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<title>Diario16</title>
<link>http://www.diario16.pe/</link>
<language>es-CL</language>
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	<title>PAPÁS EN SERIE</title>
	<published>2011-11-26</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1314/papa-s-en-serie</link><description><![CDATA[<p>
	La familia, siendo una instituci&oacute;n social, es tambi&eacute;n un concepto econ&oacute;mico. Buena parte de la industria del consumo est&aacute; estructurada en funci&oacute;n de ella. Pensemos nom&aacute;s cu&aacute;n apreciada es la familia como p&uacute;blico objetivo dentro del mercado, y cu&aacute;ntas estrategias comerciales se urden para atraerla. Por eso las tiendas por departamentos y las grandes marcas de art&iacute;culos para el hogar organizan hoy los matrimonios: no tanto porque quieran ver a los novios realizados, sino porque una nueva familia es, en el fondo, un cliente pr&oacute;ximo a fidelizar.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	A esa perspectiva quisiera a&ntilde;adir dos elementos: 1) el discurso de la Iglesia Cat&oacute;lica &mdash;que alienta a sus fieles (muchas veces sin informarlos) a unirse en matrimonio y celebrar el amor en la reproducci&oacute;n&mdash;; 2) La legendaria miop&iacute;a occidental que hace ver al casamiento y la descendencia como imponentes graduaciones afectivas del ser humano, en cuyas ant&iacute;podas est&aacute; la soledad, esa hura&ntilde;a minusv&aacute;lida.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Si juntamos todo aquello, tenemos el siguiente pat&eacute;tico panorama: hombres y mujeres uni&eacute;ndose por todas partes sin preguntarse bien por qu&eacute;, en nombre de una orquestaci&oacute;n social llena de &lsquo;indiscutibles&rsquo; tradiciones. Hombres y mujeres que van pariendo hijos alegremente, sin averiguar si verdaderamente desean criarlos, educarlos y luego desprenderse de ellos, sin responderse a solas cu&aacute;nto amor tienen para inyectarles a esos futuros individuos independientes. Eso por hablar &uacute;nicamente de las parejas m&aacute;s o menos formales, o conscientemente constituidas, que planean traer criaturas al mundo. Las parejas irresponsables &mdash;v&iacute;ctimas de sus impulsos y descuidos&mdash; ni siquiera tienen oportunidad de planearlo, menos a&uacute;n de debatirlo. Peor es el caso de las mujeres que quedan embarazadas contra su voluntad y que deben &mdash;si deciden dar a luz&mdash; ir sorprendi&eacute;ndose en el camino del mucho o poco instinto maternal que poseen.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	As&iacute; como no todas las personas est&aacute;n hechas para el matrimonio (aunque una gran mayor&iacute;a fuerza la &lsquo;experiencia&rsquo;), tampoco todas est&aacute;n llamadas a ejercer la paternidad. A pesar de que la familia, la escuela y la Iglesia vean en la procreaci&oacute;n un milagro al cual debamos aspirar, es m&aacute;s honesto (y sobre todo m&aacute;s justo) averiguar primero cu&aacute;nto tiene que ver la paternidad con tu forma de ser y de entender las relaciones humanas antes de inaugurarte en ella.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Esta semana, a ra&iacute;z del caso de Pierina, la ni&ntilde;a de 9 a&ntilde;os que fue presuntamente asesinada por su madre, se ha discutido en todos lados el tema de la violencia familiar. Se ha dicho lo de siempre: que el Estado no vela por los ni&ntilde;os, que hay padres desnaturalizados que merecen la c&aacute;rcel, que la salud mental de la poblaci&oacute;n requiere de una pol&iacute;tica seria. El problema excede el caso de Pierina. Tiene que ver con todos los casos como ese, que ocurren desde hace muchos a&ntilde;os, y no solamente en el Per&uacute;.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Mi &uacute;nica conclusi&oacute;n al respecto es esta: la paternidad no deber&iacute;a ser un derecho, sino un merecimiento. Aqu&iacute; y en cualquier parte. Si los padres adoptivos deben cumplir una serie de requisitos y superar pruebas y ex&aacute;menes con la finalidad de demostrarle al Estado que est&aacute;n socialmente aptos para criar ni&ntilde;os ajenos, por qu&eacute; a los padres biol&oacute;gicos &mdash;al menos a los que se han unido civilmente ante un representante de ese mismo Estado&mdash; les basta con solo decidir tenerlos. &iquest;Qui&eacute;n puede garantizar que vayan a ser padres id&oacute;neos? &iquest;Qu&eacute; padres son los hist&oacute;ricamente m&aacute;s desadaptados: los leg&iacute;timos o los sustitutos?</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Es curioso, para elegir tu profesi&oacute;n, por ejemplo, te hacen decenas de test, te sientan frente a m&aacute;s de un psic&oacute;logo, te matriculan en una academia para que vayas evaluando y descartando opciones. De la paternidad, en cambio &mdash;un asunto mucho m&aacute;s delicado que cualquier carrera&mdash; el sistema ni se preocupa. No te hablan de ello cuando eres adolescente, ni te entrenan cuando eres adulto. El mensaje es perverso: es m&aacute;s importante que seas buen profesional a que seas buen padre.</p>
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	Debe ser por eso que la violencia familiar es transversal y se produce en los hogares de las capas m&aacute;s humildes como en los de las m&aacute;s adineradas. Algunos padres matan con raticida y &aacute;cido muri&aacute;tico, otros con humillaci&oacute;n, chantaje, abandono. Unas vidas se cortan de ra&iacute;z, otras se pudren. El resultado es el mismo: sociedades violentas, llenas de sujetos sin prioridades, que no cuestionan los pasos que van dando, que se vuelven locos en el camino y luego descargan su frustraci&oacute;n contra la primera persona d&eacute;bil que se les cruza: a veces es un extra&ntilde;o, pero a veces es su propio hijo.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>EL MIEDO DE FALLAR</title>
	<published>2011-11-19</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1297/el-miedo-de-fallar</link><description><![CDATA[<p>
	Por falta de humildad o exceso de orgullo los pol&iacute;ticos evitan reconocer sus errores. Digamos que no es un ejercicio que practiquen con frecuencia ni ah&iacute;nco. Lo que no saben es que as&iacute; desperdician el tremendo efecto positivo que causar&iacute;a en el p&uacute;blico escuchar esas dos palabritas que, yuxtapuestas, son capaces de evitar el conflicto m&aacute;s encarnizado: &ldquo;me equivoqu&eacute;&rdquo;. Si ya en boca de un ciudadano cualquiera la frase es bals&aacute;mica y reconciliatoria, en boca de un dignatario resulta sobrecogedora. Cuando una autoridad admite una falla y pide disculpas por un traspi&eacute; no se rebaja: al rev&eacute;s, se adecenta, se vuelve m&aacute;s autoridad.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Da risa (pero m&aacute;s c&oacute;lera) ver a los pol&iacute;ticos rehusarse a bajar la cabeza ante la ciudadan&iacute;a. Si lo hacen &ndash;movidos, no por la convicci&oacute;n, sino por las circunstancias&ndash; su arrepentimiento es tan flojo, tan ap&aacute;tico, tan de utiler&iacute;a, que cuesta creer que haya en &eacute;l un solo gramo de autenticidad. Provoca sugerirles que si no van a rectificarse de coraz&oacute;n, mejor no digan nada pues pierden el doble. Miren ustedes lo mal que le ha ido a Omar Chehade por disculparse as&iacute;, a la fuerza, hablando siempre en condicional, elaborando tesis con irreductible arrogancia, creyendo que es la prensa, y no el gran p&uacute;blico, el destinatario final de su mensaje. Para colmo &ndash;y haciendo uso de un viejo artificio que solo constituye una reveladora se&ntilde;al de su inseguridad&ndash;, el segundo vicepresidente se deja acompa&ntilde;ar al Congreso por una &lsquo;port&aacute;til&rsquo; bien entrenada que, con cartulinas del mismo color y respuestas de id&eacute;ntica factura, en lugar de darle respaldo s&oacute;lido, incrementa el patetismo de su agon&iacute;a. De tanto perseguir a Fujimori y Montesinos, el ex Procurador parece haber adquirido algo de la est&eacute;tica con que aquellos montaban sus bullangueros &lsquo;comit&eacute;s&rsquo; de apoyo.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Los gestos, se&ntilde;ores del Ejecutivo y Legislativo, no solo importan durante las campa&ntilde;as electorales. Los peruanos vamos a las urnas cada cinco a&ntilde;os, pero votamos todo el tiempo. Ese voto, por cierto, no se expresa con el &lsquo;flash&rsquo; est&aacute;tico de un domingo, sino que evoluciona de acuerdo con los mensajes que van llegando desde la esfera del poder. Sus indicadores son diversos: desde los sondeos de las encuestadoras hasta las protestas gremiales, pasando por el an&aacute;lisis de los especialistas, el comentario de la comunidad internacional, la opini&oacute;n popular recogida en los medios, las marchas comunales, etc&eacute;tera.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	La gran trampa del poder es que r&aacute;pidamente hace creer a quienes se instalan en &eacute;l que son imprescindibles e invulnerables. Tan torpe convencimiento, en un contexto en el que hay que aprender a o&iacute;r y negociar, equivale al m&aacute;s eficaz de los suicidios. El poderoso bruto se niega a ceder porque piensa que as&iacute; da muestras de fragilidad; el poderoso inteligente sabe que ceder es solo una manera de hacerse moralmente fuerte.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Necesitamos que este gobierno &ndash;precisamente para desmarcarse de la estela de autosuficiencia que dejaron en Palacio Toledo y Garc&iacute;a &ndash;aprenda a aceptar sus errores sin miedo, sin quejarse de sus herencias. Por ejemplo: si hubo fallas de enfoque y perspectiva sobre el tema minero durante la primera parte del 2011, pues que el Presidente lo diga abiertamente. Si hubo anuncios que claramente no van a poder concretarse, que lo aclare con tacto. Si ofreci&oacute; un modelo imposible, que lo admita tambi&eacute;n. Si hay estrategias de comunicaci&oacute;n que no tienen impacto, que las replantee con transparencia. Si hay colaboradores que no resultaron tan constructivos como se pensaba, que los margine sin que le tiemble el pulso. Si una cosa es con guitarra y otra con caj&oacute;n, que lo reconozca sin titubear: no es lo mismo que lo digan los editorialistas en sus columnas a que lo diga &eacute;l, aunque sea por twitter.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Este gobierno puede humanizarse y ganar, ya no el voto, sino el respeto de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n a partir de su capacidad de corregirse con apertura. No tiene que ser radical ni violento, sino humilde y frontal. Esa ser&iacute;a su mejor apuesta. Pero si, en cambio, prefiere seguir las recetas divisionistas del pasado reciente, esas que negaban la autocr&iacute;tica, hablaban del &lsquo;perro del hortelano&rsquo; y encubr&iacute;an sus m&eacute;todos prepotentes bajo el poroso concepto de &lsquo;principio de autoridad&rsquo;, entonces acabar&aacute; sepultada su gran promesa de inclusi&oacute;n.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>LOS FUNCIONARIOS</title>
	<published>2011-11-12</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1280/los-funcionarios</link><description><![CDATA[<p>
