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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 13-07-2011 | Juan Sheput

Entre el sueño adolescente y la visión

 

Tiene razón el presidente Alan García cuando asegura que el  Tren Eléctrico es producto de un sueño. Los sueños muchas veces nos llevan por el camino del absurdo y cuando pretenden ser empresa pueden llevar al colapso al soñador.

 

Los sueños abundan en la adolescencia, periodo de entusiasmo febril en las personas,  en el cual las personalidades inmaduras creen que todo lo pueden.  Cuando la inmadurez gobierna sufren los pueblos la consecuencia de un círculo vicioso, la de no saber elegir al responsable de dirigir los destinos del país.

 

Los hombres de Estado no sueñan. Los hombres de Estado  tienen una visión. Los sueños los dejan para aquellos que creen que se gobierna en base a caprichos. El hombre de Estado es consciente de la consecuencia de sus acciones, de lo escaso de los recursos y todo eso lo lleva a impulsar su visión con base en la planificación. En contrario, el gobernante adolescente juega, goza su irresponsabilidad, desperdiciando recursos sin control. 

 

Al igual que hace 21 años el presidente García inaugura una obra que no funciona. Al igual que hace 21 años lo hace con un gran desperdicio de recursos. Cuenta, al igual que hace 21 años, con la complicidad de empresarios a los cuales solo les interesa la renta fácil, la ganancia, sin importarle la poca rentabilidad de la obra o su comprobada inutilidad.

 

No somos un país rico. Somos un país que debe ser cuidadoso con sus recursos. Sin embargo eso no parece importarle a nadie. El Colegio de Ingenieros del Perú pone su cuota de absurdo condecorando a esta obra inútil. En este caso la inmadurez invade a sus directivos en forma del afán por figurar.

 

Pero hay otras cuestiones absurdas. Algunas indignas de un profesor universitario. Las del ministro Cornejo, por ejemplo. Dice el ministro a Perú 21 que “la obra física está al 100% y lo que resta es ajustar el sistema, los horarios y los trayectos”. El ministro Cornejo, condecorado al igual que el tren, pero por la UNI, nos dice una barbaridad indigna de la ingeniería: primero la obra, luego el ajuste a ella, cuando es exactamente al revés. Primero se determina la necesidad, luego se diseña el sistema de transporte y al final, previa planificación, se construye la infraestructura. Pero el ministro Cornejo nos dice alegremente que es al revés. Una declaración que es todo un clásico de la administración actual.

 

Pero los absurdos no quedan allí. El tren que se inaugura, pero que no entra en funciones, tendrá una segunda etapa también hecha sin ninguna planificación. Costará mucho más, producto de una licitación cuestionada que merece una seria investigación.

 

Los sueños de Alan García me recuerdan a los de Hugo Chávez o Carlos Andrés Pérez en la sufrida Venezuela, país experto en  dilapidación de recursos y que hasta hoy sufre las consecuencias de los caprichos de los soñadores.

 
Juan
Sheput

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