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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 20-07-2011 | Juan Sheput

El difícil camino de la institucionalidad

 

Los eventos políticos acaecidos en el país,  desde que se inició el  año electoral hasta la actualidad, nos ha permitido observar  de manera privilegiada el largo camino que nos falta recorrer en materia de institucionalidad.

 

Desde que el Perú dejara de tener un sistema de partidos, allá por los noventa, cuando Fujimori liquidó a un cuerpo político agonizante, poco se ha hecho para recuperar la consistencia mínima que se requiere para poder hablar de un conjunto de partidos que respete las normas mínimas del quehacer partidario. Desde las listas parlamentarias a la medida, pasando por planchas presidenciales de último minuto, el  país observa  cuáles son las prioridades de los actores políticos. Veamos.

 

En pocos días se elegirá la Mesa Directiva del Congreso. Con excepción del Apra y del PPC, las bancadas parlamentarias no constituyen un brazo político de las decisiones partidarias. Y ello se refleja en las características de la discusión que soportamos en estos días. No se habla de una agenda política sino de un simple reparto burocrático de vicepresidencias. En lugar de hacer prevalecer en la negociación los temas que nos unan y dejar en claro los aspectos que diferencien a los partidos, la negociación se transforma en un simplón toma y daca. No faltan los advenedizos de la política que creen que ser representante en el Congreso significa romper con las estructuras partidarias. Son los principales causantes del desorden que se ve, del caos que se transmite, del deterioro de la política. Lejos estamos de parecernos a estructuras políticas ordenadas como las que tienen Chile, Brasil, México, España, para hablar de Iberoamérica, en las cuales las coaliciones o alianzas están en función de  ideas y no de  prebendas.

 

En más de una oportunidad he hablado de estos temas con tesistas de Ciencia Política. La estructura simple de dirigencias, representantes y militantes que tiene todo partido, es quebrada por el protagonismo de aquellos que creen que ser alcalde, regidor, congresista o presidente regional los exonera de toda responsabilidad partidaria. Son estos individuos  los que han convertido a la política en un juego o en alfombra de  intereses económicos.  Y a ellos hay que combatir si es que en realidad queremos configurar  un  sistema de partidos. Demás está hablar en el  Perú que podemos formar una concertación o alianza a la chilena, si es que no hay partidos políticos fuertes, que expresen políticas públicas sesudas que nazcan de think tanks o centros de ideas orgánicos y que entiendan la necesidad de sentirse orgullosos de construir una política profesional.

 

La política importa, dice el Banco Interamericano de Desarrollo en un estupendo libro editado en conjunto con IDEA Internacional. Claro que sí. Y los primeros que así lo deben entender son todas esas agrupaciones que deben hacer esfuerzos para transformarse en partidos políticos.

 
Juan
Sheput

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