	Los m&aacute;ximos funcionarios p&uacute;blicos no deber&iacute;an recibir a sus parientes en las oficinas que el Estado les habilita para ejercer su cargo. La visita de un hermano, primo o cu&ntilde;ado a Palacio, a un Ministerio o al Congreso se presta siempre a malos entendidos. Para verse y charlar la familia tiene la casa, el parque, quiz&aacute; un caf&eacute;, un bonito restaurante, por qu&eacute; no una suite confortable. De otro lado, los empresarios, inversionistas interesados en postular a una concesi&oacute;n, y dem&aacute;s personajes potencialmente involucrados en las pol&iacute;ticas de Estado, solo deber&iacute;an ser recibidos en despachos oficiales. Ese es el escenario natural para tales conversaciones. Aqu&iacute;, sin embargo, las cosas funcionan al rev&eacute;s: los funcionarios reciben a sus parientes en el despacho, y a los otros en suites o restaurantes.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Los funcionarios p&uacute;blicos deber&iacute;an estar obligados a alejarse de Lima por un tiempo, a trabajar en el interior, a absorber &ndash;siquiera durante un trimestre&ndash; las condiciones de vida de los peruanos cuyas vidas pretenden impactar. Alguien podr&iacute;a decirme que para eso est&aacute;n las autoridades regionales. S&iacute;, pero no es lo mismo: lo vemos cada vez que una comunidad descontenta pide hablar, no con su presidente regional, sino con el primer ministro. Si es tan importante la descentralizaci&oacute;n, si en realidad se busca la gran transformaci&oacute;n social, entonces que tambi&eacute;n se transformen los mecanismos de gobierno y di&aacute;logo.&nbsp;Por mandato constitucional, los ministros y congresistas deber&iacute;an establecerse una temporada fuera de la capital. No digo que vayan a las regiones en tropa, solo un fin de semana, en uno de esos in&uacute;tiles y anacr&oacute;nicos viajes de promoci&oacute;n que tanto le gusta promover a Daniel Abugatt&aacute;s. Nada de eso. Me refiero a que viajen individual y alternadamente, y que se queden all&iacute; un rato largo, conviviendo al estilo del reality Vidas Extremas. As&iacute;, tal vez, resultar&iacute;an menos extra&ntilde;os, menos ajenos, menos bur&oacute;cratas. As&iacute;, tal vez, les ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil sintonizar con los pobladores y con sus dramas del d&iacute;a a d&iacute;a. As&iacute;, tal vez, el ministro de Agricultura no ser&iacute;a visto en Andahuaylas como un se&ntilde;or intransigente, canoso y malhumorado que se empe&ntilde;a en perjudicar a los lugare&ntilde;os. Ese desplazamiento deber&iacute;a realizarse sin mayor pompa ni publicidad, con presupuesto austero, con el &uacute;nico af&aacute;n de comprender la mirada y la idea del progreso que existe fuera de Lima, en el sombr&iacute;o coraz&oacute;n de las provincias.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Por cinco a&ntilde;os, los m&aacute;ximos funcionarios p&uacute;blicos deber&iacute;an ser beneficiarios del mismo Estado al que aspiran sacar adelante. &iquest;C&oacute;mo? Aqu&iacute; una idea: que ellos se atiendan en los hospitales de Essalud, y que sus hijos estudien en colegios p&uacute;blicos. As&iacute; como los hijos de muchos militares y diplom&aacute;ticos tienen que mudarse permanentemente de ciudad y escuela por no romper el n&uacute;cleo familiar, ser&iacute;a coherente que los hijos de los ministros y congresistas vivan la experiencia de aquellos a quienes sus padres dicen representar. De lo contrario, continuar&aacute; el c&iacute;rculo vicioso del cinismo pol&iacute;tico: ese que lleva a funcionarios y gobernantes a lanzar arengas y proclamas en favor de un Estado m&aacute;s s&oacute;lido, pero prefieren contratar los servicios eficientes de un privado.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Los m&aacute;ximos funcionarios p&uacute;blicos deber&iacute;an circular sin privilegios. A estas alturas, con el tipo de violencia que reina en las calles del pa&iacute;s &ndash;una violencia social, no pol&iacute;tica&ndash;, todos corremos riesgos id&eacute;nticos. Los delincuentes no discriminan entre un congresista famoso y un ciudadano equis, o entre el fulano poderoso y el mengano de a pie. Si estamos de acuerdo en eso, por qu&eacute;, entonces, seguimos padeciendo y tolerando la existencia abusiva de esas exageradas comitivas con que se blindan a los m&aacute;ximos funcionarios. Si la idea es hacer digno y horizontal el v&iacute;nculo entre representantes y representados, por qu&eacute; el Estado sigue protegiendo m&aacute;s a unos que a otros.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Ojal&aacute; que este gobierno no pierda la perspectiva ni desconozca el origen de su elecci&oacute;n. Lo peor que le podr&iacute;a ocurrir a Ollanta Humala es terminar adoptando todos aquellos vicios que contradijo y combati&oacute;, como la frivolidad e insensibilidad de los gobiernos anteriores. Los m&aacute;ximos funcionarios p&uacute;blicos tienen que ponerse, no en el lugar de la gente, sino en la piel de la gente. No solo o&iacute;r su opini&oacute;n, sino hacer todo lo posible por comprenderla. Hubo un tiempo en que necesit&aacute;bamos volver a creer en el Per&uacute;. Ese tiempo, claramente, ya pas&oacute;. Lo que ahora necesitamos es empezar a confiar en el Estado.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>NUESTRA OTRA BÚSQUEDA</title>
	<published>2011-11-05</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1263/nuestra-otra-ba-squeda</link><description><![CDATA[<p>
	En el caso de Ciro Castillo los periodistas hemos consumado un papel&oacute;n inolvidable. Al forzar &aacute;ngulos dram&aacute;ticos, al darle al tema innecesarios giros truculentos, al acusar con el benepl&aacute;cito de la platea, y al hacer preguntas irrelevantes persiguiendo la sinton&iacute;a antes que la verdad, lo &uacute;nico que hemos hecho es despedazar la &eacute;tica profesional. Y solo queda decirlo as&iacute;, en plural, porque &ndash;aunque el esfuerzo individual por desmarcarse del est&aacute;ndar pueda dejar tranquilo a m&aacute;s de uno&ndash;, el trabajo global de la prensa ha sido deficitario, penoso.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Pocos d&iacute;as antes de que apareciera oficialmente el cuerpo de Ciro, su madre, la se&ntilde;ora Rosario, estuvo en el noticiero de la tarde de RPP. Hab&iacute;a expectativa por escucharla porque los Topos de M&eacute;xico acababan de anunciar el hallazgo de unos restos, dejando entrever que podr&iacute;an ser los del estudiante de la Agraria. Aunque suene a tard&iacute;a mea culpa, quiz&aacute; deb&iacute; inhibirme de hacer esa entrevista, pues a esas alturas el tema estaba hipermanoseado y era inevitable lanzarle a do&ntilde;a Rosario preguntas que no rezumaran oportunismo o que no resultasen insensibles a su tragedia. Sin embargo, proced&iacute; con el gui&oacute;n y &ndash;disimulando mal mi contrariedad &eacute;tica&ndash; cerr&eacute; la nota con la correspondiente arenga emocional a la pobre madre que, frente a m&iacute;, lo &uacute;ltimo que parec&iacute;a querer o&iacute;r era uno m&aacute;s de esos p&eacute;sames teatrales.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Ha pasado ya el cap&iacute;tulo Ciro. Y aunque todav&iacute;a haya medios indolentes obsesionados con seguir viviendo de las rentas de ese culebr&oacute;n, hoy la prensa tiene entre sus manos una enorme oportunidad de reivindicarse. No ante el p&uacute;blico, que al sintonizar en la intimidad, con morboso deleite, programas y espacios que luego, en c&iacute;rculos sociales, critica y censura con el asco de la doble moral, act&uacute;a como c&oacute;mplice desfachatado antes que como juez cre&iacute;ble. No, no es ante ese p&uacute;blico que la prensa tiene que reivindicarse, sino ante s&iacute; misma, delante de su espejo quebrado, con el &uacute;nico prop&oacute;sito de devolverle al oficio la poca nobleza que le queda.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	El caso del Mayor de la Polic&iacute;a Felipe Baz&aacute;n Soles, desaparecido hace m&aacute;s de dos a&ntilde;os durante el &lsquo;Baguazo&rsquo;, nos da la posibilidad de una cobertura amplia, pero sobre todo seria y rigurosa. Es probable que esta historia no ponga en juego tantos dilemas sentimentales como la de Ciro y Rosario, y que por lo mismo no resulte tan &lsquo;atractiva&rsquo;. De hecho, aqu&iacute; no hay una villana a la cual se&ntilde;alar, ni un Bomboya que escalar, ni un celular con mensajes cr&iacute;pticos, pero &ndash;si quitamos todo el decorado de la escenograf&iacute;a&ndash; veremos que de fondo hay un id&eacute;ntico argumento humano: una familia sin consuelo que busca a su hijo. Ese deber&iacute;a ser motivo suficiente para persuadir a la prensa y al Estado de hacer su chamba. La primera, con el encargo de buscar indicios y pistas que completen el rompecabezas de la desaparici&oacute;n; la segunda, con la misi&oacute;n de recorrer Bagua hasta el cansancio, tomando como punto de partida esa fotograf&iacute;a espeluznante en la que Baz&aacute;n aparece, magullado, casi ciego por los golpes, rodeado por sus captores.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Ayer, el ministro del Interior anunci&oacute; una primera b&uacute;squeda oficial por treinta d&iacute;as. Parece un gran gesto, pero no lo es. La polic&iacute;a &ndash;que fracas&oacute; rotundamente en el caso Ciro, no solo porque no encontr&oacute; el cuerpo, sino porque distorsion&oacute; el proceso, y se adjudic&oacute; institucionalmente algunos avances solo conseguidos gracias al empuje de la familia Castillo&ndash; hoy tiene la obligaci&oacute;n moral, tal vez no de encontrar a Baz&aacute;n, pero s&iacute; de darle a sus padres y esposa una explicaci&oacute;n sensata de lo que ocurri&oacute; con &eacute;l la tarde del 5 de junio del 2009. Ese es el reto del gobierno.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Lo que nos toca a los periodistas es reconstruir el caso venciendo la tentaci&oacute;n de la novela; pensando en el valor de la informaci&oacute;n, no en el precio del titular del d&iacute;a siguiente. Buscar al polic&iacute;a extraviado, en el fondo, ser&aacute; solo una coartada para buscar lo que en realidad hemos perdido: la decencia, el orgullo de llamarnos prensa. As&iacute;, en plural.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>EL CAPITÁN AMÉRICA</title>
	<published>2011-10-29</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1247/el-capita-n-ama-rica</link><description><![CDATA[<p>
	Desde muy chico me di cuenta de que el patriotismo exacerbado era un tipo de locura que puede provocar serias lesiones mentales. Lo supe por lo que ocurr&iacute;a con Alfredo Mendoza, uno de mis m&aacute;s queridos amigos del barrio. Su pap&aacute; era un ogro nacionalista, un hooligan del Per&uacute;, un lejano sobrino-nieto de Velasco Alvarado que cre&iacute;a que la patria estaba por encima del universo. Peor que Isaac Humala era.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	La desgracia de mi amigo lleg&oacute; a su punto m&aacute;s tenso la primera vez que quisimos salir a pedir Halloween. Tendr&iacute;amos ocho a&ntilde;os. Poco antes del 31 de octubre la mam&aacute; de Alfredo le coment&oacute; al marido que iba a comprarle a su hijo un traje del Capit&aacute;n Am&eacute;rica para la noche de brujas. Al viejo Mendoza casi se le revienta el hipot&aacute;lamo de la indignaci&oacute;n. En medio de gritos se opuso ferozmente a que su hijo se paseara por las calles dando cr&eacute;dito a una fiesta que &eacute;l prejuiciosamente catalogaba de ap&oacute;crifa, pagana y extranjera. &ldquo;Nada de jalouin, mujer. Esa es una cojudez inventada por los gringos&rdquo;, vocifer&oacute;.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Lleg&oacute; la noche de Halloween y todos los ni&ntilde;os de la cuadra se dieron cita en mi casa. Mi sala parec&iacute;a El Sal&oacute;n de la Justicia: estaban Superm&aacute;n, Aquam&aacute;n, Batman, Robin, el Hombre Ara&ntilde;a y hasta la Mujer Maravilla, encarnada por la preciosa B&aacute;rbara Herrera, la ni&ntilde;a del chalet de enfrente, que para m&iacute; era la mujer maravilla con o sin disfraz. Yo, vestido de Llanero Solitario, desentonaba un poco al lado de tanta celebridad.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	La comitiva estaba lista para salir cuando, de repente, son&oacute; el timbre. &ldquo;Soy Alfredo. Voy a ir. Mi pap&aacute; me dio permiso&rdquo;, se escuch&oacute; del otro lado del intercomunicador. Un chillido de alegr&iacute;a general se esparci&oacute; bajo el techo. Instantes despu&eacute;s, cuando lo vimos entrar, se nos descolg&oacute; la boca, en una inconsciente reacci&oacute;n que combinaba la sorpresa, la intriga y ciertamente la burla involuntaria. Todos esper&aacute;bamos ver a Alfredo de azul y rojo, con una estrella en el pecho y un escudo redondo, como el Capit&aacute;n Am&eacute;rica. Lo que vimos, en cambio, nos dej&oacute; helados como adoquines.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Ten&iacute;a el pelo revuelto lleno de talco, una abultada barba en punta hecha con algod&oacute;n de botiqu&iacute;n, m&aacute;s unos bigotes largos dibujados con un corcho quemado. Si su maquillaje era una decepci&oacute;n y un desconcierto, qu&eacute; decir de su indumentaria: un enorme saco f&uacute;nebre cuyas mangas no dejaban verle las manos; una camisa de pa&ntilde;o que apestaba a naftalina; una corbatita de juguete y unos polvorosos zapatos de charol de tac&oacute;n cuadrado que hab&iacute;a heredado de su abuelo (o de su abuela, nunca me qued&oacute; muy claro).</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	&ndash;&iquest;Qui&eacute;n se supone que eres?&ndash;pregunt&oacute;, contrariad&iacute;sima, la Mujer Maravilla, mientras se acomodaba uno de sus brazaletes de cartulina.</p>
