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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 24-11-2010 | Juan Sheput

FIRME Y FELIZ POR LA UNIÓN

El 22 de noviembre se cumplieron 10 años de la juramentación, como Presidente Constitucional del Perú, de Don Valentín Paniagua.  Asumió pocas  horas después que el Congreso declarara la permanente incapacidad moral de Alberto Fujimori, hasta entonces Presidente de la República.

 

Fue un hecho que marcó el retorno a la democracia y un rescate de las instituciones republicanas, secuestradas por un estado cleptocrático organizado para robar.

 

Don Valentín Paniagua fue consciente, desde un primer momento, de la alta responsabilidad que le demandaba el país. El Perú se encontraba desconcertado. Centenares de vídeos y audios eran testimonios del deterioro moral al que había descendido el gobierno fujimorista. Empresarios, periodistas y políticos eran parte de la suciedad que se mostraba en los medios de comunicación. 

 

Don Valentín  Paniagua o el político,  inició el proceso de reconstrucción y reconciliación nacional. Puso el sello a su gestión desde el momento que, en su primer mensaje, apeló a la hermosa frase que los constituyentes de 1825 eligieron como lema de nuestra patria: “Firme y feliz por la unión”.

 

Don  Valentín Paniagua fue  lo que el país necesitaba, pues  fue la antítesis de lo que el fujimorismo representó. Su decencia y honestidad no necesitaban pregonarse. No requería de zares ni oficinas anticorrupción pues  él encarnaba lo contrario a ese flagelo. Su talento lo llevó, sin complejos, a rodearse de gente capaz. Priorizó el futuro de la Nación por sobre cualquier ambición. Cuando algunos le pidieron que se quedara unos años,  supo cumplir con el mandato de la Constitución. Don Valentín Paniagua fue un repúblico a carta cabal. 

 

Mientras otros, en sus actos pequeños, reclaman un guiño de la Historia, Don Valentín Paniagua hizo Historia y es parte de nuestra Historia.

 

En momentos en los cuales nuestro país, peligrosamente, convive nuevamente con la miseria política, pienso  en la falta que nos hace Don Valentín.

 

El presidente García, con sus actuales socios, ha querido pasar por alto lo que sucedió hace 10 años. Tiene espacio  para condecoraciones inmerecidas y devaluadas,  pero ni un minuto para recordar a un político como Don Valentín, que hizo tanto en tan poco tiempo. Ocho meses, menos de un año, duró un gobierno que el Congreso, cada vez más esforzado en el debate de lo insignificante, también ha pretendido ignorar.

 

No importa. Hay ausencias que son grandes presencias y, en el momento  actual, la vigencia de Don Valentín se agiganta por excepción.

 

No podríamos mirar al Bicentenario sin admirar el papel que desempeñó Don Valentín Paniagua en el gobierno más breve y a la vez más importante de este siglo.

 

Que su recuerdo, tan presente, ilumine al Perú.

 

Firme y feliz por la unión, Don Valentín. 

 
Juan
Sheput

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