En los últimos días algunos de los sectores que ya no forman parte del gobierno de Ollanta Humala vienen planteando la necesidad de una articulación de la izquierda peruana con miras a los procesos electorales del 2014 y 2016. Se afirma, con cierta razón, que la izquierda no debe ser “furgón de cola”, sino que debe tener su propia representación política. Se considera, además, que el Presidente habría sido capturado por la derecha económica que nos ha venido gobernando desde hace veinte años, lo que en buena medida explicaría la salida de la izquierda del gabinete actual.
En relación a lo primero, sería bueno que las izquierdas fragmentadas armen un programa que las englobe, y que se constituyan en una fuerza política real. Aunque ello no les garantice ni les asegure que vayan a ganar elecciones, pero por lo menos servirá para que no caigan en el recurrente y habitual desencanto en el que se encuentran postradas desde los tiempos de la Izquierda Unida. Asimismo, será importante que además de avanzar en las definiciones programáticas, busquen un liderazgo nuevo y distinto de los que han fracasado largamente en su esfuerzo por convencer a los electores.
En relación a lo segundo, las razones de la salida de la izquierda del gabinete, la imagen del Presidente capturado por la derecha económica, reeditando la histórica captura del Inca Atahualpa en Cajamarca, puede ser una frase efectista, pero que solo sirve para justificar u ocultar los errores de cálculo de una izquierda que, si bien apoyó con lealtad al presidente Humala, nunca formó parte del círculo de su poder. Pero además, y a diferencia del Inca Atahualpa, parece que este no está muy interesado en ser “rescatado” por nadie.
Está claro que la izquierda que se comprometió con “la gran transformación” primero, y con “la hoja de ruta” después, lo hizo con un excesivo voluntarismo y con muy poca articulación y coordinación entre quienes ocuparon puestos de gobierno de relevancia como ministerios y viceministerios. En buena medida, debido a ello, no pudieron enfrentar la embestida de otros actores al interior del gobierno, que no solo tenían poderosos aliados afuera, sino una mayor capacidad para la gestión pública.
Si la izquierda peruana quiere convertirse en una opción seria para el 2016 es fundamental que aprenda de las lecciones del presente. De no hacerlo, volverá a apoyar a algún caudillo propio o extraño que ofrezca un cambio que al final no hará.
Javier
Torres