<p>
	&ndash;S&iacute;, oye, &iquest;de qu&eacute; te has disfrazado?&ndash;indagaron en coro todos los dem&aacute;s superh&eacute;roes, igualmente at&oacute;nitos.</p>
<p>
	&ndash;De Nicol&aacute;s de Pi&eacute;rola&ndash;contest&oacute; &eacute;l, avergonzado, mientras la barba de utiler&iacute;a comenzaba a despeg&aacute;rsele del cachete.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Era el colmo. El padre le hab&iacute;a dado permiso para participar de nuestra comparsa de Halloween con la delirante condici&oacute;n de que se disfrazase de alg&uacute;n ilustre patriota. As&iacute;, con ese truco canalla, el viejo Mendoza inaugur&oacute; a su hijo en una horrenda tradici&oacute;n que continuar&iacute;a a&ntilde;o tras a&ntilde;o. En las sucesivas noches de Brujas, nos acostumbramos a los inauditos disfraces de Alfredito: Jos&eacute; Olaya, Francisco Bolognesi, Miguel Grau, Leoncio Prado, Jorge Ch&aacute;vez. El acab&oacute;se fue cuando se disfraz&oacute; de Alfonso Ugarte y se pase&oacute; por toda la manzana montado sobre Goliat, su bulldog. El pobre perro &ndash;con unas crines pintadas y una cola de caballo pegada al rabo con cinta scotch&ndash; lloraba de miedo cada vez que Alfredo lo hac&iacute;a saltar desde el balc&oacute;n, su improvisado Morro de Arica.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Hoy Alfredo vive lejos. Lejos de su padre, del Per&uacute; y de sus h&eacute;roes. Trabaja en Miami y est&aacute; casado con una californiana que no habla ni jota de espa&ntilde;ol. Una vez me envi&oacute; por mail una foto de Zack, su primer hijo, en Halloween. El ni&ntilde;o, como no pod&iacute;a ser de otra manera, estaba disfrazado de Capit&aacute;n Am&eacute;rica.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>Un charco:/La calle inundada/de cielo</title>
	<published>2011-10-22</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1229/un-charco-la-calle-inundada-de-cielo</link><description><![CDATA[<p>
	<img align="left" height="304" hspace="5" src="http://www.diario16.com.pe/imagenes/upload/columna renato cisneros 21102011.jpg" vspace="5" width="202" /></p>
<p>
	Lo vi por primera vez en los pasillos de Comunicaciones de la Universidad de Lima. Abril del 96. Yo acababa de ingresar a la Facultad: &eacute;l llevaba a&ntilde;os ense&ntilde;ando. Era alto, de rostro alargado, llevaba lentes de sol. Su pelo, enteramente blanco, contrastaba elegantemente con su indumentaria, enteramente negra. M&aacute;s que un profesor maduro, parec&iacute;a un Conde cincuent&oacute;n. Sab&iacute;a que &eacute;ramos primos, pero no me anim&eacute; a acerc&aacute;rmele. Fue &eacute;l quien, despu&eacute;s de varios d&iacute;as de cruzar miradas, me busc&oacute; para hacerme conversaci&oacute;n. Conectamos al instante: los dos t&iacute;midos, los dos poetas, los dos melanc&oacute;licos y torpes, los dos fan&aacute;ticos de la U, los dos rumiando la intuici&oacute;n de que, m&aacute;s que buenos parientes, &iacute;bamos a ser grandes amigos.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Para todos era Alfonso Cisneros Cox, el cultivado y algo sombr&iacute;o profesor de Apreciaci&oacute;n Musical de tercer ciclo. Para m&iacute;, en cambio, siempre fue Fonch&iacute;n (o Foncho, si hab&iacute;a que ponerse serio). Nunca sent&iacute; &ndash;nunca me dej&oacute; sentir&ndash; que entre los dos hab&iacute;a una diferencia de m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Cada vez que lo visitaba en su casa de San Antonio nos qued&aacute;bamos hasta muy tarde hablando de libros, de m&uacute;sica, de f&uacute;tbol, de las chicas lindas de Comunicaciones. Nos part&iacute;amos de risa criticando a los personajes oscuros de la Universidad. Pero tambi&eacute;n charl&aacute;bamos de nuestras preocupaciones; de cu&aacute;nto extra&ntilde;&aacute;bamos a su madre y mi padre muertos; de nuestra condici&oacute;n solitaria y de lo que la poes&iacute;a hac&iacute;a por nosotros. Fue durante esas noches que aprend&iacute; a admirar su trabajo como escritor (desplegado en casi una decena de libros); su docencia; su sensibilidad por los&nbsp;haikus, su magn&iacute;fico talento para componerlos; pero sobre todo su deseo de ser un alma sin ataduras. Orgullosa tal vez, pero libre e incorruptible.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Solo cuando el bosque marr&oacute;n de botellas de Cuzque&ntilde;a desbordaba los &aacute;ngulos de la mesa de su sala &ndash;ah&iacute;, delante de su espl&eacute;ndida colecci&oacute;n de m&uacute;sica cl&aacute;sica&ndash;&nbsp;, me retiraba para volver religiosamente a la semana siguiente. Si nos junt&aacute;bamos antes, era para jugar un partido de fulbito (era un veterano arquero de gran personalidad) o para ver un Cl&aacute;sico mordi&eacute;ndonos las u&ntilde;as.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Pocas personas han cre&iacute;do en m&iacute; tanto como lo hizo Fonch&iacute;n. Su aliento para que escribiera y publicara poemas ha sido vivificador. Desde el primer momento solo tuvo muestras de generosidad: me prest&oacute; libros, pel&iacute;culas, discos a pesar de lo incumplido que era para devolv&eacute;rselos; me dio trabajo como practicante en la Oficina de la Orquesta Filarm&oacute;nica; me dej&oacute; ponerme la nota final (19) en el curso de Apreciaci&oacute;n;&nbsp; me invit&oacute; de paseo a la playa de La Quipa, Lomas y La Ensenada; public&oacute; textos m&iacute;os en&nbsp;Lienzo, la revista que&nbsp;dirigi&oacute; hasta el final;&nbsp;pero sobre todo me dej&oacute; penetrar en su entorno m&aacute;s &iacute;ntimo, me confi&oacute; secretos, y disculp&oacute; con un abrazo mis imperdonables ausencias e ingratitudes.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Hay gente que te marca por el peso de su cari&ntilde;o, por su franqueza, por su enorme complicidad. Ese fue Fonch&iacute;n para m&iacute;. Y ahora que le escribo esta columna &ndash;mientras sus restos son cremados en Huachipa&ndash; me quedo con lo que anteayer me cont&oacute; su pata del alma Oscar Quezada: durante una de sus &uacute;ltimas noches, a pesar de que el c&aacute;ncer ya le hab&iacute;a quitado lucidez, record&oacute; de memoria el que acaso es su&nbsp;haiku&nbsp;perfecto, su&nbsp;haikuganador:&nbsp;Un charco:/la calle/inundada de cielo. Hasta siempre, poeta, primo querido.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>¿QUIÉNES SON TUS MUERTOS?</title>
	<published>2011-10-08</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1195/a-quia-nes-son-tus-muertos</link><description><![CDATA[<p>
	Si muere Walter Oyarce, la visibilidad de sus asesinos, la violencia y aparente premeditaci&oacute;n con que se le atac&oacute;, la iron&iacute;a cruel de morir en un estadio, provocan una justificada conmoci&oacute;n a nivel nacional. Pero hay que decir tambi&eacute;n &ndash;aunque fastidie&ndash; que el hecho de que, tanto Walter como sus supuestos victimarios, perteneciesen a un determinado sector social ha influido, no en lo tremendo del hecho, pero s&iacute; en el aire dram&aacute;tico de la cobertura. Por el momento, mientras el juicio se resuelve, el buen Walter ha pasado a ser otro de nuestros &lsquo;muertos emblem&aacute;ticos&rsquo; &ndash;negada categor&iacute;a que comparte con Ciro Castillo, Paola Vargas, Gerson Falla, siguen nombres&ndash;: memorias simb&oacute;licas de las imparables negligencias de un pa&iacute;s disfuncional y terriblemente amn&eacute;sico.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Si mueren dos personas en la V&iacute;a Expresa, y no son celebridades, su desgracia solo afecta a sus familiares. A casi toda la prensa, al p&uacute;blico en general, le interesa m&aacute;s saber qu&eacute; ocurri&oacute; con el criminal (conductor&ndash;borracho&ndash;drogado&ndash;fugitivo) antes que averiguar, por ejemplo, el estado de las demandas judiciales de los deudos, que claman por ayuda sin tener m&aacute;s de una c&aacute;mara que refracte sus penurias. Y si los que mueren son ni&ntilde;os pobres en un accidente automovil&iacute;stico en Matucana, ah&iacute; el espanto y la indignaci&oacute;n por lo sucedido duran lo que dura el reportaje del noticiero que est&eacute;s viendo. Si muere una ni&ntilde;a ahogada en un Wawawasi, o tres ni&ntilde;os intoxicados en un caser&iacute;o de Cajamarca, sus muertes &ndash;an&oacute;nimas, remotas&ndash; solo les duelen a sus padres impotentes. Ese es dolor &iacute;ntimo, dolor de verdad. Dolor sin soluci&oacute;n. El resto nos obsesionamos con los responsables pol&iacute;ticos, demandamos explicaciones satisfactorias, exigimos sanciones ejemplares para que nunca m&aacute;s ocurra aquello que sabemos que, tarde o temprano, volver&aacute; a suceder. Pero el nuestro no es dolor en serio. Ni siquiera es amago de dolor. A lo mucho, es dolor de twitter.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	El ser humano es inevitablemente discriminador y, aunque lo niegue, es parcializado juez en la globalizada competencia necrol&oacute;gica de la que es testigo cada d&iacute;a. Eso permite que ocurran cosas tan raras como que, si muere el genio Steve Jobs, la audiencia, m&aacute;s impactada que dolida, m&aacute;s agradecida que llorosa, se siente en la espont&aacute;nea necesidad de decir algo muy original respecto de su desaparici&oacute;n. Un muerto local, en cambio, un muerto NN, pudiendo tener m&aacute;s puntos en com&uacute;n contigo que un notable l&iacute;der empresarial, californiano y millonario, jam&aacute;s ameritar&iacute;a un post en el Facebook, jam&aacute;s podr&iacute;a ser trending topic en una red social. Ojo: eso no est&aacute; ni bien ni mal. Simplemente es, simplemente pasa.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	En nuestro pa&iacute;s la competencia necrol&oacute;gica, gatillada por los medios insaciables, es seguida por todos, con binoculares, desde la enorme platea donde la sensibilidad y preocupaci&oacute;n social leg&iacute;timas se mezclan y confunden con el inter&eacute;s pol&iacute;tico, el morbo chabacano, la curiosidad pedestre y la ignorancia supina. Desde su lugar cada uno elige qu&eacute; cosa mirar, a qu&eacute; escenario prestarle atenci&oacute;n, con qui&eacute;n solidarizarse, qu&eacute; historia desechar.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	En el Per&uacute;, no todas las muertes valen lo mismo, ni todos los muertos importan igual. Alguien dir&iacute;a que eso tambi&eacute;n ocurre en otras latitudes. Puede ser. Nuestra tragedia quiz&aacute; radica en que somos un pa&iacute;s que permanentemente aspira (o dice aspirar) a la inclusi&oacute;n. Sin embargo, lo que indicar&iacute;an nuestras dispares reacciones frente a la muerte de otros peruanos, m&aacute;s bien, es que la inclusi&oacute;n es en s&iacute; misma una utop&iacute;a. Y no porque falte voluntad para aterrizarla de parte del Estado &ndash;que falta&ndash;, sino porque el Estado finalmente lo formamos nosotros: gente familiarizada con la diferencia y la separaci&oacute;n, ya sea porque la sufre, porque la ejerce, o la deja pasar. Gente que, muy en el fondo, en el nivel m&aacute;s b&aacute;sico e instintivo, en el piso m&aacute;s salvaje y emocional de sus criterios, no aspira a la igualdad, no le gusta, la rechaza, la torea, la demora. Aunque siempre, absolutamente siempre, se llene la boca diciendo lo contrario.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>UNA TUMBA CON GRADERÍAS</title>
	<published>2011-10-01</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1181/una-tumba-con-gradera-as</link><description><![CDATA[<p>
