Febrero es un mes en el que los medios de comunicación ponen sus ojos en relación con la educación peruana. Desde los reclamos sobre cobros excesivos en las matrículas y las listas de útiles, pasando por la agenda del SUTEP, hasta la reiteración de los bajos niveles en matemática y comunicación integral que tenemos en las pruebas internacionales.
Consideramos que una mirada de este tipo resulta siendo incompleta y que termina ocultando tareas importantes que la escuela, la universidad y las demás entidades involucradas en esta materia no deben descuidar. Dos hechos ocurridos en enero nos permitirán entender a cabalidad esta afirmación.
La semana pasada, un grupo de padres de familia protestó ante la sede del Ministerio de Educación porque las autoridades educativas nacionales fueron claras en evitar que los niños menores de 6 años pudieran cursar el primer año de primaria.
Es la primera vez que el Ministerio se preocupa por la obsesión de muchos padres de familia por asegurar, desde la educación inicial, el ingreso a la universidad de sus hijos, sin importar su madurez emocional. Es la constatación de una “cultura de éxito” basada estrictamente en la obtención de grados y diplomas en la forma más rápida posible.
Patricia del Río insistió esta semana sobre cómo este afán legítimo (pero errado) de estos padres tenía un correlato: la existencia de algunos centros educativos privados dispuestos a llenar dicha demanda, a costa del desarrollo emocional de menores de edad y, claro, alentando esta malentendida “cultura del éxito”.
De otro lado, varias columnas de opinión por el caso Movadef tuvieron como argumento insistente la necesidad de difundir más lo ocurrido durante los años de violencia. Añado yo, el principal insumo para ello debe ser el Informe Final de la CVR.
Esta propuesta bien intencionada merece ser, sin embargo, complementada con dos ejes de trabajo. Desde su blog, Roberto Bustamante insistió en la necesidad de recuperar la escuela como espacio crítico, en el que el docente no se convierta en un reproductor de prácticas autoritarias tales como “yo dicto, tú aprendes y no cuestionas”.
Mientras que en este diario Eduardo Dargent incidió en la necesidad de recuperar a la universidad pública como espacio de calidad y diversidad en el que ideologías dogmáticas tienen todo el terreno libre para crecer. Ésta ha sido un área que el Estado ha descuidado por 50 años y que es momento que comience a recuperar.
José
Godoy