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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 27-10-2011 | José Godoy

APRENDICES DE FAÚNDEZ

Tinta Roja es una de las mejores novelas escritas sobre el periodismo en los últimos años. Alberto Fuguet logró reconstruir el espíritu de un diario sensacionalista, en particular, cuando trata noticias policiales. Sobre todo con un personaje: Saúl Faúndez.

 

Fuguet muestra a un viejo periodista que recomienda a su pupilo inventar detalles de casos policiales para que “El Clamor” tenga mayor lectoría y que mantiene excelentes relaciones con la Policía para obtener datos y primicias a cambio de dar protagonismo a los oficiales o suboficiales que intervienen en los operativos de captura. A su vez, este diario muestra las portadas más regadas de sangre de la prensa, en el universo creado por el escritor chileno.

 

Uno sabe qué no esperar de medios abiertamente sensacionalistas: rigor, precisión en los hechos, una reflexión mayor sobre un acontecimiento que involucra un crimen de por medio, y delicadeza en mostrar imágenes que afecten la susceptibilidad de los lectores.

 

El problema está cuando aquellos medios que gozan de alguna credibilidad o que llegan a más personas hacen uso y abuso de la noticia policial, sin ningún tipo de reflexión, utilizando el tiempo condicional en casi todas las oraciones, mostrando un mero carnaval de sangre y efectismo.

 

Quizás la mayor expresión de este fenómeno es lo ocurrido con el caso del estudiante Ciro Castillo-Rojo. Durante 6 meses hemos tenido que soportar toda clase de teorías de la conspiración dirigidas a establecer la existencia de un crimen, así como la posible responsabilidad de su pareja, Rosario Ponce, en un presunto homicidio. Ninguna de estas teorías tenía asidero en la realidad y tenían un único objetivo: vender más diarios u obtener más rating.

 

Con las excepciones de siempre, varios medios de comunicación cometieron una serie de errores reseñados por Roberto Bustamante, como entrevistar a charlatanes, convertirse en jueces, apelación a material privado filtrado desde la Policía, olvidar sus principios rectores y el derecho a la privacidad y, para rematarla, exhibir imágenes del cadáver encontrado. Peor aún, no se plantearon preguntas claves sobre la inoperancia de la policía o de las instancias de auxilio ante la pérdida de dos personas en una zona altamente visitada por turistas. Ya ni hablemos de los 15,000 desaparecidos a raíz del conflicto armado interno, ignorados por años.

 

Si Saúl Faúndez existiera en la vida real, quedaría complacido de sus émulos. O, tal vez, se horrorizaría al ver que lo han superado.

 
José
Godoy

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