	En julio de 1998 entr&eacute; a trabajar a la redacci&oacute;n de Deportes de El Comercio. Cumpl&iacute;a as&iacute; mi sue&ntilde;o adolescente m&aacute;s genuino: ser reportero, escribir sobre f&uacute;tbol. Siempre hab&iacute;a sido un afanoso hincha de la U. Cuando no iba al estadio [a sentarme en las faldas de la barra de Oriente], me quedaba en casa imaginando el v&eacute;rtigo de los partidos a trav&eacute;s de las narraciones de Radio Ovaci&oacute;n, cruzando los dedos para que en el siguiente tiro de esquina llegara un gol crema. Si ganaba mi equipo, el aire triunfal tanqueaba mis pulmones siete d&iacute;as. Si perd&iacute;a, me deprim&iacute;a la semana entera.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Trabajar en Deportes, ir a los entrenamientos casi todos los d&iacute;as, conversar con jugadores y t&eacute;cnicos, asistir al club y a la cancha durante cinco a&ntilde;os con la misi&oacute;n, ya no de ver, sino de contar, hizo que mi opini&oacute;n respecto del f&uacute;tbol cambiara dram&aacute;ticamente. No dej&eacute; de alegrarme ni de apenarme por los triunfos o derrotas de la U, pero atemper&eacute; la pasi&oacute;n que antes me desbordaba. Conocer de cerca algo que has querido a la distancia entra&ntilde;a el enorme riesgo de la desilusi&oacute;n. Algo de eso me pas&oacute;.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	La Trinchera Norte &ndash;que cuando chiquillo, desde Oriente, me inspiraba una rara fascinaci&oacute;n&ndash; de repente, vista con la lupa de la costumbre, se convirti&oacute; ante mis ojos en una barra que acog&iacute;a a hinchas pero tambi&eacute;n a pandilleros; que presionaba dentro del estadio pero delinqu&iacute;a fuera; que era capaz de gritar un gol con la misma furia y sa&ntilde;a con que despu&eacute;s pod&iacute;a disparar un arma. Si su entrega me maravill&oacute; de chico, su salvajismo me descompuso de adulto. Lo mismo ocurri&oacute; con los dirigentes: mientras m&aacute;s los o&iacute;a hablar en entrevistas personales, mientras m&aacute;s los conoc&iacute;a y sab&iacute;a de sus pellejer&iacute;as, se iban transformando en personajillos ambiciosos, amorales, decepcionantes. El club les interesaba, s&iacute;, pero no m&aacute;s que su patrimonio, su cuota de poder o sus cuentas de ahorro.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Por eso no me sorprende tanto que sea precisamente esa Trinchera y ese tipo de dirigentes [herederos todos de la peor faceta del Gordo Gonz&aacute;lez] los protagonistas tras las bambalinas de la tragedia que hace una semana acab&oacute; con la vida de Walter Oyarce. Todos los involucrados, ojo, tenemos nuestra parte en este desaguisado: los pol&iacute;ticos, la polic&iacute;a, los aficionados, los periodistas y los titulares de los clubes. Unos por promover la violencia, otros por no denunciarla, otros por apa&ntilde;arla y consentirla. De todos, sin embargo, los que merecen mayor sanci&oacute;n penal y social son, sin duda, los barristas y los dirigentes.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Vomitados de alg&uacute;n disfuncional ventr&iacute;culo del coraz&oacute;n de Norte, esos &lsquo;palquistas&rsquo; con remoquetes criminales (Loco, Rat&oacute;n, Cal&iacute;gula, etc&eacute;tera), lejos de representar al aficionado que uno siempre quisiera ver en la tribuna, hoy consolidan un nuevo tipo de delincuente, el m&aacute;s nefasto quiz&aacute;: el lumpen con plata, el malandro influyente.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Del mismo modo, esos &lsquo;dirigentes&rsquo; cremas que el s&aacute;bado por la noche salieron r&aacute;pidamente a balbucear una excusa cobarde, precisando que los palcos eran jurisdicci&oacute;n privada, haciendo asustadizas objeciones t&eacute;cnicas y jur&iacute;dicas cuando lo que tocaba era decir &ldquo;perd&oacute;n, lo siento, no tendr&eacute; responsabilidad legal, pero asumo mi culpa moral&rdquo;, todos esos profesionales mediocres que buscan en el f&uacute;tbol la plaza y el dinero que el mercado no les da, son igual de responsables y abyectos que los asesinos materiales. No por lo que hicieron el s&aacute;bado, sino por lo que dejaron de hacer todos los a&ntilde;os anteriores.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Nunca abdicar&eacute; de mi cari&ntilde;o por la U. Pero cuando digo la U me refiero a la vocal; al s&iacute;mbolo cosido en la camiseta; al equipo impago que gana en la cancha a pesar de todo; a la historia levantada por tantos hombres en tantas circunstancias adversas. Jam&aacute;s podr&iacute;a compartir ni un gramo de sentimiento, ni una brizna de identidad, con esos v&aacute;ndalos con correa, ni con esos dirigentes sin pantal&oacute;n: principales culpables de que hoy el Monumental sea una moderna tumba con grader&iacute;as.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Mi m&aacute;s sentido p&eacute;same al pap&aacute; de Walter. Me parte el coraz&oacute;n que la vida de su hijo haya tenido ese final.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>ENFERMOS DE COCA</title>
	<published>2011-09-17</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1150/enfermos-de-coca</link><description><![CDATA[<p>
	Un d&iacute;a de hace a&ntilde;os, all&aacute; por fines de los setenta, cuando ocupaba el cargo de ministro del Interior, mi padre recibi&oacute; la llamada de un amigo suyo, un pol&iacute;tico por entonces importante. Digamos que se llamaba el Se&ntilde;or D. Ocurr&iacute;a que el hijo del Se&ntilde;or D, un muchacho de no m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, acababa de caer preso luego de una operaci&oacute;n policial por posesi&oacute;n de no pocos kilos de coca&iacute;na. Al momento de ser intervenido junto con otros peque&ntilde;os comercializadores, los agentes reportaron que el chico estaba fuera de s&iacute;, agresivo, y que actuaba bajo los visibles efectos de la droga, diciendo cosas del tipo &ldquo;ustedes no saben hijo de qui&eacute;n soy&rdquo;. El Se&ntilde;or D, naturalmente preocupado, crey&oacute; conveniente llamar a mi padre para que, en nombre de la amistad que los un&iacute;a, &lsquo;ayudara&rsquo; a su hijo reci&eacute;n detenido a salir de la c&aacute;rcel. &ldquo;Freddy, t&uacute; no puedes permitir que lo dejen encerrado&rdquo;, le dijo. Fue una conversaci&oacute;n tan larga como tensa que termin&oacute; cuando mi padre le solt&oacute; una verdad furibunda, seguida de una conclusi&oacute;n inapelable: &ldquo;&iquest;Me pides que yo me preocupe ahora por tu hijo cuando t&uacute; no te preocupaste antes por &eacute;l? Lo siento, pero no puedo hacer nada&rdquo;. El Se&ntilde;or D, furioso por lo que consideraba una imperdonable falta de lealtad amical, le colg&oacute; el tel&eacute;fono. El chico, a pesar de los intentos de su padre por salvarlo de la ley, se fue merecidamente preso. Meses despu&eacute;s, los examigos se encontraron en una reuni&oacute;n. Mi padre lleg&oacute; a un c&iacute;rculo en el que se encontraba el Se&ntilde;or D un poco trasegado de whiskies. Cuando mi padre le extendi&oacute; la mano, el Se&ntilde;or D &ndash;con la herida a&uacute;n abierta en la memoria&ndash;, le grit&oacute;, desafiante: &ldquo;Yo no saludo a mierdas&rdquo;, dej&aacute;ndolo con el brazo en el aire. Mi padre tom&oacute; r&aacute;pidamente la mano tiesa del Se&ntilde;or D y, forz&aacute;ndolo a devolver el saludo, le contest&oacute;: &ldquo;Yo s&iacute;&rdquo;.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	El caso del Se&ntilde;or D &ndash;y el de todos los pol&iacute;ticos con poder, o poder relativo, que articulan un discurso c&iacute;nico respecto de la lucha contra las drogas&ndash; me recuerdan al drama del personaje de Michael Douglas en Traffic, la pel&iacute;cula de Steven Soderbergh. All&iacute; Douglas encarna a un juez que es elegido Zar Antidrogas (tipo Sober&oacute;n, pero con respaldo) que pasa muy poco tiempo con su hija, que se ha vuelto drogadicta. V&iacute;ctima de una monumental paradoja, d&aacute;ndose cuenta de que no puede enfrentar al narcotr&aacute;fico del pa&iacute;s cuando ni siquiera es capaz de luchar contra la adicci&oacute;n de su hija, el Zar renuncia el mismo d&iacute;a de su nombramiento.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Me parece bien que hablemos de la erradicaci&oacute;n agresiva del cultivo de hoja de coca en el Per&uacute;, y que se discuta qu&eacute; alternativas &ndash;rentables, sostenibles&ndash; se puede ofrecer a los cocaleros para que dejen de alimentar la cadena del narcotr&aacute;fico. Respecto de eso tiene que haber un mensaje claro, un&iacute;voco, y no esta suerte de chirriante tel&eacute;fono malogrado que consiente el gobierno de Humala, y que se termina pareciendo tanto a la escopeta de dos ca&ntilde;ones que disparaba el gobierno anterior. Sin descuidar eso, creo que el complejo problema de la droga tambi&eacute;n tendr&iacute;a que atacarse por el otro lado de la cadena: es decir, el lado de la demanda, del mercado, de los consumidores. De qu&eacute; sirve preocuparnos por los cultivadores de coca, si descuidamos a los enfermos de la coca, que la buscan, que matan por ella, ya sea para negociarla o para consumirla. Seg&uacute;n CEDRO, tanto en materia de pasta b&aacute;sica como de clorhidrato de coca&iacute;na, hay una gran poblaci&oacute;n &ndash;entre 12 y 64 a&ntilde;os, en costa y selva principalmente&ndash; que est&aacute; altamente comprometida con el consumo. Si no se hace nada all&iacute;, la cadena no se desarticular&aacute; nunca. Lamentablemente, sospecho que hay muchos poderosos en el Per&uacute; &ndash;peores que el se&ntilde;or D y que el Zar de la pel&iacute;cula&ndash; que luchan discursivamente contra el flagelo de la coca pero que, por otro lado, con enorme hipocres&iacute;a, permiten conscientemente su subsistencia.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>LA ESTRELLA DE FELIPE</title>
	<published>2011-09-10</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1132/la-estrella-de-felipe</link><description><![CDATA[<p>
	Hace poco nom&aacute;s Felipe Camiroaga, el querido presentador de la televisi&oacute;n chilena que muri&oacute; en la tragedia a&eacute;rea acontecida el pasado viernes 2 en el archipi&eacute;lago Juan Fern&aacute;ndez, colg&oacute; en su cuenta de Twitter un verso del poeta, tambi&eacute;n chileno, Gonzalo Rojas, fallecido en abril de este a&ntilde;o. &ldquo;Del aire soy, del aire, como todo mortal, del gran vuelo terrible y estoy aqu&iacute; de paso a las estrellas&rdquo;, cit&oacute; Felipe en la red social, sin saber que esa ser&iacute;a a la postre algo as&iacute; como su &uacute;ltima declaraci&oacute;n de principios. Ayer, a una semana del siniestro, los restos de su cuerpo fueron identificados. Para algunos es cruel e ir&oacute;nico, para otros justo y po&eacute;tico, que el buen Felipe &ndash;conocido adem&aacute;s como el &lsquo;Halc&oacute;n de Chicureo&rsquo; porque criaba esas aves en esa zona rural del norte de Chile&ndash; fuera a desaparecer tal como suger&iacute;a el verso de Rojas y tal como le demandaba su naturaleza: disperso, atomizado en el aire.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Ten&iacute;a 44 a&ntilde;os, diez perros y una vida demasiado expuesta como para librarla de las decenas de rumores que, sobre sus romances o su sexualidad, hac&iacute;a circular constantemente la prensa rapi&ntilde;a. Viv&iacute;a lejos de la t&oacute;xica ciudad, en una linda casa de campo que a inicios del 2011 se incendi&oacute; por completo. Se salv&oacute; de morir. El incendio se presum&iacute;a accidental, pero la polic&iacute;a no logr&oacute; descartar que haya sido provocado. La fatalidad, dir&aacute; alguien, ya le comenzaba a tender un oscuro cerco. O quiz&aacute; ya se lo hab&iacute;a tendido antes, muy temprano, cuando a los 4 a&ntilde;os su madre se fue a Espa&ntilde;a, dej&aacute;ndolo al cuidado del padre. &ldquo;Fue muy duro. No es lo mismo crecer con una mam&aacute; que sin ella&rdquo;, coment&oacute; Camiroaga cuando se anim&oacute; a hablar del tema. Se reencontr&oacute; con ella mucho despu&eacute;s y, aunque la visit&oacute; permanentemente en Tenerife, el 2006 tuvo que resignarse a verla morir de c&aacute;ncer.