Nico no es un desconocido. Ha sido animador de ‘Lima Limón’, un popular programa de TV en el canal con mayor rating del Perú. Es líder de la banda de rap alternativo ‘La Raza 2.0’ y ha escrito, además, un libro llamado Relatos marihuanos. En su libro Niko nos cuenta su relación con esta hierba.
¿Qué significa esto? Pues que, por lo visto, Niko no es un avergonzado consumidor de marihuana. Todo lo contrario. Es alguien que, consciente de la legalidad de sus actos decide enfrentar la hipocresía con divertida y provocadora honestidad. Su actitud nos lleva a pensar que “quien no la debe, no la teme”
Esto, sin duda, no fue considerado por el grupo de policías que la noche del 31 de enero ingresaron a su casa por la fuerza y que, además de a Niko, detuvieron a Víctor Vásquez, su novia estadounidense y una señora de 72 años que no tenía idea de lo que estaba ocurriendo.
Según los detenidos, la policía ingresó sin autorización fiscal, se robó una computadora, una cámara de fotos y dinero. Lo concreto es que apenas Niko y compañía ingresaron a la comisaría de Barranco comenzaron las negociaciones.
Mientras cientos de turistas y vecinos de esta zona privilegiada del país se paseaban admirando la arquitectura, visitando museos y degustando orgullosos lo mejor de nuestra gastronomía, un grupo de policías buscaba negociar con los detenidos su libertad. Cultura y corrupción en la misma calle San Martín.
Voceros de la policía justifican el abrupto ingreso al domicilio de Niko amparándose en la “flagrancia”, esto significa que un delito se estaba produciendo en ese instante y estaban obligados a actuar con tanta urgencia que no pudieron llamar al fiscal.
El delito flagrante que cometían Niko y sus “secuaces” era tener en la ventana de su casa una maceta de cannabis sativa macho. Una planta, finalmente, decorativa. Luego encontrarían 4 gramos de marihuana.
Según el artículo 299 del código penal, el consumo de drogas no es ilegal. Es más, la ley establece que una persona puede portar hasta 8 gramos de marihuana para su consumo personal. Eso dice la ley. Esto significa que, en un lugar abierto, una persona podría fumarse un porro y un policía no podría o no debería decir nada.
Sin embargo, en el Perú, hace mucho tiempo, la Ley, el código penal o cualquier norma significa el parámetro desde el cual negociar. Una herramienta mal usada por la policía para amedrentarnos, amenazarnos o extorsionarnos. ¿Por qué lo permitimos? Porque es difícil enfrentarse a ellos, por la burocracia administrativa y porque, reconozcámoslo, al final de cuentas, nos sale más barato pagar una coima.
El caso de Niko revela paradojas crecientes en nuestro país. Cabe preguntarse: Si esto ocurre en Barranco, ¿qué pasará en el resto del país?
También es irónico que mientras el gobierno y los medios, a raíz de la captura de ‘Artemio’, destacan el esfuerzo y la valentía de policías que ponen en riesgo su vida en el Huallaga o el VRAE por la “pacificación del Perú”, policías en Barranco nos devuelvan a la realidad con este tipo de fechorías. Nada cambiará si no cambiamos todos. Y a algunos les conviene que todo siga igual.
Jerónimo
Centurión