Ayer, en una columna publicada en La Primera, Raúl Wiener sintetizó las cuitas de un sector de izquierda que apoya a Ollanta Humala. Wiener contó cómo el aggiornamento del hoy Presidente fue sugerido por el asesor Luis Favre como la única manera de ganar la elección, dejando de lado la imagen más radical de la elección de 2006. Y hoy el periodista se siente sorprendido de que esa sea la nueva forma de gobernar.
El problema de este tipo de visión es que el giro de Humala, si uno revisa lo ocurrido durante la campaña, no era sorpresivo. Ni tampoco lo era el rol secundario que iba a tener la izquierda en este gobierno. Basta recordar la ola de rumores que hubo alrededor de la incorporación de Javier Diez Canseco en la lista al Congreso de Gana Perú, la no incorporación de Alberto Pizango en la alianza, cómo Mario Huamán dejó su lugar a Carmela Sifuentes (presidenta de la CGTP) porque no tenía el lugar que quería en la lista (Ver más en el texto de Carlos León Moya sobre Gana Perú y Fuerza Social en el libro Anticandidatos).
También habría que recordar otro artículo de León Moya, publicado en la revista Dedo Medio, en el que describe cómo los asesores más cercanos a Caracas fueron desplazados por los brasileros y cómo estos, a su vez, terminaron confinando a Ciudadanos por el Cambio – la agrupación de técnicos y académicos zurdos cercanos al nacionalismo - a la elaboración de un plan de gobierno que, en sus partes más radicales, sería posteriormente morigerado.
Para ser claros, en la segunda vuelta no ganó La Gran Transformación. Muchos votantes de segunda vuelta de Humala aceptaron sus compañías zurdas en tanto y en cuanto supiera conducir una coalición amplia que llegara a ciertos equilibrios para conseguir algunos cambios sociales sin afectar el equilibrio económico y la democracia. Y para que no ganara el fujimorismo.
Quizás los amigos de izquierda que andan desconcertados podrían revisar otra columna de ayer, escrita por Antonio Zapata para La República. Allí el historiador da dos consejos claros. El primero, no pensar que todo tire y afloja con los sectores liberales es una batalla final. Y el segundo y principal, es necesario que armen un partido que los represente y que no los haga depender de un candidato cuyas convicciones ideológicas, si las tiene, no son las de ellos.
José
Godoy