21 de Septiembre del 2014 - Lima PE
Mayo 16, 2012

El segundo milagro de la región San Martín

El segundo milagro de la región San Martín

Hace doce años los Sinarahua Aspajo son una de las 450 familias que construyen día a día el denominado segundo milagro de la región San Martín. Ellos se dedican al cultivo de la palma aceitera, una generosa planta que hace buen tiempo les brinda un mundo de oportunidades. Su fruto conocido como almendra les cambió la vida, el entorno y, sobre todo, el futuro para ellos y sus nuevas generaciones. “En el año 2000 empecé a sembrar palma aceitera. Poco a poco empezamos a trabajar, cuidé mis cultivos como nunca antes, esperé tres años para lograr lo que ahora tengo”, nos dice don Roberto Sinarahua, el patriarca de la familia.

 

Desde muy temprano este agricultor junto a sus hijos Segundo, María, Romelia y Edwin se reúnen para trabajar las 37 hectáreas de palma aceitera que sembraron en terrenos que antes fueron cultivos de hoja de coca. Esta zona es conocida como el Pongo de Caynarachi en San Martín, en donde existen más de 1,500 hectáreas en producción pertenecientes a la Asociación de Agricultores Jardines de Palma, una empresa con modelo asociativo que pretende implementar otras dos mil hectáreas de cultivo en los próximos tres años, con lo que sus ingresos y utilidades podrían hasta cuadruplicarse.

 

“Las posibilidades de ampliación de la Palma Aceitera son constantes. Tenemos un millón de hectáreas para ampliar. Si deseamos sustituir las importaciones necesitamos solo 150 mil hectáreas más. Hay un gran mercado emergente”, señaló Donato Peña, coordinador del proyecto de USAID.

 

“Toda mi familia está en la palma, gano entre dos mil y tres mil soles mensuales por cada hectárea. Junto al palmito (otro cultivo) ya puedo vivir tranquilo. Mis hijos y mi esposa laboramos entre cuatro y cinco horas y sacamos más o menos mil kilos diarios”, nos cuenta don Roberto. Aquí cada agricultor gana US$ 180 por tonelada (S/. 508.00) según el precio del mercado internacional regulado por la oferta y la demanda.

 

En conjunto, todos los agricultores de la zona producen aproximadamente 7,500 toneladas por mes, con ganancias superiores a un millón 350 mil dólares. Imagínense sus ingresos anuales y, sobre todo, los beneficios que reciben al pertenecer a una de las cuatro empresas de agricultores en todo el país que ya transforman la palma aceitera.

 

El cultivo va en aumento, todo un boom que podría convertirse en los próximos años en el principal cultivo alternativo del Perú, dejando atrás al cacao y el café. Una muestra de ello son los agricultores de Pongo de Caynarachi y Pampa Hermosa, entre las regiones San Martín y Loreto, en donde el crecimiento anual de hectáreas de productores independientes llega a las 600 hectáreas por año, gracias al apoyo con asistencia técnica y créditos de instituciones cooperantes como la Oficina de las Naciones Unidas contra el Delito y las Drogas (ONUDC) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

 

“En realidad estamos contentos, porque se ha mejorado la calidad de vida de 450 agricultores con la palma aceitera. Los niños y familias tienen viviendas dignas, acceden a estudios superiores, una mejor salud y mejores vías de comunicación. Nuestra vida cambió”, señala Anahí Dávila, presidenta de la Asociación de Agricultores Jardines de Palma.

 

LA AGROINDUSTRIA DE LA PALMA ACEITERA

La palma aceitera es una planta muy generosa. Cada uno de sus racimos tiene aprisionado entre sus puntiagudas espinas relucientes frutos rojos denominados almendras, la mitad de su peso en aceite crudo del cual derivan una gran cantidad de productos (400 derivados aproximadamente) que gozan de un amplio mercado internacional, desde aceites de cocina, margarinas, cosméticos, detergentes, jabones, pinturas, velas, betunes, tintas, hasta el biodiesel.

 

El precio de cada tonelada de aceite crudo de palma alcanzó en los últimos años los US$ 1,300, una cifra récord, mientras que el aceite de palmiste, un subproducto del cultivo utilizado para cosméticos por la industria farmacéutica, alcanzó los US$ 3 mil la tonelada. El alza de los precios internacionales del aceite de palma ha sido un factor de estímulo para esta agroindustria y el crecimiento de los cultivos.

