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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 14-09-2011 | Jerónimo Centurión

Emblemáticos

Un emblema es algo simbólico, representativo; una suerte de ejemplo a seguir.

 

Los colegios emblemáticos, creados durante el gobierno de Alan García son, efectivamente, representativos de un lustro que priorizó la forma al fondo. Símbolo inequívoco de que para su administración y para él mismo (aunque su abdomen nos remita a un nivel doblemente irónico) la fachada fue más importante que lo ocurrido al interior de esos colegios.

 

Millones de soles fueron gastados en colegios elegidos, no por su historia o por su cantidad de alumnos, sino por su estratégica ubicación: junto a las principales avenidas o plazas en las capitales del país. No es casualidad que esta idea surgiera cuando la campaña electoral comenzó a calentarse ni que el expresidente García acudiese en las más importantes inauguraciones.

 

Existen unos 65 mil colegios públicos en el Perú y los que más apoyo requieren son aquellos ubicados en las zonas más frías de la sierra de Puno, Huancavelica, Cusco o Ayacucho. Allí existen los denominados colegios unidocentes, donde un profesor, mal pagado y mal alimentado, dicta clases, en un mismo cuarto, a niños de primero a sexto grado. La mayoría de estos niños llegan a clases desnutridos. Se duermen en el aula y su capacidad de aprendizaje es mínima. Existen excepciones, pero son casos extraordinarios. La mayoría de estos chicos ni siquiera aspira a estudiar secundaria, aspiran a sobrevivir.

 

Pero el hecho de que estos niños se inscriban en estas escuelas le sirvió al gobierno de García para anunciar, orondo y citando cifras del INEI, que la cobertura escolar se amplió durante su gobierno. ¡Qué falta de vergüenza! Cómo el INEI no evalúa calidad de enseñanza y cómo los estándares de la TV han hecho que este tipo de noticias sean relegadas, García pudo abocarse sin problemas a inaugurar sus electoreros colegios emblemáticos.

 

León Trahtemberg, experto en temas educativos, ha propuesto algo que podría sonar políticamente incorrecto: vender estos colegios y construir escuelas de menor tamaño que faciliten una educación más personalizada. Y tiene razón.

 

¿Se imaginan, por ejemplo, cuánto cuesta el terreno del colegio Alfonso Ugarte? Queda claro que para García estos colegios fueron un instrumento de campaña electoral. Pero estamos comenzando un nuevo gobierno y debería considerarse sincerar la educación en el país.

 

La semana pasada este diario reveló que los benditos colegios emblemáticos no solo fueron usados políticamente y que no solo se destinó a ellos 1,800 millones de soles, un porcentaje altísimo del exiguo presupuesto asignado al sector educación. Fueron más allá. Según la Contraloría, solo en el colegio Melitón Carbajal existen irregularidades por más de medio millón de soles. Cuando uno observa cómo está la educación en las zonas más pobres del país es imposible no indignarse.

 

Este gobierno está comenzando su gestión y hoy goza de un expectante 70 % de aprobación. La ministra de educación es, a su vez, una persona decente. Y, cómo si esto fuese poco, el MEF ha aprobado ampliarse su presupuesto en un 30 %. ¿Qué significa esto? Es el momento de replantearnos, gobiernos y ciudadanos, qué hacer con la educación en el Perú. Es momento de plantear iniciativas, de fomentar liderazgos, de asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos para hacer de este un país más justo, comenzando desde la base, y ese primer piso es la educación… (estas reflexiones continuarán)

 
Jerónimo
Centurión

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