Tenía razón Javier Reátegui cuando dijo que el nombramiento de Daniel Mora fue una agradable sorpresa para Perú Posible. Lo que nunca imaginé es que esa sensación de alegría se transformase rápidamente en desazón. La causa de esta desagradable sensación son las declaraciones del General Mora al diario El Comercio.
¿Qué dijo el Ministro Mora? Pues que Antauro Humala no empuñó el arma y que por tanto no participó en forma directa en el llamado Andahuaylazo, acto delincuencial que significó el secuestro y asesinato de 4 policías.
Los seguidores de Abimael Guzmán deben haber aplaudido. Los de Fujimori también. Salvando las distancias, ni uno ni otro empuñaron las armas para disparar en la nuca de inocentes estudiantes de La Cantuta o asesinar a poblaciones enteras de hermanos campesinos. Sin embargo están condenados y entre los elementos tomados en cuenta está la autoría intelectual.
Durante la penosa jornada de Andahuaylas, a inicios del 2005, Antauro Humala vociferaba contra el presidente constitucional Alejandro Toledo. Él y sus huestes llamaban a la renuncia o si no al golpe de Estado contra un gobierno nacido legítimamente en las urnas. Se asesinó a compatriotas en un hecho que hoy se quiere calificar como político cuando fue delincuencial. Durante varios días se insultó y agravió al entonces presidente Toledo con palabras que aquí no repetiremos. Lo que sí haremos es lamentar que años después, ya durante el gobierno de su hermano Ollanta, los agravios continúen pero en esta oportunidad en boca de Isaac, padre de Antauro y del presidente Ollanta Humala.
La justicia no puede ser presionada políticamente. Su independencia es necesaria en un régimen democrático que debe garantizar la separación de poderes. De allí que la seguidilla de declaraciones de congresistas, ministros y familiares del presidente a favor de Antauro Humala sea vista como una presión directa sobre el Poder Judicial.
Cuando se produce presión política sobre la judicatura surgen los hechos precedentes que luego serán invocados por una serie de interesados. Por extensión, un fallo que beneficie a Antauro Humala y que, por tanto, justifique o mediatice su nefasto accionar en Andahuaylas, puede significar que se abra una caja de Pandora sobre otros procesados. Ello se debe evitar. Y ello es función del Ministro de Justicia.
Puede ser que el Ministro Mora haya exagerado su posición empujado por un respaldo mal entendido al gobierno del cual forma parte. Apoyar al gobierno de Ollanta Humala en la búsqueda de gobernabilidad no significa desconocer la Historia. Y esta, la historia escrita, nos indica que los hechos que significaron la muerte de 4 policías y dos civiles en Andahuaylas fue fruto de la irresponsabilidad matonesca de un individuo que hasta hoy no solo es incapaz de arrepentirse de sus actos, sino que pretende reivindicarlos.
Juan
Sheput