Uno de los problemas del debate de coyuntura es su sentido agotador y simplista. Agotador porque día a día se presentan discusiones sin sustento, y simplista por el reduccionismo en que se cae con tanta facilidad. Las sociedades que privilegian el debate de coyuntura se enredan así en discusiones bizantinas, descalificadoras o, en el mejor de los casos, entretenidas sin que esto signifique que sean productivas.
Por eso resulta importante rescatar una noticia que tiene que ver con el Acuerdo Nacional y la Educación. Ha dicho la ministra de educación, Patricia Salas, dos cosas capitales que en medio de la menudencia del debate de coyuntura han pasado desapercibidas. Una, que todos los estudiantes logren aprendizajes de calidad con capacidades científicas y técnico-productivas; y dos, que los escolares quechuas, aymaras y amazónicos se eduquen en su propia lengua y el castellano. Max Hernández, secretario técnico del Acuerdo Nacional, ha comunicado que esta institución respaldará los lineamientos de política educacional expresados en el Proyecto Educativo Nacional (PEN) para el periodo 2012-2016. Es algo que debemos saludar y –cómo no- felicitar.
El Proyecto Educativo Nacional es un esfuerzo de especialistas, entre los que destaca la ministra Salas, realizado durante el gobierno del presidente Alejandro Toledo. Fue presentado al presidente García, y recibido y aceptado por este en el primer semestre del 2007, y luego dejado de lado, pues como sabemos, el anterior gobierno dio preferencia a los criterios de ingeniería civil, cemento y fierro, en lugar de impulsar las políticas expresadas en el PEN.
La noticia es trascendental, pues estaríamos en presencia de una real revolución educativa en un contexto que nuestro país requiere ganar en Competitividad. Y sabemos que uno de los déficits que mantenemos es en política educativa, en la cual permanecemos aún en el sótano de todos los estudios, para perjuicio de nuestro desarrollo. Impulsar, en ese sentido, una educación con énfasis en los criterios tecnológico–científicos es acertar en aquello que estamos débiles y debemos fortalecer y, por sobre todo, impulsar un nuevo enfoque educativo que brinde nuevas capacidades a los individuos en el contexto de la Sociedad del Conocimiento y la Información.
El Acuerdo Nacional debe recuperar su rol protagónico que tuvo durante los primeros años de este siglo. Su conformación y sus reglas permitirían llenar un vacío en cuanto al debate de temas que se encuentren por encima de la coyuntura y que contribuyan de manera efectiva a convertirnos en un país que marcha de manera ordenada al desarrollo.
En ese sentido ha acertado la ministra Salas en acudir al Acuerdo Nacional. Ella es una distinguida y entusiasta acuerdista y conoce de la importancia del consenso y de la discusión alturada en temas de nivel. Es necesario que su esfuerzo se vea acompañado de la partida presupuestal respectiva, tal y como lo anunció en la presentación del premier Lerner, el Ministro de Economía Miguel Castilla. No tengo dudas en que ambos ministros son conscientes de que la inversión en educación es la mejor expresión del control de calidad en la ejecución presupuestal y que la gran beneficiada será la población de nuestro país. Si las discusiones respecto a políticas públicas con sentido de largo plazo siguen el derrotero trazado por la Ministra de Educación y el Acuerdo Nacional, nuestro país habrá ganado en madurez y, por supuesto, en institucionalidad.
Juan
Sheput