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Los varios golpes que le toc&oacute; encajar habr&iacute;an endurecido el alma de cualquiera. Pero no ocurri&oacute; eso con Felipe. Su nobleza, humor y generosidad le facilitaban el trabajo de tener que darle al p&uacute;blico una cara amistosa todas las ma&ntilde;anas. A m&iacute; me gustaba seguirlo junto a Tonka Tomicic en &lsquo;Buenos D&iacute;as a Todos&rsquo;, el matutino emblema de la televisi&oacute;n de Chile, y en &lsquo;Animal Nocturno&rsquo;, su gran proyecto, su esperad&iacute;simo show personal, donde desplegaba todo su encanto. M&aacute;s de una vez lo o&iacute; referirse al Per&uacute; con enorme aprecio. Su v&iacute;nculo con nuestro pa&iacute;s empez&oacute; en Arequipa, la ciudad de su abuela paterna, y se consolid&oacute; con cada bolero aprendido de uno de sus &iacute;dolos musicales, Lucho Barrios, otro muerto reciente, a quien le rindi&oacute; tributo en la tele.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Definitivamente, Camiroaga no era un conductor m&aacute;s, de los que dependen de la pauta o los antojos de editores y directores, sino que compart&iacute;a deliberadamente sus inquietudes y posiciones m&aacute;s radicales con la audiencia. Eso lo hac&iacute;a traspasar la pantalla, acercarse, conectar, ser parecido a quienes lo ve&iacute;an. Pol&iacute;ticamente, por ejemplo, apoy&oacute; abiertamente a Frei y a Bachelet, y fue muy cr&iacute;tico con Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, por abrirse un frente con los estudiantes universitarios.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	La tragedia de Juan Fern&aacute;ndez ha causado un devastador impacto en la moral de los chilenos, que ya ven&iacute;a traqueteada por el terremoto del 2010. Hay honda tristeza, no solo porque quienes murieron en el avi&oacute;n volv&iacute;an de realizar una labor humanitaria, sino porque todos hab&iacute;an llegado a ser personas muy representativas de sus &aacute;mbitos: la Fuerza A&eacute;rea, la m&aacute;s pujante empresa privada, la prensa y televisi&oacute;n. Por eso todos merecen los mismos homenajes y el mismo recuerdo. Sin embargo, la ausencia de Felipe Camiroaga se siente con especial desconsuelo. Porque era joven, porque era l&iacute;der, porque era transgresor, porque era optimista, porque no utilizaba su popularidad para masajear su ego, sino para ayudar a la gente m&aacute;s humilde. Harto talento ten&iacute;a el Halc&oacute;n. Quienes lo segu&iacute;amos por la tele queremos creer que no ha partido al cielo, como dicen, sino que, como ya pronosticaba Gonzalo Rojas, ha regresado a las estrellas.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>Periodismo negro </title>
	<published>2011-09-03</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1112/periodismo-negro</link><description><![CDATA[<p>
	La otra tarde tuve una arcada moral. Me ocurri&oacute; mientras desarroll&aacute;bamos en RPP la que debe haber sido la noticia m&aacute;s horrenda de la semana: el salvaje e imperdonable abuso de un ni&ntilde;o de 8 a&ntilde;os a manos de su propio padre, un sujeto oscuro, sin alma, que &ndash;adem&aacute;s de violentar sexualmente a su hijo&ndash; intent&oacute; matarlo para que no lo denunciara con la madre. Es incre&iacute;ble: incluso contada as&iacute;, con la mayor asepsia posible, sin entrar en detalles, la informaci&oacute;n ya es escalofriante.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Sin embargo, no contentos con eso, todos los medios &ndash;aqu&iacute; ninguno se salv&oacute;&ndash;, sedientos de un morbo repugnante y haciendo gala de una minuciosidad digna de mejor causa, documentaron el hecho con truculentas precisiones que, en lugar de proteger a la peque&ntilde;a v&iacute;ctima, acabaron agredi&eacute;ndola todav&iacute;a m&aacute;s.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Como bien nos resondr&oacute; al aire una representante del Ministerio de la Mujer, la sola menci&oacute;n del nombre del &lsquo;padre&rsquo; abusivo, hace visible al ni&ntilde;o ante su entorno m&aacute;s cercano: su vecindario, su colegio, su familia. Ni qu&eacute; decir, entonces, de la macabra descripci&oacute;n con que los noticieros complementaron su informe. Los de la madrugada, los de la tarde, los de la noche.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Es verdad, a todos nos duele, indigna, mortifica y preocupa que los ni&ntilde;os en este pa&iacute;s est&eacute;n expuestos a cualquier clase de violencia. Pero hacemos muy poco por ellos cuando &ndash;por jugar a la cr&oacute;nica roja&ndash; narramos de modo expl&iacute;cito la desgracia que les sucedi&oacute;. Cuando hay ni&ntilde;os de por medio, los periodistas tendr&iacute;amos que establecer l&iacute;mites y aprender a callarnos. &iquest;Por qu&eacute; reproducimos todo el parte m&eacute;dico que proporciona un doctor que ha examinado a una ni&ntilde;a ultrajada? &iquest;Por qu&eacute; publicamos la fotograf&iacute;a de una ni&ntilde;a que est&aacute; en cuidados intensivos luego de ser abaleada por un delincuente? Igual: &iquest;Por qu&eacute; participamos del regodeo p&uacute;blico cont&aacute;ndole a la gente c&oacute;mo fue que un padre quiso matar a su hijo? &iquest;No basta simplemente con decir que quiso matarlo? &iquest;Acaso eso nom&aacute;s ya no constituye un esc&aacute;ndalo? &iquest;Eso no nos apabulla lo suficiente? &iquest;Tenemos realmente que explicar c&oacute;mo, cu&aacute;ndo, a qu&eacute; hora, cu&aacute;ntas veces y por d&oacute;nde? Me parece que eso es infame, abyecto, asqueroso. Eso ni siquiera es periodismo amarillo, sino negro. Nuestro derecho a informar en ning&uacute;n caso puede doblegar el derecho de un menor de edad que ha sido afectado a preservar su anonimato, su honor, su escas&iacute;sima tranquilidad. &iquest;Con qu&eacute; cuajo pones una moneda para ayudar a un ni&ntilde;o de la Telet&oacute;n si despu&eacute;s cuentas o reportas, con inexplicable avidez, los pormenores de un acto que perjudica a otro?</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	El tema de fondo en este caso, el que en serio deber&iacute;a inquietarnos, tiene que ver menos con el abuso y m&aacute;s con su contexto. &iquest;Por qu&eacute;, por ejemplo, una madre permite que su esposo someta a su hijo? &iquest;Por qu&eacute;, luego de conocerse el hecho, siquiera considera la posibilidad de retomar la relaci&oacute;n con el monstruo? &iquest;Es posible estar psicol&oacute;gicamente tan da&ntilde;ada? &iquest;Por qu&eacute; las autoridades no aplican las leyes con suficiente rigor para persuadir e identificar a otros criminales? &iquest;Por qu&eacute; el Estado no protege m&aacute;s a sus ni&ntilde;os? &iquest;Por qu&eacute; aqu&iacute; dif&iacute;cilmente ocurrir&iacute;a lo que sucedi&oacute; el martes pasado en Estocolmo, Suecia, donde la polic&iacute;a denunci&oacute;, arrest&oacute; y detuvo a un ciudadano que le propin&oacute; una bofetada a su hijo de doce a&ntilde;os en la v&iacute;a p&uacute;blica por tener una rabieta?</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Lo que le ha ocurrido a ese ni&ntilde;o de 8 a&ntilde;os es espantoso, inadmisible. Debe haber miles de casos similares en el pa&iacute;s, repartidos en todos los sectores sociales. Le toca a la ciudadan&iacute;a denunciarlos y al gobierno, castigarlos. En medio estamos nosotros, los periodistas, con la enorme posibilidad de ser parte de la soluci&oacute;n o parte de la tragedia.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>CHICOS DE SU TIEMPO Y DE SU BARRIO</title>
	<published>2011-08-27</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1092/chicos-de-su-tiempo-y-de-su-barrio</link><description><![CDATA[<p>
	Tener barrio es tener v&iacute;nculos. Es conectar con la gente que vive a tu alrededor. Es involucrarse. O, por lo menos, tener la posibilidad de hacerlo. Cuando de chico viv&iacute;a en Miraflores, en La Paz, la experiencia del barrio se sosten&iacute;a en el inter&eacute;s mancomunado de todos a favor de todos. Si hab&iacute;a una fiesta, una celebraci&oacute;n, un embargo, una mudanza, un accidente, una pelea, un asalto, una muerte, una premiaci&oacute;n, un &eacute;xito o una tragedia, en cualquier caso, la informaci&oacute;n se propagaba veloz como una epidemia. Esa divulgaci&oacute;n ven&iacute;a acompa&ntilde;ada de un esp&iacute;ritu solidario &ndash;muy pocas veces invasivo&ndash; que permit&iacute;a a los vecinos identificarse entre s&iacute;, protegerse, ponerse en el lugar del otro. Es cierto: tambi&eacute;n hab&iacute;a laberintos y peleas, pero incluso esa bulla era c&aacute;lida y dom&eacute;stica. En La Paz, las familias ten&iacute;an plenamente demarcada la escenograf&iacute;a de su cotidianidad: el parque Melit&oacute;n Porras, el Parque Salazar, la Iglesia de F&aacute;tima, la bajada de Armend&aacute;riz, la bodega de la China Rosa, el malec&oacute;n, el Faro, la V&iacute;a Expresa, el l&iacute;mite con San Fernando. No hab&iacute;a celular, sin embargo era f&aacute;cil intuir el paradero de cada quien. Era un lugar seguro, no por tratarse de una zona residencial, sino por la confianza que se extend&iacute;a a lo largo de las cuadras.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Cuando no mont&aacute;bamos bicicleta, hartos de los siete canales de la televisi&oacute;n, mis amigos y yo nos repantig&aacute;bamos en una esquina a conversar, a contrastar las cosas que o&iacute;amos en la casa y aprend&iacute;amos en el colegio. Hablar era nuestra forma m&aacute;s natural de convivir. Y al hablar de lo que nos preocupaba, daba miedo, o lo que inquietaba a nuestros padres, sin saberlo, pon&iacute;amos en ejercicio un valor que entonces ignor&aacute;bamos que se llamaba as&iacute;: Ciudadan&iacute;a. &Eacute;ramos mejores ciudadanos porque conoc&iacute;amos, o pretend&iacute;amos conocer, el mundo que nos rodeaba.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Luego, malhaya, lleg&oacute; el progreso, la globalizaci&oacute;n, la inseguridad brutal, los cambios demogr&aacute;ficos y Lima se convirti&oacute; en una enrejada ciudadela vertical. Se multiplicaron las construcciones multifamiliares, la tradici&oacute;n del barrio entr&oacute; en proceso de extinci&oacute;n, y la convivencia &ndash;antes humana, viva, reconocible&ndash; decay&oacute; hasta convertirse en un tejido an&oacute;nimo. (Si alguien me dijera, por ejemplo, que los vecinos de mi actual edificio son todos fantasmas o espectros, le creer&iacute;a).</p>
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	Comento esto porque ayer viernes fui invitado por la Municipalidad de Miraflores a participar de la inauguraci&oacute;n de la Red de J&oacute;venes Blogueros del distrito. Tan espl&eacute;ndido proyecto busca que adolescentes de catorce y quince a&ntilde;os &ndash;nativos digitales, muchos de los cuales han crecido en departamentos de 100 metros cuadrados&ndash; administren bit&aacute;coras para hablar de sus temas: aquello que les preocupa, les asusta, los motiva, les interesa. No se trata de dotarlos de un blog por la simple moner&iacute;a que ello podr&iacute;a suponer. Se trata m&aacute;s bien de animarlos a que reproduzcan en el blog esas ideas, opiniones, sentimientos, esa intimidad que no encuentra eco en el hogar ni en la escuela, y que est&aacute; casi condenada a disolverse en el silencio de los d&iacute;as.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Ahora que la calle parece un espacio negado, y el barrio una figura m&iacute;tica para muchos de estos chicos, una red de esta naturaleza &ndash;auspiciada por un ente potente como el Municipio&ndash; podr&iacute;a convertirse en el vecindario virtual ideal para practicar eso que tanto falta: ciudadan&iacute;a. El progreso, siendo buenos en millones de aspectos, trajo consigo ego&iacute;smo, intolerancia, frialdad, distancia, incapacidad de di&aacute;logo. Que los m&aacute;s j&oacute;venes ocupen su tiempo en Internet para escribir, esperando hacer contacto con alguien como ellos al otro lado de la pantalla, es una magn&iacute;fica manera de romper su aislamiento, recuperar algo de la extraviada sinton&iacute;a barrial, y edificar liderazgos a futuro.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>LA GUERRA INTERMINABLE</title>
	<published>2011-08-20</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1075/la-guerra-interminable</link><description><![CDATA[<p>
