La muerte de Ivo Dutra, fotógrafo del semanario Hildebrandt en sus Trece, a partir de la irresponsabilidad de un chofer de la empresa Orión, no solo nos ha conmovido, sino que ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de cambios en el transporte de Lima Metropolitana.
Como lo han señalado los reportajes publicados por Infos durante esta semana, parte de la raíz del problema se encuentra en la organización de las empresas de transporte urbano. La mayoría de ellas se crearon como un mero cascarón para obtener la concesión de las rutas – muchas de las cuales, además, no fueron creadas con criterios técnicos – y los operadores del servicio (choferes y cobradores) son meros arrendatarios del vehículo.
Estos operadores, en su afán de pagar tanto al propietario del vehículo como para sacar el ingreso diario para sus hogares, terminan en una competencia salvaje que termina en los resultados ya conocidos. Sin duda, esto no excusa la irresponsabilidad de los choferes, quienes deben asumir la responsabilidad de sus actos, pero es el centro de un sistema perverso, que debe terminar.
A ello se suma el tamaño de los vehículos, con lo que el resultado es que, paradójicamente, tenemos uno de los parques automotores más pequeños de América Latina, pero las unidades utilizadas para el transporte urbano, al ser más pequeñas, se emplean en más viajes. Vehículos que se deterioran más rápido – muchos de ellos tienen un promedio de 19 años circulando - y contaminan más el medio ambiente de la ciudad.
Sin duda, la Municipalidad Metropolitana de Lima está comenzando a avanzar en esta materia. El establecimiento de buses-patrón para el transporte público de la ciudad, y se van a comenzar a licitar nuevas rutas con empresas de verdad. Pero, para que este objetivo sea cumplido a plenitud, es necesario que exista una autoridad única del transporte en la ciudad – comprendiendo en ella a Lima y Callao – y que tenga poder coercitivo suficiente en esta materia.
Pero creo que este es un tema que no depende solo de la autoridad municipal. También requiere de un cambio cultural en los ciudadanos. Como bien lo menciona Pedro Ortiz Bisso en El Comercio, “ciertos conductores de 4×4 no deberían ni manejar un triciclo”. Y debe incentivarse el uso de transporte público para ir a trabajar, en cuanto este se reforme. De lo contrario, el caos continuará.
José
Godoy