 

En Latinoamérica, Colombia tiene 400 mil hectáreas, Ecuador 250 mil y Brasil inició hace poco tiempo un programa intensivo de siembra. Mientras en nuestro país tenemos más de 3 millones de hectáreas aptas para esta planta, pero hasta el momento solo se ha explotado 50 mil en toda la selva peruana. Aún así se brinda empleo directo e indirecto a unos 50 mil agricultores.

 

“Nosotros trabajamos en áreas intervenidas, excocales y expastizales. Es un cultivo reforestador agroindustrial que brinda ingresos al agricultor y protege el suelo. Este cultivo contribuye en la captura de carbono. La palma aceitera captura de 15 a 20 toneladas de carbono al año, frente a un bosque natural que llega a las 10 hectáreas”, señala el ingeniero Antonino Vergara.

 

Se estima que en el Perú existen nueve millones de hectáreas que se encuentran abandonadas y no utilizadas en forma adecuada. Su uso sostenible permitiría un crecimiento de la producción de palma aceitera.

 

Una ventaja comparativa es que en Malasia e Indonesia, principales productores mundiales de palma aceitera, ya no existen terrenos para ampliar su producción, por lo que se prevé que en los próximos años los inversores privados se trasladen a nuestro país. A ello se suma la demanda mundial del biodiesel. “La demanda externa es grande y va a crecer. Los mayores productores -que son Malasia e Indonesia- están saturados y no van a crecer. Esto va a generar grandes inversiones en países como el Perú. El gran problema es organizar la Amazonía para que no tenga un impacto en el ambiente y no sea un cultivo invasivo”, advierte Johan Wiese de la ONUDC.

 

AGRICULTORES EMPRESARIOS

Si las proyecciones se mantienen a largo plazo, la palma aceitera se percibe como una promesa de riqueza y prosperidad para nuestros agricultores, la gran mayoría de ellos, hombres y mujeres que abandonaron la ancestral hoja de coca, un cultivo ilegal que no les permitía nuevas oportunidades.

 

“En los años 80 sembraba arroz y no funcionó y luego cambié por la hoja de coca. Tenía cuatro hectáreas, tenía más trabajo y no estaba tranquilo porque venía la gente de la subversión, la policía y lo soldados. Era bien jodido, pues, teníamos miedo”, cuenta don Roberto Sinarahua.

 

Hoy este hombre junto a otros 450 agricultores han conformado la empresa Industrias de la Palma SA (INDUPALSA) que compra dos veces al año la producción total a sus asociados. Entrega utilidades anuales, brinda asistencia técnica gratuita y créditos para ampliación de los cultivos. Todo bajo el modelo agricultor-empresario. “El modelo de agricultor empresario es muy positivo. Ya no solo son productores de materia prima sino la transforman. La ONUDC empezó este proceso de creación de organizaciones de productores y a hacerlos empresarios exitosos. Hoy hay cuatro organizaciones con sus respectivas empresas en el Perú que han empezado a tener utilidades. El agricultor mejora su economía, tienen sus propias acciones y son dueños de su destino”, afirma Donato Peña, coordinador del proyecto de USAID.

 

El modelo exitoso recién empieza. La semana que pasó ONUDC transfirió la totalidad de la planta de procesamiento y transformación a los agricultores, con lo que se convirtieron en accionistas mayoritarios de la empresa con un 81 por ciento de las acciones. Otro porcentaje lo comparte la empresa privada (OLAMSA) y agricultores individuales.

 

Uno de los objetivos de sus directivos (agricultores) es incentivar la venta de acciones a agricultores de Loreto y ampliar la producción de la planta. “Hemos transferido la planta para darles incentivos a los agricultores de San Martín, pero deseamos que los productores de Loreto también participen. Ellos son dueños de toda la planta. El segundo paso es transformar y darle un valor agregado a la palma, hacia la refinación de productos alimenticios y biocombustible”, asegura Johan Wiese de la ONUDC.

 

Es por todo esto que los especialistas aseguran que un nuevo milagro está ocurriendo en la región San Martín. Humildes agricultores, como don Roberto Sinarahua, su esposa e hijos, que escogieron el sendero del progreso en vez de caminar por el de la oscuridad. “Estoy muy satisfecho porque me da más dinero. Más que la coca y otros productos”, finaliza don Roberto.

 

ERIC PEREIRA - FOTOS: MARCOS ROJAS

ENVIADOS ESPECIALES: [email protected]

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