Mucho se ha hablado estos días sobre la presencia de Sendero Luminoso en las protestas de Puno, a través del “Movimiento para la Amnistía y los Derechos Fundamentales” (MOVADEF), el mismo que recientemente le ha planteado públicamente al presidente electo una “política de reconciliación”, que en resumidas cuentas consiste en la amnistía de su líder, Abimael Guzmán, y de toda la cúpula senderista, pero, además, de Alberto Fujimori y de Antauro Humala. SL es una realidad y lo peor que podemos hacer es volver a cometer el error de los inicios de los años ochenta, en que Sendero fue subestimado por las izquierdas y las derechas del Perú. Por ello hay que conocerlo y entenderlo, y no solo levantar los fantasmas del pasado.
El MOVADEF es un grupo bastante activo en Lima, Huancayo, Ayacucho y Puno. Logró incluso que dos de sus líderes en el altiplano postularan –con muy poca fortuna- al gobierno regional y a la municipalidad provincial de Puno, a través del “Movimiento Construyendo para la región Puno”. Así, Vasty Lescano logró 8,354 votos que constituyeron el 1.67% de los votos válidos, quedando en el lugar 16 en la elección regional, mientras que Abraham Cauna, logró 874 votos para la alcaldía de la capital del departamento, es decir, el 0.67%. Si bien son pocos, quizás esos votos expresan la desilusión total de quienes ya no creen en el sistema democrático, y quizás luego de las recientes protestas los seguidores del senderismo hayan aumentado.
No es la primera vez que Puno le dice no al senderismo. Ya en los años ochenta se dio una dura batalla contra SL, que fue llamada “La batalla por Puno” por el historiador José Luis Renique, en la que gracias a una enorme movilización social y política liderada por la izquierda, el movimiento campesino y la iglesia surandina, los seguidores de Guzmán fueron derrotados y Puno no se convirtió en un “segundo Ayacucho”. A pesar de ello el senderismo, casi veinte años después, busca regresar a la escena aprovechando la enorme fragmentación política, así como la pobreza de liderazgos democráticos en la región.
Sin duda, el malestar de la población por el abandono estatal puede ser visto como un caldo de cultivo para que el senderismo siente nuevas bases en el altiplano, pero más peligroso aún es el vacío político generado por aquellos que habiendo ganado las elecciones no tienen la capacidad para gobernar, o, peor aún, de aquellos que habiendo sido derrotados han regresado a sus negocios particulares desentendiéndose del vínculo que han establecido con los ciudadanos y ciudadanas que le dieron sus votos.
Más allá del rechazo total y la condena hacia los crímenes del senderismo , es bueno recordar que quienes forman parte del MOVADEF tienen el derecho de participar en la vida política –nos guste o no–, y es mejor que así sea, porque es en ese espacio donde se les debe confrontar, para así convencer a la ciudadanía que no es posible que un movimiento que no ha reconocido sus crímenes, ni ha pedido perdón por ellos, y que no ha renunciado a la violencia y al terror como método de acción política, pueda resurgir como si nada hubiera ocurrido.
Javier
Torres