	Que Ollanta Humala se haya colocado en la primera fila de la lucha contra la delincuencia es una se&ntilde;al muy importante. Lo que el presidente quiere decirnos, si no interpreto mal, es que ser&aacute; &eacute;l quien lleve las riendas de este enfrentamiento, y ser&aacute; &eacute;l, a la larga, el primer responsable del &eacute;xito o fracaso de esta cruzada que hoy &ndash;a ra&iacute;z de algunos casos terribles, como los de las ni&ntilde;as Romina Cornejo y Adriana Reggiardo&ndash; parece contar por fin con el respaldo un&aacute;nime de todos los sectores.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Si al cabo de cinco a&ntilde;os no vemos avance alguno, y seguimos siendo un pa&iacute;s amedrentado, sometido por la criminalidad, entonces habr&aacute; que reproch&aacute;rselo principalmente a Humala, no solo a quienes eventualmente puedan sentarse en el despacho del Interior. Del mismo modo, si el Consejo Nacional por la Seguridad Ciudadana logra frenar &ndash;no en seco, pero s&iacute; gradualmente&ndash; la ola de asaltos, secuestros y muertes que tanto nos agobia, devolvi&eacute;ndole al pa&iacute;s la paz que ya no tiene, habr&aacute; que reconocerle ese m&eacute;rito.</p>
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	&nbsp;</p>
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	El gobierno de Alberto Fujimori fue b&aacute;sicamente nefasto por c&oacute;mo se viraliz&oacute; la corrupci&oacute;n al interior del r&eacute;gimen. Sin embargo, en el cap&iacute;tulo de la lucha antiterrorista no se puede negar que el hoy justamente recluido expresidente asumi&oacute; esa pelea con un liderazgo que Fernando Belaunde y Alan Garc&iacute;a prefirieron ceder a sus jefes de la Fuerza Armada. Claro, luego el liderazgo de Fujimori degener&oacute; en una cadena de oscuras &oacute;rdenes que suscitaron los hechos condenables que todos ya conocemos y que lo tienen en prisi&oacute;n, pero al menos, al inicio, Fujimori se ubic&oacute; &ndash;como ahora hace Ollanta&ndash; no a un lado del problema, sino frente a &eacute;l.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Estamos cansados de que las autoridades nos adviertan que la lucha contra la delincuencia es un asunto &ldquo;de muchas aristas&rdquo; y que &ldquo;jam&aacute;s podr&aacute; resolverse en el corto plazo&rdquo;. Est&aacute; bien. Captamos perfectamente que se trata de una lacra dif&iacute;cil de extirpar porque est&aacute; vinculada a la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades, la marginaci&oacute;n. Sin embargo, ninguna autoridad parece estar en capacidad de decirle al pa&iacute;s qu&eacute; plazo es el necesario &ndash;no para desterrar la violencia, porque esa no se extingue&ndash; pero s&iacute;, al menos, para desmembrar las organizaciones criminales de &lsquo;marcas&rsquo;, secuestradores, sicarios y todas esas mafias que, armadas hasta los dientes, imponen su ley de miedo en Lima y el interior. &iquest;Hacen falta cinco a&ntilde;os? &iquest;Quiz&aacute; diez? &iquest;Veinte? &iquest;Es acaso imposible calcularlo?</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	As&iacute; como el presidente les exige a las FF.AA. resultados puntuales en la guerra contra el narcotr&aacute;fico all&aacute; en el VRAE; as&iacute; como emplaza a jueces y congresistas para que act&uacute;en con mayor drasticidad en sus &aacute;mbitos; pues tambi&eacute;n ser&iacute;a saludable que &eacute;l pueda decirnos qu&eacute; metas con nombre propio espera alcanzar en esta prioritaria guerra diaria contra quienes nos roban, humillan, perturban y matan. Y, sobre todo, cu&aacute;nto dinero va a destinar para que se consigan.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Si Ollanta Humala no hace continuas precisiones, todo lo planteado el pasado jueves 18 ser&aacute; in&uacute;til pirotecnia para los medios de comunicaci&oacute;n, alivio coyuntural para la oposici&oacute;n, y arenga populista para la gente. O sea, un bonito liderazgo de mentira. Eso ya lo tuvimos. Y termin&oacute; mal.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>TRANSPARENCIA, NO ARROGANCIA.</title>
	<published>2011-08-13</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1051/transparencia-no-arrogancia</link><description><![CDATA[<p>
	Los periodistas y los pol&iacute;ticos no deben ser amigos. Su relaci&oacute;n tiene que ser &aacute;spera, inc&oacute;moda, acaso hostil. Ni cordial, ni familiar. Eso no implica, desde luego, que ambos se traten con forzado respeto (en algunos casos hasta con cierta sobreactuada simpat&iacute;a), pero sin olvidar que en el escenario cotidiano ocupan franjas claramente contrarias. Podr&iacute;an ser enemigos, pero jam&aacute;s aliados. Unos act&uacute;an en p&uacute;blico y privado, los otros vigilan esa actuaci&oacute;n con desconfiada lupa. O al menos as&iacute; deber&iacute;a ser.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	El meollo del asunto &ndash;un detalle que a menudo se mira de soslayo&ndash; es que los pol&iacute;ticos (pienso ahora en el presidente, los congresistas, no tanto en los ministros, que son designados) ocupan sus cargos porque la ciudadan&iacute;a decidi&oacute; que fuera as&iacute;. Ergo, la naturaleza de su funci&oacute;n los obliga &ndash;una obligaci&oacute;n que, siendo moral, debiera ser constitucional&ndash; a mantenerse comunicados, a ser dialogantes, a informar y rendirle cuentas a la poblaci&oacute;n que los vot&oacute;. Pero no cuando ellos lo juzguen oportuno, sino cada vez que la poblaci&oacute;n lo requiera y lo reclame. Votar es confiarle el poder por cinco a&ntilde;os a un grupo de gente que est&aacute; a nuestro servicio, que cobra nuestro dinero, y que tiene la misi&oacute;n de gobernar, no a su antojo, sino interpretando la voluntad de la mayor&iacute;a.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	&ldquo;Tengo que trabajar para ustedes, ustedes son mis jefes&rdquo;, dec&iacute;a Ollanta Humala hace solo un par de meses, luego de conocerse el triunfo electoral de Gana Per&uacute;. El mejor favor que podr&iacute;a hacerse el nuevo presidente es honrar aquella promesa evitando esas oleadas de silencio que, al ser tan prolongadas en coyunturas tan cr&iacute;ticas, dejan de ser parte de un &lsquo;tipo de conducci&oacute;n&rsquo; y se convierten en grave indicio de una precoz falta de seguridad para manejar el pa&iacute;s. No queremos, est&aacute; claro, un l&iacute;der parlanch&iacute;n que, a la usanza de Garc&iacute;a, cobre exceso de protagonismo y vaya de aqu&iacute; para all&aacute; opinando de todo. No queremos un megal&oacute;mano envanecido consigo mismo, pero s&iacute; necesitamos un Jefe de Estado con opini&oacute;n, con voz, con car&aacute;cter. Un presidente al que la banda no le ajuste, pero que tampoco le quede grande. Un presidente que anuncie &ndash;no por Twitter, sino en se&ntilde;al abierta; no a trav&eacute;s de su primer ministro, sino en vivo y en directo&ndash; qu&eacute; soluciones tiene para los temas m&aacute;s inquietantes. (Por ejemplo, me parece una p&eacute;sima se&ntilde;al que a estas alturas &ndash;siendo mediod&iacute;a del jueves 12 de agosto&ndash;, Ollanta Humala no se haya referido con claridad a la evoluci&oacute;n judicial del caso de su hermano Antauro, a quien prometi&oacute; no beneficiar durante la campa&ntilde;a electoral, cuando la prensa le resultaba tan &uacute;til).</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Y as&iacute; como preocupa la falta de reacci&oacute;n del mandatario para acallar rumores y zanjar pol&eacute;micas, sorprende la mano dura (o pata en alto) que busca imponer Daniel Abugatt&aacute;s en el Congreso, sobre todo en lo tocante a la relaci&oacute;n con la prensa. Ahora se nos comunica a los periodistas que seremos evaluados antes de cubrir las actividades parlamentarias; que se reducir&aacute; el n&uacute;mero de reporteros asignados por cada medio de comunicaci&oacute;n, y que solo podremos recoger declaraciones del titular del Legislativo cuando a este se le ocurra que es necesario brindarlas. Justo ahora que hay m&aacute;s representantes (casi escribo &lsquo;otorongos&rsquo;), justo ahora que hay obvia tensi&oacute;n por la repartici&oacute;n de los grupos de trabajo y por las reformas constitucionales que podr&iacute;an proponerse en el corto plazo, justo ahora, quieren que haya menos vigilancia, menos fiscalizaci&oacute;n, menos preguntas a la salida.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Lo que Humala y Abugatt&aacute;s no parecen estar considerando es que la autoridad no se impone, sino que se gana. Y se gana con transparencia y apertura, no con arrogancia y secretismo. No ha pasado un mes desde el 28 de julio. Las autoridades tienen sobrado tiempo para corregir estos &lsquo;problemitas&rsquo; de &lsquo;estilo&rsquo;. Ojal&aacute; que no se tarden mucho.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>After party</title>
	<published>2011-08-06</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1027/after-party</link><description><![CDATA[<p>
	Al pol&iacute;tico peruano le cuesta seis meses entusiasmar a la galer&iacute;a, pero le basta un par de tardes para decepcionarla. Estaba claro que la &uacute;ltima campa&ntilde;a electoral era, fundamentalmente, un baile de mascaradas que ten&iacute;a por finalidad engatusar al votante para que optara por una determinada coreograf&iacute;a. Por eso hab&iacute;a que acercarse a la pista con precauci&oacute;n, con suspicacia, aunque sin perder el entusiasmo ni el talante fiestero. Total, &eacute;ramos nosotros y no los candidatos el alma de esa promocionada Hora Loca de la Democracia.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	En pos de alcanzar nuestra preferencia, el humalismo apost&oacute; por la moderaci&oacute;n de su discurso; el fujimorismo, por la renovaci&oacute;n de su partido; y el peruposibilismo, por la experiencia de su gesti&oacute;n. (Por hablar &uacute;nicamente de tres de los varios &lsquo;ismos&rsquo; que colisionaron durante aquella contienda de ingrata recordaci&oacute;n). Es cierto, buena parte de la ciudadan&iacute;a sab&iacute;a que todo ese show ten&iacute;a un recutectu medio farsesco, pero &ndash;sensibles como somos a la politiquer&iacute;a de a sol, y tan legendariamente dados a la pr&aacute;ctica de la credulidad&ndash;, nos gustaba darles bola a los candidatos. Despu&eacute;s de todo, no se pod&iacute;a ser tan negativo, ni oscurantista. Si hasta Alan hab&iacute;a cambiado, tanto que alcanz&oacute; el dudoso m&eacute;rito de no repetir el zafarrancho del 85&ndash;90, qu&eacute; de malo habr&iacute;a en depositar nuestra confianza en Humala, Keiko o Choledo reloaded en preclaros exponentes de la nueva manera de hacer pol&iacute;tica en el Per&uacute;.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	El asunto es que a todas esas corrientes pol&iacute;ticas les ha bastado las fiestas patrias para quitarse, muy coordinadamente, el colorido pero elefanti&aacute;sico antifaz que llevaban encima. No ha habido ni moderaci&oacute;n, ni renovaci&oacute;n, ni experiencia. Los nacionalistas, por ejemplo, si ya hab&iacute;an soplado tanto en favor de la cosa concertada; si hab&iacute;an pulido hasta cinco veces su tratado de La Gran Transformaci&oacute;n para conciliar un m&iacute;nimo texto de relativa unanimidad; si se hab&iacute;an fotografiado y sentado a conversar con todos los l&iacute;deres de todos los movimientos de todos los sectores del pa&iacute;s; es decir, si se hab&iacute;an esmerado en construir una propuesta algo seria, &iquest;ven&iacute;a a cuento desmontarla con una juramentaci&oacute;n coral que, siendo v&aacute;lida y leg&iacute;tima, era sobre todo provocadora e inoportuna? &iquest;No era m&aacute;s astuto reivindicar la Constituci&oacute;n del 79, palmo a palmo, lentamente, en la gesti&oacute;n de todos los d&iacute;as para probar, precisamente, las bondades de su esp&iacute;ritu? &iquest;No ha sido m&aacute;s torpe gritarla as&iacute;, como si fuera, no una Carta Magna, sino una mentada de madre?</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	De otro lado, el Neo&ndash;Fujimorismo, que supuestamente ya hab&iacute;a abandonado el tono fosforito de los 90; que quer&iacute;a desmarcarse de todo signo de autoritarismo para lavarse la cara en el agua tibia de la ponderaci&oacute;n democr&aacute;tica, solt&oacute; a sus m&aacute;s temidas pitbulls para que se colgasen de la yugular del nuevo presidente incitando la respuesta no menos arrabalera del oficialismo, con lo cual ya la pomposa ceremonia de cambio de mando, con sus invitados internacionales, qued&oacute; convertida en un gui&oacute;n perfectamente adaptable para que Betito Aguilar le suministre algo de carne a su alica&iacute;do Al fondo hay sitio.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	No menos decepcionante ha sido, desde luego, el proceder de Per&uacute; Posible con la expulsi&oacute;n de Carlos Bruce, que es, si no me equivoco, uno de los dos dirigentes que m&aacute;s seriedad le daban a la chakana (ustedes elijan al otro, que claramente no es Toledo). Eso de sacarle hep&aacute;tica tarjeta roja al que discrepa p&uacute;blicamente con la plana mayor no se ve muy juicioso. O sea, si el Apra aplicara disciplina con los conceptos de PP hace rato que el local de Alfonso Ugarte ser&iacute;a una funeraria (ok, parece, pero todav&iacute;a no lo es).</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Con la mascarada concluida, con las viejas cartas puestas otra vez sobre la mesa, sean bienvenidos al divertid&iacute;simo after party de cinco a&ntilde;os que nos espera. Que nadie se queje de discriminaci&oacute;n: para bien o para mal, todos hemos sido invitados. Eso s&iacute;, no estar&iacute;a dem&aacute;s identificar la ubicaci&oacute;n de las puertas de emergencia.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>¿Y SI NO TE AMO, PERÚ?</title>
