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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 05-10-2011 | Juan Sheput

Reconocimiento de nuestra vulnerabilidad

En reciente entrevista en La hora N, con Jaime de Althaus, el Ministro de Economía, Miguel Castilla, ha reconocido lo frágil y vulnerable que es nuestra economía. En efecto, haciendo un claro ejercicio de franqueza el Ministro ha sido enfático en reconocer nuestra dependencia de otros países, específicamente China, en su rol de locomotora del mundo. Como se sabe, China es un gran comprador de materias primas y el Perú, lamentablemente, es un mayoritario exportador de las mismas.

 

Hace bien el Ministro Miguel Castilla en hablar de nuestra dependencia y del papel que juega la globalización en la marcha de nuestra economía. Hay una correlación entre nuestro crecimiento económico y el crecimiento del mundo. Así, cada punto que se pierde a nivel global significa un punto menos de crecimiento de nuestro PBI. Esta situación tiene ribetes preocupantes, pues significaría que nuestro crecimiento económico empezaría a generar episodios de desempleo por las miles de personas que año tras año se incorporan a nuestra población económicamente activa.

 

Estamos sufriendo, pues, las consecuencias de no haber hecho reformas en momentos en que pudimos hacerlas. Luego de las reformas económicas realizadas durante los primeros años del gobierno de Alberto Fujimori se tuvo que esperar casi diez años para otra reforma de relevancia, la de la Ley 20530, durante el gobierno de Alejandro Toledo, que alivió la carga de pensiones del Estado. Luego, durante los años de bonanza del gobierno de Alan García no se impulsó ni una sola reforma de fondo. El presidente García se preocupaba más de las encuestas y, por tanto, dejó a un lado la posibilidad de encabezar alguna reforma, aunque sea medianamente importante. Impulsos como los del Doing Business o la evaluación de profesores no constituyen de por sí reformas, pues no afectan en nada la estructura compleja que nos resta competitividad.

 

Decir, en pleno siglo XXI, que dependemos de nuestras exportaciones de materias primas, es un reconocimiento a la pobreza estructural de nuestra economía, que tiene como principal responsable a una clase política incapaz de plantear o impulsar reformas de fondo por temor a los titulares de escándalo, financiados por intereses de parte o lobistas, a que las medidas sean tomadas como impopulares, etcétera. Así es como se derriban reformas, las cuales, de haberse tomado en su momento, nos pondrían en mejor pie para los tiempos actuales. Por ejemplo, la reforma laboral impulsada en el año 2005 o la del Empleo Público que saboteó el entonces candidato Alan García y que por no haberse tratado a tiempo generaron que durante su gobierno la informalidad pase de un promedio del 60% a más del 80% con las consecuencias perniciosas para la economía presente y futura.

 

Nos preguntamos: ¿Es tiempo de reformas? Creo que sí. Es necesario empezar en algún momento y a ello puede contribuir el debate público, hoy monopolizado por desapariciones en el Colca o asesinatos en el estadio que, siendo sucesos dramáticos y penosos, son de coyuntura y solo sirven para la demagogia y populismo de políticos que no tienen nada que plantear.

 

La baja del precio del cobre afecta a Chile y ello ha sido un gatillador para que los think tanks se planteen de una vez por todas las eliminaciones de esa dependencia. Aquí ni siquiera nos conmovemos con la franqueza de un eficiente ministro que nos habla de nuestra subdesarrollada economía y nuestra evidente dependencia de China y otros países. Una vez más la política juega un papel muy lejano de las exigencias de nuestra Nación, pues lo que vemos es a políticos dedicados a comentarios de coyuntura en lugar de plantear políticas públicas que impulsen el desarrollo sostenible del país.

 
Juan
Sheput

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