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Miércoles 23 de Mayo del 2012

Columnistas | 05-01-2012 | José Godoy

LA REVOCATORIA Y SUSANA

El derecho ciudadano a plantear la revocatoria de las autoridades regionales y locales está reconocido por la Constitución y es desarrollado por la Ley de los Derechos de Participación y Control Ciudadanos. Por tanto, no puede calificársele de medida ‘antidemocrática’ per se.

 

Punto distinto es analizar los efectos que la revocatoria introduce en un sistema político precario como el peruano. Desde el primer día de gestión de muchos alcaldes y presidentes regionales, surgen los opositores de turno quienes plantean emplear este mecanismo para enviar al rival político a su casa.

 

De allí que esta semana viéramos a varios peruanos comprando kits electorales en la ONPE, pero que también tengamos un bajo número de solicitudes admitidas y, dentro de ellas, a pocas autoridades revocadas, de acuerdo a las cifras que maneja el Jurado Nacional de Elecciones.

 

Este proceso ha tenido mayor impacto por la compra de siete kits electorales para intentar llevar a consulta la permanencia de la Alcaldesa Metropolitana de Lima. Un hecho llevado a la práctica por personajes que se debaten entre el pedido legítimo, la figuración política y la defensa de agendas particulares. Amén de los intereses políticos y empresariales señalados por Juan Carlos Tafur y Juan Sheput en sus respectivas columnas.

 

¿Villarán merece ser revocada? Creemos que no. Su gestión no es el desastre que todos los días Aldo Mariátegui intenta vendernos, ni la alcaldesa es vaga. Villarán ha tenido una gestión más transparente que su predecesor y está comprándose pleitos serios en el tema del transporte urbano. También se reconocen en su haber obras propias y la conclusión de varios de los proyectos de gestiones anteriores.

 

La alcaldesa ha tenido errores que ella misma ha reconocido – demora en ordenar el comercio ambulatorio, los problemas con La Herradura -, pero, sobre todo, la MML ha carecido de una estrategia política para vender mejor una gestión más abierta y con menos énfasis en el cemento que Castañeda, en una ciudad acostumbrada a valorar a sus alcaldes por la cantidad de placas con su nombre que ve a su alrededor.

 

El efecto de incertidumbre que una revocatoria puede producir en Lima es algo que debe evitarse. Pero Villarán deberá colaborar para ello con un mejor trabajo político durante los tres años que le quedan de mandato. Sus defensores o sus críticos no deben basarse en que “es de izquierda”, sino en los resultados de su gestión.

 
José
Godoy

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