	<published>2011-07-30</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/1006/a-y-si-no-te-amo-pera</link><description><![CDATA[<p>
	Tengo una sospecha negra que me averg&uuml;enza y divierte confesar en estos d&iacute;as de tanta patri&oacute;tica estridencia: creo que no amo al Per&uacute;. Por lo menos no a la manera convencional, ni con la c&iacute;vica intensidad ni el apego nacionalista que &ndash;se supone&ndash; deber&iacute;a exudar un ciudadano consciente.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	Sospecho que no amo al Per&uacute;, primero, porque nunca canto el himno. Ni antes de los partidos de la selecci&oacute;n, ni durante las ceremonias pol&iacute;ticas que eventualmente cubro, ni en ninguna otra pomposa circunstancia. No s&eacute;, no me gusta, no me nace, no se me ha inflado el pecho de orgullo cada vez que, acicateado por alg&uacute;n individuo patriota, he intentado entonar esas lastimeras estrofas que subrayan nuestra esclavitud en su af&aacute;n por expiarla. No siento que por cantar el himno mi endeble peruanidad adquiera los br&iacute;os de que adolece. Si se trata de emblematizar alguna m&uacute;sica, en todo caso prefiero pensar en ese cancionero de valses y boleros que se grita de alma en bares y pe&ntilde;as, con la voz desgarrada y la piel de gallina. Cualquiera de esas canciones &ndash;que sintetizan nuestras grandes pasiones y compilan nuestros peque&ntilde;os melodramas&ndash; quedar&iacute;a m&aacute;s aut&eacute;ntica como himno nacional.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Tambi&eacute;n sospecho que no amo al Per&uacute; porque me da flojera subir al techo de mi casa a poner la bandera, o porque nunca he comprado, ni bordado, ni lucido, ni deseado portar una escarapela; o porque no sabr&iacute;a precisar si la vicu&ntilde;a que aparece en el escudo (&iquest;es vicu&ntilde;a, llama, o alpaca?) tiene la cabeza girada hacia la derecha o la izquierda. Pero, sobre todo, dudo de mi amor por el Per&uacute; porque, en el caso de que estallase una guerra externa, jam&aacute;s tendr&iacute;a el coraje ni la voluntad de enrolarme al Ej&eacute;rcito. Si no s&eacute; disparar ni una pistola de agua, y si carezco probadamente de todos los matices del arrojo, &iquest;no se perjudicar&iacute;a el pa&iacute;s colocando un soldado tan despistado en alguna trinchera? Ser&iacute;a darle una innecesaria ventaja al enemigo, ser&iacute;a una baja segura. &iquest;Y todo para qu&eacute;? &iquest;Para que mi nombre termine bautizando una calle, un jir&oacute;n, o, en el mejor de los casos, un parque en cuyo centro habr&aacute; una virgen atrapada en una urna? No, gracias, paso.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	A diferencia de mis antepasados &ndash;que le ten&iacute;an al Per&uacute; un respeto soberbio, innegociable, a prueba de balas&ndash;, a m&iacute; el Per&uacute; me confunde. Cuando he pasado mucho tiempo fuera de &eacute;l, admito haberlo extra&ntilde;ado. Aunque, en rigor, lo que he extra&ntilde;ado ha sido mi casa, mi cama, mi familia, mis amigos, mis costumbres, mis lugares y comidas favoritos. No he extra&ntilde;ado ni las cumbres nevadas, ni las risue&ntilde;as playas, ni ning&uacute;n otro accidente geogr&aacute;fico. No he a&ntilde;orado volver a ver al c&oacute;ndor, ni al gallito de las rocas, menos al perro calato. He extra&ntilde;ado la microporci&oacute;n del Per&uacute; en que subsisto todos los d&iacute;as, y esa seguridad me ha llevado a plantear una cuesti&oacute;n central: mi pa&iacute;s no es la extensi&oacute;n geogr&aacute;fica que aparece en el Atlas limitando con Colombia, Ecuador, Chile, Brasil y Bolivia, sino el c&uacute;mulo de mis lazos y experiencias en este territorio. Hacia todo lo dem&aacute;s (la historia, el pasado milenario, la riqueza cultural y los millones de compatriotas) siento una leve sensaci&oacute;n de pertenencia, de ubicuidad, de simp&aacute;tica cercan&iacute;a. Solo eso.</p>
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	&nbsp;</p>
<p>
	No me siento m&aacute;s peruano en 28 de julio, del mismo modo en que tampoco quiero m&aacute;s a mi mam&aacute; el segundo domingo de mayo. Si de algo me sirven las fiestas patrias, por lo que veo, es de pretexto para ensayar ejercicios absolutamente improductivos como este: poner mi patriotismo en entredicho, y no saber exactamente para qu&eacute;.</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>Aquella infamia</title>
	<published>2011-07-16</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/954/aquella-infamia</link><description><![CDATA[<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Hasta cierto punto, quiz&aacute; porque soy hijo de un militar que fue honesto, entiendo la perspectiva castrense que se articula ante las acusaciones de violaci&oacute;n contra los derechos humanos que muchos miembros del Ej&eacute;rcito han recibido de manera precipitada.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Comprendo, por ejemplo, que un soldado &ndash;que se presume &iacute;ntegro, que ha sido entrenado para protagonizar la guerra y jugarse la vida por el pa&iacute;s&ndash; sienta que el Estado lo menoscaba cuando, en lugar de saludar su valent&iacute;a al enfrentar cara a cara a mandos subversivos, le extiende citaciones para que comparezca ante la justicia. Un oficial que arriesga su pellejo en la lucha armada y luego es trasladado a los tribunales pone en l&oacute;gico entredicho el esp&iacute;ritu combativo con que se form&oacute;: &iquest;para qu&eacute; defiendo a mi patria, si luego el Estado me empapela y la sociedad me grita asesino? A esos buenos militares, a los que pelearon por nosotros sin desbordar el marco legal, habr&iacute;a siempre que diferenciarlos y reconocerlos.&nbsp;</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Lamentablemente, los peores enemigos de los buenos militares no son las ONG pro DDHH, sino los malos elementos que visten ese mismo uniforme, pero que creen que la defensa de la patria debe practicarse con ruindad. Son los malos militares, los cobardes, los abusivos, los asesinos, los que da&ntilde;an, a veces de modo irreparable, la honra y prestigio de los militares decentes.&nbsp;</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Ese es el caso del subteniente (EP) Telmo Hurtado Hurtado. Hay que leer los reportes de Aprodeh acerca del caso Accomarca para tener siquiera una ligera idea de los terribles hechos perpetrados por este hombre, en complicidad con otros tantos y bajo &oacute;rdenes de todav&iacute;a no sabemos qui&eacute;n. De los much&iacute;simos casos existentes, este me ha parecido especialmente tr&aacute;gico, por el comportamiento sicario de los involucrados.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	De acuerdo con el testimonio de diversos testigos, la ma&ntilde;ana del 14 agosto de 1985 (primer gobierno de Garc&iacute;a P&eacute;rez) la patrulla de Telmo Hurtado y la del teniente (EP) Juan Rivera Rond&oacute;n, con aproximadamente 25 efectivos, llegaron a Llocllapampa, localidad ubicada a tres kil&oacute;metros de Accomarca y anunciaron una asamblea. Con ese pretexto, reunieron a 69 comuneros en la plaza del pueblo, y luego los agruparon en tres viviendas, separando a los hombres de las mujeres y los ni&ntilde;os. Los testigos aseguran que previamente los militares llevaron a las mujeres a una acequia, donde habr&iacute;an sido violadas.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Los militares acusaban a los pobladores de terroristas, pues dec&iacute;an&nbsp;tener referencias de que en Llocllapampa hab&iacute;a dos escuelas populares y un centro de abastecimiento senderista.&nbsp; Dice Aprodeh: &ldquo;Luego empezaron los disparos y la desesperaci&oacute;n. Las mujeres gritaban, los ancianos ped&iacute;an auxilio, los ni&ntilde;os lloraban. Sin embargo los efectivos no cesaban en su accionar, por el contrario, incendiaron las viviendas y finalmente les lanzaron granadas. A las cuatro de la tarde, se retiraron. Los pobladores que hab&iacute;an escapado regresaron y observaron la horrible escena: 39 adultos y 23 ni&ntilde;os ejecutados&rdquo;.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Cuando meses despu&eacute;s una comisi&oacute;n del Senado lo entrevist&oacute;, el subteniente Hurtado no solo no se mostr&oacute; arrepentido, sino que lleg&oacute; al extremo de justificar el asesinato de ni&ntilde;os con el argumento &ndash;esto es para escarapelarse&ndash; de que los comunistas iniciaban el adoctrinamiento de sus seguidores desde muy temprana edad.&nbsp;</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Va a ser decisivo, no solo para las familias de las v&iacute;ctimas, sino para toda la ciudadan&iacute;a, que la justicia peruana castigue estos hechos sin ning&uacute;n miramiento, y que nos diga, aunque sea veintis&eacute;is a&ntilde;os m&aacute;s tarde, los nombres de los actores pol&iacute;ticos responsables de aquella infamia. &nbsp;&nbsp;</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>La obra invisible</title>
	<published>2011-07-09</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/929/la-obra-invisible</link><description><![CDATA[<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Yo vivo por Monterrico, pero muero por Susana. Susana Villar&aacute;n de la Puente. La ex t&iacute;a Regia, hoy devenida en Lentejita o Lady Vaga. No seamos literales: decir que muero por ella solo equivale a decir que guardo debilidad y simpat&iacute;a por el estilo &ndash;impopular, pero valiente&ndash; con que ella desea gobernar Lima.</p>
<p>
	&nbsp;</p>
<p>
	Si bien es cierto que en la campa&ntilde;a electoral municipal prometi&oacute; concentrarse en corregir el caos vehicular y atacar la delincuencia (tareas tit&aacute;nicas que por algo han sido la obsesi&oacute;n y eterna cruz de los &uacute;ltimos alcaldes), buena parte de su discurso estuvo orientado a potenciar un concepto que a la mayor&iacute;a de lime&ntilde;os le cuesta entender: la necesidad de construir ciudadan&iacute;a.</p>
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	De qu&eacute; sirve una capital econ&oacute;micamente viable, recubierta de maquillaje cementero, satisfecha de su repentina condici&oacute;n pr&oacute;spera, si en ella habitan gentes con enormes dificultades para practicar la solidaridad, la tolerancia y el respeto por el otro. Lima, f&iacute;jense, es una urbe bab&eacute;lica en la que el florecimiento de negocios y edificios guarda relaci&oacute;n directa con la incomunicaci&oacute;n y agresividad que reina entre sus habitantes.</p>
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	El ex alcalde Casta&ntilde;eda &ndash;al margen del chongo a&uacute;n no resuelto de Comunicore&ndash; fue un administrador que hizo prevalecer su perfil t&eacute;cnico y estilo pragm&aacute;tico. No resolvi&oacute; los grandes problemas de Lima, pero, vamos, invirti&oacute; recursos e hizo las obras que correspond&iacute;an a una d&eacute;cada de relativa bonanza. Que le haya puesto su nombre a cada una de ellas constituye una huachafer&iacute;a que no le resta m&eacute;rito a su gesti&oacute;n.&nbsp;&nbsp;</p>
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	Las ciudades, sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de embellecerse con asfalto, dependen de su componente humano. El descuido de ese factor es el que finalmente explica por qu&eacute; vivimos rodeados de violencia, disputas, transgresi&oacute;n, coimas. Me parece que Susana Villar&aacute;n, con todas las limitaciones de gerencia que pudiera tener, est&aacute; interesada en devolvernos a los lime&ntilde;os el aprecio perdido hacia lo que significa formar <em>comunidad</em>. Por eso encuentro injusto que quienes no se identifican con ese esp&iacute;ritu progresista &ndash;en lugar de apuntar al consenso&ndash; est&eacute;n promoviendo amenazantes acciones contra el mandato de la autoridad. Dicho de otro modo: celebro las cr&iacute;ticas inteligentes que se le hacen, y hasta la ocurrencia de las bromas en el <em>twitter</em> respecto de su supuesta negada holgazaner&iacute;a (la de Villa&ndash;harag&aacute;n es notable), pero me parecen profundamente rid&iacute;culas las iniciativas que instigan a la revocatoria.</p>
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	Se equivocan quienes creen que los alcaldes deben ser actores meramente ejecutivos. En este tiempo, un alcalde debe ser, por sobre todas las cosas, un l&iacute;der social, un activista que &ndash;sin olvidar las carencias principales de la poblaci&oacute;n que lo eligi&oacute;&ndash; se preocupe de integrar, no a las &eacute;lites, sino a las minor&iacute;as, haci&eacute;ndolas sentir parte de un mismo espacio. Precisamente la ausencia de ese tipo de liderazgo es el que a la larga activa la desigualdad y el conflicto, como puede verse en tant&iacute;simas regiones del interior del pa&iacute;s.</p>
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	Vivimos en Lima, pero hacemos un penoso ejercicio de la convivencia. Eso tiene de malo la prosperidad econ&oacute;mica mal entendida: hace que la gente busque el confort ego&iacute;sta y se olvide de compartir cosas como la dignidad, el orgullo, la pertenencia.&nbsp;&nbsp;</p>
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	La ciudadan&iacute;a no se licita ni se construye con planos ni maquinarias. No es visible, aunque s&iacute; rentable. Ojal&aacute; que Villar&aacute;n tenga tiempo para demostrarlo.&nbsp;</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>Ídolo de cemento </title>
	<published>2011-07-02</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/904/a-dolo-de-cemento</link><description><![CDATA[<p>
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	&nbsp;Las obras p&uacute;blicas son una evidencia de la sensibilidad de quien las mand&oacute; construir. All&iacute; est&aacute;n, colocadas en lugares estrat&eacute;gicos, dej&aacute;ndose ver como una herencia est&aacute;tica, record&aacute;ndonos a su autor, desaparecido temporalmente de escena. Si uno las aprecia de cerca, son anecd&oacute;ticas y fotog&eacute;nicas. Contempladas de lejos, en cambio, resultan reveladoras, en tanto permiten sacar conclusiones acerca del estilo y agenda dominantes del gobernante que las auspici&oacute;.</p>
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	&nbsp;No basta, sin embargo, con que las obras se ejecuten. Importa mucho m&aacute;s que sean eficientes, oportunas, trascendentes a largo plazo. Si las obras no conectan con las necesidades de la poblaci&oacute;n, y si su utilidad no goza de la aprobaci&oacute;n mayoritaria, acaban convertidas en enormes elefantes petrificados, in&uacute;tiles colosos de cemento que, en vez de hacerle propaganda a su autor, incitan una campa&ntilde;a en su contra.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Para este &uacute;ltimo tramo de su segundo gobierno, Alan Garc&iacute;a P&eacute;rez ha reservado la inauguraci&oacute;n de varias obras. Entre ellas, destacan tres: el pirot&eacute;cnico Cristo del Pac&iacute;fico, el a&ntilde;oso, legendario tren el&eacute;ctrico y el querido y remozado Estadio Nacional. El presidente no es tonto: sabe cu&aacute;n rentable es contentar a la feligres&iacute;a cat&oacute;lica, a la masa trabajadora que se desplaza a diario, y a la sufrida afici&oacute;n futbolera.</p>
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	Aunque se ha subrayado la extra&ntilde;a velocidad con que se han acabado y tramitado estas edificaciones &ndash;redoblando esfuerzos de obra, salte&aacute;ndose pasos administrativos para que puedan ser bautizadas a tiempo&ndash;, hay sondeos y reportes seg&uacute;n los cuales un alto porcentaje de la ciudadan&iacute;a las aprueba.&nbsp;</p>
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	Como a muchos, a m&iacute; las tres me inspiran continuos reparos. No solo por el cantado c&aacute;lculo pol&iacute;tico que las sostiene, sino porque son s&iacute;mbolos del m&aacute;s escandaloso populismo. &nbsp;El hecho, por ejemplo, de que las tres atiendan solo a la capital constituye un grave desatino. Lo que la coyuntura nos dice desde hace semanas es que hay regiones del pa&iacute;s que reclaman a gritos la presencia del Estado. Se incendian locales, se toman aeropuertos, se saquean tiendas, se apedrean parroquias, se matan manifestantes, se agrede a polic&iacute;as, en fin, se intenta llamar la atenci&oacute;n del Ejecutivo de diversas equivocadas maneras. Y mientras eso acontece, mientras hay sangre y disputa en el Sur y en el Centro, el presidente lee la biblia al pie de un millonario Cristo de resina que &ndash;con los brazos extendidos y la mirada posada en el horizonte gris&aacute;ceo de Chorrillos&ndash; parece cuestionar la conveniencia de su rol vigilante en la punta de un Morro abandonado. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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	Por otro lado, tampoco suena saludable que la concesi&oacute;n del tramo II del tren el&eacute;ctrico se le haya adjudicado a la empresa Odebretch (donadora del monigote de la bah&iacute;a), en un proceso que ya acumula dos denuncias de irregularidad, respecto de las cuales tendr&iacute;a que pronunciarse pronto el Tribunal de Contrataciones y Adquisiciones del Estado.</p>
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	&nbsp;Finalmente, la inversi&oacute;n de m&aacute;s de 200 millones de soles para embellecer el Estadio Nacional abre signos de interrogaci&oacute;n para que todos nos preguntemos si esa era la mejor manera de impulsar la atrasad&iacute;sima promoci&oacute;n del deporte peruano. Que no nos agarren de idiotas: ese coloso magn&iacute;fico fue pensado para espectadores y futuros due&ntilde;os de palcos, no para los deportistas.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Seguramente hay otras obras, menos promocionadas, que hablan bien de las hist&oacute;ricas preocupaciones de Alan Garc&iacute;a. Pero las tres aqu&iacute; rese&ntilde;adas, por el modo y esp&iacute;ritu con que fueron gestionadas, est&aacute;n destinadas a convertirse, no en un homenaje a la visi&oacute;n del presidente que se va, sino en una penosa memoria de su ego m&aacute;s rid&iacute;culo.&nbsp;</p>
]]></description>
	</item><item>
	<title>Copa América: calma antes que fe</title>
	<published>2011-06-25</published>
	<link>../../columnista/11/renato-cisneros/879/copa-amaerica-calma-antes-que-fe</link><description><![CDATA[<p>
	Hace cuatro a&ntilde;os viaj&eacute; con cinco amigos a Buenos Aires. Eran los d&iacute;as de la Copa Am&eacute;rica 2007, disputada en Venezuela. Mientras la selecci&oacute;n peruana avanzaba a trompicones en la primera fase del torneo (triunfo ante Uruguay, empate con Bolivia, derrota ante el anfitri&oacute;n), nosotros nos dedic&aacute;bamos a turistear por Puerto Madero y Caminito, indiferentes a la Copa, seguros de que el equipo de Julio C&eacute;sar Uribe ser&iacute;a eliminado m&aacute;s temprano que tarde, y de que no val&iacute;a la pena distraer nuestra expedici&oacute;n viendo al tibio Per&uacute;.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Sin embargo, cuando supimos que la selecci&oacute;n clasific&oacute; a octavos de final, instancia en la que adem&aacute;s enfrentar&iacute;a a Argentina, nos pusimos la camiseta del oportunismo y decidimos ver el crucial partido en un bar escondido de La Recoleta. &nbsp;&nbsp;</p>
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	&nbsp;</p>
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	Recuerdo que esa ma&ntilde;ana nos levantamos con la certeza de que Per&uacute; ganar&iacute;a. El hecho de estar temporalmente afincados en la capital argentina nos hizo creer en la improbable concreci&oacute;n de un triunfo deportivamente heroico, circunstancialmente po&eacute;tico. De hecho, nueve d&iacute;as atr&aacute;s, apenas aterrizamos en Ezeiza, &Aacute;lvaro, el m&aacute;s futbolero del grupo, hizo una profec&iacute;a a manera de pregunta: &ldquo;&iquest;Se imaginan que nos toque jugar con Argentina y que le ganemos mientras estamos aqu&iacute;? Ser&iacute;a genial&rdquo;. El descaro de su optimismo propici&oacute; entonces nuestras burlas compasivas. Su intuici&oacute;n, no obstante, era correcta.</p>
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	&nbsp;</p>
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	A lo largo del camino rumbo al bar hicimos gala de un testarudo ego triunfalista. Al recepcionista del hostal donde nos alojamos, a un vendedor de diarios, a un polic&iacute;a, en fin, a todo transe&uacute;nte que nos retaba le record&aacute;bamos esa consentida falacia que asegura que ante Argentina el Per&uacute; &ldquo;siempre se crece&rdquo;.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Una vez en el local, pese a que estaba repleto de argentinos, seguimos d&aacute;ndole cuerda a nuestras &iacute;nfulas de enemigos hist&oacute;ricamente peligrosos. No contentos con eso, nos sentamos en primera fila, a escasos metros de la incandescente pantalla gigante, dispuestos a hacer toda la bulla que fuese necesaria para contrarrestar el generoso y parejo abucheo de los parroquianos.</p>
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	El primer tiempo acab&oacute; 0-0. Entusiasmados con el resultado parcial, aplaudimos cada comentario favorable de Macaya M&aacute;rquez en Canal 13 y, acicateados con decenas de botellitas de Quilmes, comenzamos a gritar de pie sobre las sillas: &quot;&iexcl;Per&uacute;, Per&uacute;!&quot;. Fue una innecesaria exhibici&oacute;n de patriotismo. El g&eacute;lido silencio de los argentinos nos hizo pensar por un instante que, al menos en lo moral, el partido lo ten&iacute;amos ganado.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Grand&iacute;sima fue nuestra ingenuidad, abominable nuestra ceguera. Por el solo hecho de estar de vacaciones en Buenos Aires hab&iacute;amos inflado al m&aacute;ximo una esperanza que, obvio, estaba a punto de pincharse. El primero en pincharla fue el superdotado de Riquelme, que anot&oacute; en dos ocasiones. Luego Messi, luego Mascherano. Fue un 4-0 terrible. Cada gol de Argentina, con la correspondiente celebraci&oacute;n del auditorio, nos fue desfigurando la cara, primero de bronca, despu&eacute;s de verg&uuml;enza.</p>
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	&nbsp;</p>
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	Perder es horrible. Pero es peor sacar pecho de talento que no tienes y luego balbucear p&aacute;lidas explicaciones al aire. Apenas pit&oacute; el &aacute;rbitro escapamos del bar en dos grupos de tres, como si fu&eacute;semos carteristas, y montamos el primer taxi rumbo al hotel. El chofer, tal vez confundido por nuestra rigidez y apat&iacute;a, pregunt&oacute; de qu&eacute; pa&iacute;s &eacute;ramos. Ninguno se anim&oacute; a responder.</p>
]]></description>
	</item>
</channel>
</rss>
