Existe una disparidad de pareceres acerca del destino electoral de Ollanta Humala. Sus candidatos – columnistas afincados en La República le dicen que enfatice más en el eje “izquierda – derecha”, Juan Carlos Tafur resalta que debe recuperar su identidad radical y Carlos Meléndez sostiene que las posibilidades del candidato de Gana Perú son limitadas al variar el escenario en que surgió en la política peruana.
Modestamente, pienso que Humala ha cometido un error parecido al de los chicos de Fuerza Social. Mientras que los últimos decantaron por una participación en solitario en estos comicios para construir una identidad – a la par que pelean por llegar al 5% de la valla electoral -, Ollanta ha decidido cambiar su marca registrada durante las elecciones.
No es un secreto para quienes están involucrados en el mundo político que cuadros políticos del Partido de los Trabajadores de Brasil – que encumbró a Lula y Dilma en el poder – han venido a Lima desde hace algunos meses para intercambiar ideas con Humala. Este hecho ha sido confirmado por Ollanta – quien estuvo en Brasil el fin de semana -, pero ha negado que exista una asesoría formal para la campaña.
Pero el candidato de Gana Perú parece haber entendido parcialmente que los radicales en el Perú no ganan y que, en el vecino del este, Lula debió emprender un camino de aggiornamento personal y de su partido para poder ser visto como una alternativa seria de gobierno.
En esa línea se encuentran declaraciones de Humala indicando que “el Perú del 2006 no es el mismo del 2011” y una entrevista a Javier Diez Canseco en la que el candidato al Congreso resaltó su rol como empresario hotelero en Puno. A ello se suma un spot en el que Ollanta enfatiza que “el progreso debe ser para todos” y que “el Perú debe seguir ganando”.
El problema para los nacionalistas es que la ‘gran transformación’ de su líder se ha producido a destiempo, pues un cambio tan brusco suena poco creíble. En una reciente columna, Jorge Bruce señalaba que Humala tenía severas dificultades para presentar propuestas de redistribución eficiente de los ingresos. Y su apoyo a la derogada norma contra las encuestadoras lo devuelve a los tiempos del ‘antisistema’.
Un viraje como éste, antes que a abril, apunta al 2016. Claro está, si es que Ollanta quiere seguir mirando a Lula en el espejo.
José
Godoy