Política | Septiembre 9, 2011
El conflicto entre la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y la Iglesia se ha tornado en un escándalo. ¿Quién maneja el poder o quién desea manejarlo? La vicerrectora de esa Casa de Estudios nos cuenta su versión de los hechos y la preocupación porque se someta a discreción de unos cuantos con características de conservadurismo y represión, el futuro de una institución educativa.
Todos los sectores de la PUCP se han manifestado en contra de modificar los estatutos, ¿qué va a pasar después del viernes 23?
Nos están pidiendo, por ejemplo, que el Gran Canciller (Cipriani) sea el que elija a nuestro rector. Pero tu lees toda la Constitución Ex Corde Ecclesiae a la que se supone nos estamos adecuando y en ningún lugar de todo ese mamotreto dice tal cosa. O sea, nos piden que vayamos más allá de la propia Constitución Apostólica.
De no adecuar los estatutos, ¿se puede quitar ‘Pontificia’ y ‘Católica’?
Sí, de poder, ambos (El Vaticano y Cipriani) podrían hacerlo.
¿Se imaginan sin nombre?
Hemos pensado en eso. No queremos apresurarnos, pero es una posibilidad. Lo que sí tenemos claro es que el cambio de nombre, en el caso que le quiten uno o dos adjetivos, no significa cambiar nuestra naturaleza.
¿No habrá diálogo?
Nos encantaría, y te lo digo con toda franqueza, ir a El Vaticano y decirles por qué no queremos cambiar nuestros estatutos. Lo que pasa es que ahorita, él (Cipriani) nos manda la propuesta de El Vaticano con su logo. Entonces nos está diciendo: “Ustedes a El Vaticano, nada, ustedes hablan conmigo”.
Entonces, no habrá diálogo con Cipriani de acá al viernes 23…
Muy difícil. Después de 12 años de acoso, de escribir en todos nuestros títulos de propiedad la sentencia del TC, cómo te invita al diálogo alguien que te ataranta con todos los mecanismos posibles.
¿Es algo personal de Cipriani?
Yo no sé. O quizás es costumbre y pasa en otras universidades. Pero no hay nada en la propia Constitución que nos pida eso. Una de las propuestas de la reforma es que el Arzobispo de Lima pueda cuidar de la buena conducta moral de los profesores, de los estudiantes y de los trabajadores administrativos. Entonces, cuando miras la carta que envió el obispo de Arequipa, Javier del Río, te dice “este profesor es feminista, qué hace enseñando ahí”. Y Del Río es uno de los que el cardenal Cipriani menciona como alguien con el que podemos dialogar.
¿Por qué se produjo ese enfrentamiento mediático entre el rector Rubio y el cardenal Cipriani?
Recibimos la propuesta de El Vaticano, la guardamos y citamos a una asamblea. Ese día se lo entregamos a los 78 miembros; fue un viernes. Pero ese día en la edición de El Comercio ya estaba todo y nos molestó mucho. No fuimos los que iniciamos la cosa mediática.
Fue Cipriani entonces…
Obviamente, porque de nuestro lado solo cuatro personas sabían del tema.
¿Todo el alboroto mediático había sido bien planificado por Cipriani?
Ha habido de parte del equipo de abogados del cardenal una presión mediática. Nosotros todavía estábamos discutiendo en la asamblea y ya estaban Natale Amprimo y Fernán Altuve declarando en la radio que éramos un bien eclesiástico y el padrecito Gazpar igual. Estaba todo planificado y organizado.
¿Hay algo de verdad en lo que dice Cipriani o son puros disparates?
Hay un tema que es discutible y por eso estamos en un juicio que es la interpretación testamentaria de Riva Agüero. Nosotros decimos que nos hace propietarios absolutos y hay otro testamento que dice que debe ser propiedad de una junta administradora. Afirman que somos un bien eclesiástico. Eso sí es jalado de los pelos. Decir que nos van a disolver, que nos van a quitar nuestros bienes, que devolvamos los edificios, no, pues.
¿Desde cuándo empieza el problema con el cardenal?
Mira, a Cipriani lo nombran obispo de Lima y, por lo tanto, Gran Canciller de la Católica en diciembre de 1998, y ahí comienza el tema de los estatutos, de la junta administradora. Dijo un par de años antes cuando todavía era obispo de Ayacucho que “el gobierno militar de Velasco le quitó la PUCP a la Iglesia y yo la voy a recuperar”. Nos llamó mucho la atención porque el gobierno de Velasco no confiscó nada. Entonces ya había algo extraño ahí.
¿Qué significó esa declaración?
Eso fue como una especie de declaración de guerra anunciada sin ser todavía Arzobispo de Lima ni Gran Canciller. Creo que tiene que ver con la orientación ultraconservadora que Cipriani representa en el Perú y en el mundo. El Opus Dei es uno de los sectores más conservadores de la Iglesia. Si tú ves, los grupos que lo apoyaron el año pasado en una carta son el Sodalitium Vitae, con problemas de pedofilia y corrupción, los Neocatecúmenos, la Iglesia Santa y Avanzada Católica, que son ultraconservadores.
¿Cómo te imaginas a la PUCP bajo el poder de Cipriani?
Mira, ya tenemos una lista de 7 profesores que tendrían que salir volando, según el obispo Del Río, y tú te imaginas en una universidad gobernada por el Opus Dei si va a haber un colectivo de gays estudiantiles o un diploma de género, imposible. Yo me imagino eso y me dan ganas de llorar. En una universidad del Opus Dei yo no quepo, ni cabe el diploma de género, ni cabe el sindicato.
¿Tú le crees algo cuando sale a hablar por los medios de comunicación?
No le creo nada. O sea, le creo que tiene fe, le creo que es sacerdote. Pero cuando dice con cara de puchero que quiere dialogar, no le creo. En mi opinión, no se comporta como un pastor de la Iglesia, pues usa un programa de radio para decirle ladrón al rector.
DIEGO HERNÁNDEZ: dhernandez@diario16.com.pe