25 de Octubre del 2014 - Lima PE
Marzo 19, 2012

DEL TEMOR Y OTROS DEMONIOS

DEL TEMOR Y OTROS DEMONIOS

Aunque suene a lugar común, es necesario apuntar que los asistentes a la charla magistral sobre “Demonología y Exorcismo” del padre José Antonio Fortea, no podían imaginar lo que vivirían esa noche. La parroquia Santa Rosa de Lima de Lince, abarrotada de esquina a esquina y en verano, no dejaba espacio para un alma más. Podría decirse, sin faltar a la verdad, que hasta el demonio casi se queda, con sus cachos y tridente, o lo que sea que se crea que lleve encima, en la calle.

 

En la entrada, el movimiento de automóviles y gente ya era inusual para la zona. Cruzando una cortina de curiosos en la puerta principal de la gran construcción –la parroquia es lo suficientemente amplia para 200 personas cómodamente sentadas–, la voz del párroco se elevaba para hacerse oír entre el murmullo de su nunca tan llena parroquia. Todos los asientos estaban ocupados. Los arreglos florales blancos de una boda que se celebraba antes de la charla apenas si se veían entre cientos de piernas: los tres corredores que dan al púlpito también estaban repletos, todos de pie, expectantes: mujeres, hombres, ancianos y jóvenes. E invitados de los novios. En total, unas 500 personas.

 

Es seguro que la pareja que había separado la parroquia para contraer matrimonio una hora antes de la charla del padre Fortea tampoco imaginó casarse en tal olor de multitud, rodeados de gente que no los conocía y que más bien esperaba, tensa y calurosa, el término de la ceremonia para satisfacer su curiosidad. Igual que los novios.

 

Pero todos se comportaron, dadas las circunstancias, con simpatía: cuando los nuevos esposos se retiraron a iniciar su vida marital se hizo el espacio correspondiente, alguna espontánea anciana asumió el papel de acomodadora y apartó a una turista para dejar espacio al paso orgulloso de… el padrino. No quedó claro si lo hacía porque era familiar o ya ardía en deseos de escuchar la charla, total, eran casi las 8:30 p.m., mientras el coro cantaba otro salve, con el barítono o tenor a viva voz, piano y violín como acompañamiento… la situación comenzaba a salirse de control. Por cierto que fue muy irresponsable que ni representantes de la Municipalidad de Lince ni de Defensa Civil estuvieran en el evento, pues de haber estado probablemente lo clausuraban.

 

La ceremonia terminó y los novios salieron lentamente en medio de sonrisas desconocidas, pero sinceras. Y entró el padre Fortea, la verdad un poco después del sacerdote, que ofició de breve presentador.

 

La charla obviamente se acercó al lado oscuro de la religión católica desde una perspectiva de conocimiento de lo maligno para acercarse a lo divino, o “cómo el mal puede penetrar al ser humano y cómo Dios puede salvarnos”. Y nótese que a partir de aquí los gestos comenzaron a cambiar entre algunos fieles. Ya llegaban algunas cámaras de televisión, los invitados de la boda seguían saliendo y los curiosos de atrás iban hacia adelante, sudorosos e impacientes de tanto esperar.

 

El padre Fortea decía que “la curiosidad no es mala, todo intelecto busca conocer estos temas…” cuando desde la calle ingresó una mujer que guiaba a un joven con alteraciones mentales delante de ella, ante lo cual las personas abrían espacio instintivamente. A paso errático la pareja se abrió camino entre la gente, hasta poco más de la mitad de la parroquia, donde se detuvieron en silencio a escuchar.

 

Luego, Fortea comentó que había tenido las mismas dificultades de aforo en otros países, porque la curiosidad por el tema que le apasiona es universal. Y que no es malo, dijo, ir hacia Dios por miedo, simplemente. Y que convivimos con lo maligno como en algunas iglesias del mundo aún conviven las gárgolas con las imágenes santas. Y de lo interesante que le parece que el libro sagrado del judaísmo, la Torah, tenga lo que llamó “un lado oscuro”, al igual que la Biblia.

 

Llegados a este punto, la presión del calor en el lugar y el tema tratado ya sofocaban a algunas damas, algunos últimos invitados de la boda se retiraban en silencio. Una definición de exorcismo del padre obligó a una de esas damas a lanzar un sonido imposible de convertir en onomatopeya: «La cosa más terrorífica que puede haber sobre la tierra es la manifestación del demonio en un cuerpo humano. Endemoniado y exorcizar: un sustantivo y un verbo específicos para nombrarlo».

 

Luego de la calurosa y abarrotada velada, algunos fieles de la parroquia seguro no olvidarán esa charla, que más que satisfacer su curiosidad con definiciones y caminos a la santidad, abrió cuestionamientos respecto a cuánto saben en realidad de sí mismos.

 

MARIANO VÁSQUEZ: [email protected]

Tags: