Ollanta Humala ganó la elección gracias a varios factores. De un lado, por los errores de su rival, Keiko Fujimori, quien cometió serios errores durante las últimas dos semanas de campaña. No tuvo un tema central que se convirtiera en el eje de sus propuestas - más allá del lema publicitario -, confió demasiado en el voto limeño, sus voceros recordaron lo peor de una década de oprobio y terminó apelando como recurso final (y casi único) al miedo.
En el lado humalista no solo se cometieron menos errores, sino que ayudó un manejo profesional de campaña, en el que los asesores brasileros cumplieron un rol fundamental. A ello sumemos el apoyo de técnicos e intelectuales como los Vargas Llosa, quienes pudieron permitirle vencer ciertas resistencias en el sector B. Además, el debate que no perdió jugó a su favor, así como el divorcio existente entre Lima y el interior del país, evidente con los resultados iniciales de la boca de urna.
Además de los retos económicos, sociales y políticos que tendrá el nuevo gobierno por delante, se presenta una paradoja. Por primera vez en la historia de la República, tanto la Presidencia como la alcaldía de Lima estarán simultáneamente en manos de personajes vinculados, de alguna u otra manera, a la izquierda. Será una experiencia desafiante para un sector cuya experiencia de gestión solo ha estado en los gobiernos locales.
José
Godoy