Una de las características del primer gabinete de Ollanta Humala es su falta de paridad, otra, su naturaleza dispar. Hasta el momento en que escribo esta columna, solo una mujer ha sido convocada para ser Ministra. La conocida dirigenta socialista Aída García Naranjo, que justamente ha sido nombrada en la cartera de la Mujer y Desarrollo Social, y cuyos méritos nadie ha discutido. Sin embargo, en un país en el que la mujer juega cada vez un rol más activo en la política llama la atención sobremanera este vacío.
Y la situación es notoria porque fue el mismo presidente electo el que declaró a la cadena Telesur, hace menos de dos meses, que su gabinete iba a “tener un porcentaje importante de mujeres e independientes”, y si bien en lo segundo se puede decir que cumplió, en lo primero comienza con la mala costumbre de no cumplir con lo ofrecido. Aunque todavía podríamos tener la sorpresa de que los voceados ministros de Educación y de Cultura, ambos de izquierda, sean desembarcados, en nombre de la equidad.
¿Es importante que hayan mujeres ministras? Sin duda, razones de sobra hay para ello, la más importante, que el poder no siga concentrado en los hombres, por la sencilla razón que la sociedad la construimos varones y mujeres. Así de simple, y esto se hace con igualdad de oportunidades, como enuncia un Plan Nacional, que por cierto está muy lejos de haberse cumplido. Y en vez de avanzar retrocedemos, y confinamos a la mujer a un ministerio, bastante disminuido por cierto, ante la propuesta de creación del nuevo Ministerio del Desarrollo y la Inclusión Social.
Pero además el gabinete es bastante dispar y un tanto improvisado, producto de las negociaciones de última hora desarrolladas por Humala con sus diversos aliados, y en las que Perú Posible ha jugado un rol lamentable, lo que ha llevado al nombramiento de destacadas personalidades, con una reconocida trayectoria, pero también de otras personas cuya presencia llama la atención sobremanera.
Entre estas últimas se encuentran, de manera coincidente, dos militares retirados. El primero es el nuevo Ministro del Interior, cargo complejo en cualquier circunstancia, cuyo único mérito sería haber sido profesor del nuevo presidente; y el segundo, el Ministro de Defensa que, antes de jurar el cargo, ha hecho declaraciones innecesarias e inoportunas, que anuncian el aumento del gasto en armamento, así como su oposición a la imprescindible reforma de las remuneraciones en las FFAA. Además, en ambos casos el presidente electo vuelve a incumplir lo prometido y cae en el viejo error de creer que la política de seguridad externa e interna solo puede estar en manos de militares.
Así, en vísperas de la asunción de mando, es bastante confusa todavía cuál será la política general del nuevo gobierno, y cómo se implementará, así como el estilo de gestión, y por ello es que tendremos que esperar, no solo al primer discurso del Presidente Humala, donde seguramente se darán los grandes anuncios, sino, sobre todo, a la presentación que en las próximas semanas tenga que hacer el Presidente del Consejo de ministros Salomón Lerner Ghitis ante el nuevo Congreso de la República.
Mientras tanto, solo me queda desearles un ¡Feliz 28!
Javier
Torres