A partir de un artículo de Alberto Vergara escrito para Poder en junio de 2009, así como de dos entrevistas que hice a Fernando Tuesta y Aldo Panfichi para La Mula durante esta semana, mi conclusión sobre los lamentables sucesos en el Estadio Monumental es que el telón de fondo no se encuentra solo en la (poco estudiada) violencia de los sectores altos de nuestra sociedad, sino también en la pobre institucionalidad que rige al más popular de los deportes en el Perú.
La estructura que acompaña tanto a la Federación Peruana de Fútbol como a buena parte de nuestros clubes se asemeja al manejo de varios ámbitos de la política peruana: presidencialismo exacerbado, llegada al poder a partir de coaliciones precarias, establecimiento de pactos de no agresión con algunos sectores de la prensa, inauguraciones y contrataciones que luego generan deudas (o faenones) y la imposibilidad de cambiar un statu quo que no satisface a nadie.
Las posibilidades de desfogue se generan por el cambio de personas. Al igual que los ministros, los dirigentes de los clubes y los jugadores son pedidos por la hinchada, a tal punto que no se extraña ver a los dirigentes de las barras yendo a “ajustar” al equipo cuando no rinden. El tema es que los cambios de dirigentes, entrenadores y jugadores resultan ser paliativos a la frustración, dado que no existen políticas claras a mediano y largo plazo, o las mismas no se reclaman. Cualquier parecido con los casos Pronaa o Ministerio de Cultura no son mera coincidencia.
En medio de ese panorama existen islas de eficiencia. Allí citemos a un puñado de clubes con manejo administrativo eficiente, como a la selección peruana de fútbol en la categoría mayores. Dos factores inciden para mantenerse a flote: solvencia económica y gerencia de primer nivel. Y en el caso de la selección, un liderazgo confiable, trabajo de equipo (con personas de procedencia distinta), identificación con la institución, comunicación clara y un plan de trabajo con metas claras. La semejanza con Sunat o el Banco Central de Reserva es bastante cercana.
Finalmente, existen diagnósticos para mejorar esta situación. Y, al igual que con varias áreas del Estado, existe un informe para reformar a los clubes. Pero, como el informe de la CVR, el Acuerdo Nacional y consultorías para el Estado, los dirigentes han preferido engavetarlos. Hasta que se produzca la siguiente crisis.
José
Godoy