Nadie pone en discusión que la revocatoria sea un procedimiento democrático, como tampoco se puede decir que quienes la apoyan sean personas que pertenecen a la mafia. Nos guste o no, en democracia, y por ende en política, siempre habrá personas con las cuales coincidamos y con quienes no. En ese sentido la postura de algunos medios a favor de la revocatoria de la alcaldesa de Lima es un acto tan democrático como la asumida por los medios que la defienden. En este ámbito, el mediático, lo respetable es que quienes defienden o critican la gestión de la alcaldesa dan la cara, asumiendo su posición con convicción.
No sucede lo mismo en el ámbito político. No puedo hablar en nombre de mi partido, pues aún no se ha discutido el tema de la revocatoria, pero ello no impide que lo pueda hacer a título personal. Y desde mi punto de vista es sintomático que quienes enriquecieron su vida con testaferros, y que usaron testaferros en licitaciones o contrataciones, usen ahora testaferros políticos para plantear la revocatoria. Es decir, enfrentan un reto político sin tener el coraje político de dar la cara. Usan a sus personeros para “inspeccionar” la playa La Herradura o para pasearse por los medios, pero no tienen el temperamento para liderar un acto que, siendo de justicia y democrático, pretenden convertirlo en un vulgar acto de corrupción.
¿Por qué de corrupción? Porque tiene un origen abusivo y sin justificación. Se puede cuestionar la gestión de la alcaldesa Susana Villarán, pero dicha gestión tiene mecanismos democráticos para su fiscalización y control. En lo particular yo creo que, por ejemplo, la Beneficencia Pública de Lima está en muy malas manos y que hay serios indicios de malos manejos, pero ello no justifica una revocatoria sino un mayor control. La alcaldesa Villarán ha demostrado en otros campos voluntad y coraje para asumir grandes retos, heredados de problemas gestados por su predecesor Luis Castañeda, tales como el ordenamiento del tránsito y la seguridad ciudadana, y ello merece el apoyo popular.
No es primera vez que vemos esto. Ya antes, los poderes fácticos, acostumbrados a hacer lo que les venía en gana, se la emprendieron contra Alejandro Toledo desde el primer día de su gestión. ¡Vacancia! era el grito que contra Toledo lanzaban quienes extrañaban la velocidad administrativa de la mafia fujimorista, esa que se saltaba controles y que compraba el silencio de políticos con prebendas repartidas en la salita del SIN. ¡Revocatoria! es la grita contra Villarán de quienes quieren, una vez más, obras injustificadas hechas con la eficacia de las “oiemes” o las “oeís” puestas al servicio del enriquecimiento de algunas empresas constructoras y gestoras del empobrecimiento de la calidad de vida de nuestra ciudad.
Democracia es el régimen que defendemos quienes reclamamos un país predecible en el cual la antipatía o la ambición corrupta no sean fuente de un momento electoral. Somos un país sin élites, sin instituciones, sin partidos políticos, en manos de poderes de facto, sin control. Ese es el verdadero reto, cambiar esta penosa situación. Y para ello se requiere una gran reforma política uno de cuyos frutos sea poder enfrentar al interés económico, ese que promueve revocatorias o vuelve grandes transformaciones y hojas de ruta en alfombras serviles de su desmedida ambición.
Juan
Sheput