pero, el problema de la descentralización no pasa por el caudillismo regional, sino por la falta de decisión y claridad de los partidos nacionales sobre un proceso que planteó la regionalización del país, a través de sucesivos referéndums, en el que la población debía decidir la integración de su departamento a una región. Sin embargo, el masivo rechazo a la consulta del 2005 echó por tierra dicho proceso, e incluso el actual Congreso terminó modificando la ley de integración suspendiendo de manera indefinida las siguientes consultas, a la vez que el Gobierno del presidente García decidió transferir todas las competencias y funciones a los mal llamados gobiernos ‘regionales’.
Es así como hemos llegado a una situación donde los caudillos regionales se han ido afirmando, llegando al punto que se plantee que los movimientos ‘regionales’ compitan en las elecciones al Congreso de la República, lo cual significaría una mayor fragmentación política y el fin de los partidos nacionales, cuya esfera de acción se limitaría a la elección de congresistas por Lima.
La ‘ficción regionalista’ ha llegado a tal punto que se comete el error de confundir partido regional con movimiento político departamental. Un partido regional fue en el pasado el ‘Frenatraca’ de los hermanos Cáceres Velásquez en el sur, y en buena medida lo es ‘Alianza para el Progreso’ de los hermanos Acuña en el norte. Caudillistas también, pero que desde un departamento tejen una red que luego se extiende a otros, lo que no ocurre con la mayoría de movimientos regionales que en su mayoría son tan centralistas como los partidos nacionales.
Así la descentralización seguirá en el punto muerto al cual ha llegado, con gobiernos ‘regionales’ que seguirán funcionando con leyes que fueron pensadas para estructuras mayores, multiplicando una burocracia poco calificada para la gestión, y esto seguirá ocurriendo mientras los partidos nacionales no vuelvan a mirar el interior del país ni los caudillos y movimientos ‘regionales’ se atrevan a salir del cascarón departamental en que se encuentran cómodamente instalados.
Javier
Torres