Durante los últimos días hemos asistido, como era previsible, a la presentación de una serie de encuestas, las cuales presentan un conjunto de datos referentes al proceso electoral. Todas ellas tienen como factor común el hecho que Alejandro Toledo ocupa el primer lugar, separado del segundo puesto por varios puntos, tantos que superan al error muestral.
Ante ellas, según la posición política de los entrevistados, hay diversos comentarios. Desde los que apoyan los resultados, sea por respeto a la ciencia, sea por conveniencia política, hasta los que critican los mismos, sin respeto por la técnica, basados simplemente en una lógica política. Esto último puede ser válido en una contienda, sin embargo cuando se llega a la difamación o al desprestigio infundado se sobrepasa el límite ético y ello merece una sanción.
Se dice que las encuestas son una foto del momento. En cierta medida puede ser correcta esta afirmación, pero en un entorno tan dinámico y plagado de escándalos como la política peruana, esta foto puede modificarse en horas o minutos. Una mala declaración, que puede ser aprovechada o tergiversada por el adversario, puede hacer que se cambie de opinión de un candidato en instantes, y esto, como es obvio, se reflejará en las encuestas.
Es por ello preferible ver a las encuestas como una película. Hay tantas fotos, de diversas encuestadoras, que permiten construir esta figura. Siendo así, el análisis se enriquece o en todo caso tiende a ser más preciso, pues ya no se analiza instantes sino se estudian las tendencias de la opinión ciudadana. Y allí, estudiando las tendencias, se puede apreciar que en los últimos cuatro meses Alejandro Toledo sube 8 puntos, Luis Castañeda pierde el segundo lugar y cae 7 puntos, Keiko Fujimori se mantiene en relativa estabilidad alrededor de los 20 puntos y Ollanta Humala sube lenta pero sistemáticamente hasta los 14 puntos. De continuar esta tendencia, pues en los próximos días se podría tener un cuadro con Alejandro Toledo en el primer lugar, Keiko Fujimori en el segundo, sufriendo una arremetida de Ollanta Humala que pasaría al tercero, y un Luis Castañeda que tendría que defenderse de PPK que podría dejar el sótano del quinteto y pasar al cuarto lugar.
Esto es lo que dice el análisis objetivo de las tendencias de todas las encuestadoras serias, no en aquellas que se confeccionan a gusto de Palacio. Reaccionar ante esta realidad con insultos, agravios, calumnias, difusión de información falsa o infame, es ridículo y conmovedor, y demuestra la falta de calidad política y talante en quienes lo practican. Es pura peliculina, síntoma de clara desesperación, en el cual la emotividad tomó el control por sobre la racionalidad. Y si un colectivo o individuo se deja gobernar por sus emociones, no está calificado para dirigir los destinos de una Nación.
Juan
Sheput