Susana Villarán ha terminado acorralada por dos flancos. De un lado, el gobierno de Alan García que no resistió los cuestionamientos a su carnaval de obras y los medios prestos para el besamanos a García. De otro lado, ciudadanos que exigen celeridad en obras, sea por preocupación legítima por la ciudad como para “demostrar” que la izquierda es ineficiente.
Los diagnósticos brindados por varios columnistas (Tanaka, Ortiz Bisso, Álvarez Rodrich) coinciden. Villarán heredó una Municipalidad con varios presentes griegos, acertó en fiscalizar a su predecesor y está siendo víctima de una contracampaña feroz. Pero la alcaldesa careció de olfato político para enfrentar la campaña mediática anunciada antes de asumir, como para percatarse que un sector de votantes esperaba también obras concretas.
Es cierto que el sello personal que Villarán y su equipo quieren brindar a la ciudad va más allá del cemento. Una ciudad como Lima no se compondrá solo con mayor obra física, sino también con el cambio de actitud de sus ciudadanos. Sin embargo, esta agenda debe ser compatible con soluciones a temas como transporte y seguridad ciudadana.
Decir que la alcaldesa es ‘Lady Vaga’ resulta injusto. Basta ver la página web de la Municipalidad de Lima para ver las reuniones y tareas que se vienen haciendo en la comuna limeña. Sin embargo, el daño está hecho y Villarán tiene que remontar una imagen construida por sus críticos y una estrategia de comunicaciones que no ha funcionado.
¿Qué tiene que hacer Villarán? Dos elementos clave. El primero es responder con gestión eficiente. Es necesario que la Municipalidad, sin perder criterios de calidad, concretice en lo que queda del año obra tangible por exhibir, así como el inicio de reformas importantes en seguridad y transporte, las áreas más sensibles para los vecinos.
Y el segundo es un cambio comunicacional. Ello pasa no solo por desmentir a los complotadores mediáticos – que harán lo mismo con Humala – o la actividad en redes sociales. Ello implica volver a las raíces de la campaña que permitió que Susana Villarán sea la alcaldesa de Lima (como menciona Roberto Bustamante): la calle y el contacto directo con los vecinos, tanto para explicar lo que se hace, como para la docencia política que ella se había planteado como sello personal.
Y ello no solo debe quedar en los sectores populares, sino también en la clase media que aún la ve con cierta desconfianza.
José
Godoy