La tierra nunca olvida a sus hijos. A los pródigos, a los nobles, a quienes hicieron daño y a aquellos que permanecieron a pesar del mal tiempo. Joseph Stalin, el líder soviético que generó terror en un contexto en el que pretendía instaurar un pensamiento único (a los opositores –a quienes exterminó– los denominó “enemigos del pueblo”), cumple 60 años de fallecido. En su natal Gori han decidido rendirle culto, en medio de un escenario que se debate entre el recuerdo y el rechazo al líder comunista.
En 2010, le erigieron una prominente estatua en la plaza de la ciudad, pero el gobierno de Georgia, al mando del presidente Mijaíl Saakashvili, de tendencia pro occidental, ordenó derribarla. Recientemente,
Nikoloz Kapanadze, un trabajador que sobrevive por las propinas que gana ayudando a los conductores de la calle Stalin a encontrar un lugar para estacionar sus automóviles, asegura que la estatua debe ser reinstalada. “Todos quieren eso, no solo yo, sino toda Gori, toda Georgia, quiere que el monumento sea instalado donde estaba antes. Tengo 65 años y solo oí cosas buenas de él a lo largo de mi vida”.
Pero en Gori no solo recuerdan al líder nacido de sus arcas a través de estatuas. La principal atracción de esta ciudad es el museo dedicado a Stalin –construido en 1957–, en el que se puede apreciar una colección de fotografías heroicas e incluso su máscara mortuoria. Más que un museo, da la impresión de ser un santuario.
Olga Tochishvili, quien desde la era soviética trabaja como guía del museo, asevera que las actitudes hacia Stalin han cambiado. “En Georgia, a la mayor parte de la generación más vieja le sigue gustando Stalin. Piensan que fue un gran estadista, con sus pequeños errores. A los jóvenes no les gusta Stalin, por supuesto, no están interesados en la historia”.
SUEÑO GEORGIANO
La coalición Sueño Georgiano derrotó en las elecciones parlamentarias de octubre pasado al partido de Saakashvili. Los primeros proponen reparar las resquebrajadas relaciones de Georgia con Rusia. El nuevo alcalde de Gori, David Razuadze –perteneciente a Sueño Georgiano–, es quien ha decidido que la estatua de Stalin sea reinstalada.
“La gente en Gori tiene la sensación de que el nombre de Stalin es conocido en el mundo y también lo es su pequeña ciudad... Georgia es conocida mundialmente por Stalin. Y la posición del gobierno anterior, que básicamente era un insulto, resultaba insoportable. Y yo digo, usted puede condenar el período de Stalin, puede condenar la represión política y la vieja forma de vida, pero usted no debe tocar personalidades”, argumenta Razuadze.
Es decir, la estatua ha generado un real debate en torno a lo positivo y lo negativo de la época en la que Stalin gobernaba. Además, es una manera de cuestionar qué tanto han realizado los gobiernos de facto para que se conozca la magnitud de las acciones realizadas por el sucesor de Lenin.
Ante este nuevo panorama, Giorgi Kandelaki, un diputado del partido de Saakashvili, ha calificado la decisión de volver a erigir la estatua como un paso hacia atrás.
“Perdimos las elecciones y lamentablemente tenemos señales de retroceso democrático en Georgia o de coqueteos con el pasado soviético. Y el regreso de esta estatua es una de esas señales simbólicas pero muy preocupantes. En Gori, la decisión de asignar fondos a la reinstalación de la estatua fue hecha no por personas privadas, sino por el ayuntamiento y el gobernador local, quien representa al consejo de gobierno. Creo que esto es un hecho escandaloso”.
Resaltó que ningún país que aspire a convertirse en una nación normal puede tener un símbolo que rinda homenaje a un opresor. “Todo el mundo conoce a Stalin como el dictador más sangriento de la historia. Y la segunda razón se refiere específicamente a Georgia. En 1921, cuando este país era una democracia parlamentaria, Stalin fue el iniciador de la invasión y ocupación soviética rusa a Georgia”, remarcó.
ES NECESARIO ENFRENTAR EL PASADO
Lasha Bakradze, profesor de Historia Soviética en
“No se ha hablado de eso. Además, en los libros escolares no se encuentran explicaciones acerca de lo que fue el sistema totalitario. Así, se entiende por qué la gente todavía se mantiene en ese modo soviético de pensamiento, de que Stalin era ‘Nuestro Chico’, un líder muy fuerte”.
Lo curioso –resalta– es que por un lado la sociedad georgiana puede tener simpatía por Stalin, y por el otro, la mayor parte de los georgianos son prodemocracia, libertad, etcétera. “Es muy primitivo el pensamiento patriótico”.
En el museo recién se ha instalado un pequeño cuarto que puede ser el inicio de un cambio. En este espacio ubicado bajo las escaleras aparecen los nombres de decenas de víctimas de las represiones de Stalin.
MILAGROS OLIVERA
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