Solo en un país sin instituciones las reglas de juego se pueden cambiar en pleno proceso electoral. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) se ha convertido así, por obra y gracia de la manipulación política, en instrumento de quienes no soportan la realidad y la quieren cambiar a fuerza de encaprichamientos y directivas.
Recordemos. El JNE cambió a pocos días de realizarse las elecciones municipales una norma que causó que dos millones de votos quedaran en suspenso. Esta norma, que siendo legal era irregular, pudo cambiar el sentido de la decisión popular al dejar en manos de jueces electorales la interpretación correcta del voto. De manera “mágica” la norma se dio cuando Susana Villarán empezó el camino ascendente en las encuestas.
El mismo JNE dictó otra norma polémica que permite tachar a un candidato el mismo día de las elecciones del 10 de abril. Esta norma genera inestabilidad en el proceso electoral. El casi nulo debate sobre la misma ha permitido que el JNE siga avanzando con sus irregularidades hasta que llegó el turno de las encuestadoras.
En las últimas dos semanas las encuestadoras han registrado lo siguiente: una caída libre de la popularidad presidencial de 38% a 25%, motivada seguramente por la gran corrupción y la subida de precios. La virtual desaparición electoral del Apra, que no pasaría la valla electoral. También el estancamiento de Keiko Fujimori, el descenso al tercer lugar de Castañeda Lossio y el sistemático ascenso de Alejandro Toledo. Estos datos, tomados de encuestas de opinión, no han gustado a los que reflejan su inmadurez en un ego colosal. Cual la dama del cuento, han tirado el espejito al suelo cuando éste les ha dicho algo que les disgusta. Hay que acabar con las encuestas, debe haber sido el razonamiento, pues estas reflejan una realidad que no me gusta.
Y como la desesperación es creativa, se pensó en exigir a las encuestadoras la identificación de los encuestados. En un país en el cual la preferencia política es causal de despido, persecución o marginación, identificarse con un partido opositor es sinónimo de temor.
Lo que se desea con esta norma es manipular a la opinión ciudadana. El fraude es posible en medio del oscurantismo. A falta de ciencia nos gobernará la percepción o la intuición. Si Javier Velásquez Quesquén dice que el Apra pasará el 15% no habrá forma de comprobarlo.
Y en medio de todo, la candorosidad al servicio de la viveza política. Humala o el ingenuo, se pone del lado del gobierno en el cierre de las encuestadoras. Ni siquiera se da cuenta que esta decisión lo perjudica a él, que tenía, al igual que Alejandro Toledo, una tendencia ascendente.
Juan
Sheput